Tag Archives: Venezuela

¿Peligros en la ruta? Podcast no.2


¡Buen día gente bonita!
Les dejamos el segundo podcast que preparamos. Trata sobre los peligros del viaje.
Creemos que todo es parte del equilibrio y cuando algo se va, es porque algo mejor viene.
Esperamos sus comentarios ;)

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

El cumpleaños de Carla

Ciudad Universitaria UNAM
Ciudad Universitaria UNAM

Hace unos días supimos que los amigos de La Renolenta ya habían llegado a México, así que cuando estuvieron más cerca salimos a compartir más historias de un viaje de aventura.
La última, y única vez que nos vimos fue un breve encuentro en la carretera de La Gran Sabana, Venezuela. Para esta ocasión, en el DF, nos encontramos en uno de nuestros lugares favoritos: Ciudad Universitaria. Una de las más bellas y grandes de América Latina según nuestro criterio. Además, aprovechamos para levar a Gurú a pasear por las islas. Obvio él fue el que hizo más amigos.

Después de un rato nos fuimos por unas chelas bien frías a la zona de bares, o sea, Copilco. Ahí nos enteramos que su cumpleaños era al día siguiente, así que ¡Cómo no celebrarlo! En ese momento empezamos a planearlo y para festejar que ya están en México que mejor que ir a las trajineras de Xochimilco, un paseo obligado.
Juntamos unos cuantos amigos y al día siguiente ya estábamos en las trajineras. El problema de que haya sido en fin de semana fue que no pudimos obtener mejor precio y había buena cantidad de gente, pero eso fue lo de menos, la pasamos tan bien que incluso rentamos una hora más de paseo por los canales de Xochimilco.
Esperamos la hayan pasado chingón, ¡muy chingón!

¿De dónde salió el charro?
¡Las micheladas!

 

¡Artesanías!
Carla disfrutando de los esquites

 

sonrisa

 

La señora de los elotes

Pa que no digan que la Ciudad de México es puro concreto.

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

Un ángel en el camino

De camino hacia San Juan de los Morros nos dimos cuenta que el sonido que traía la camioneta había empeorado y mientras caía la noche nos preocupamos más. Decidimos detenernos cerca de una estación de peaje, pues los frenos estaban fallando.

Al día siguiente nos dimos cuenta que ya no teníamos frenos y eramos muy afortunados de haber parado a tiempo. Pedimos algunas herramientas prestadas, pero los mecanicos no quería prestarla, seguramente temía si regresaría. Un hombre se encontraba cerca y escucho. De no haber sido por el todo hubiera sido complicado, pero el nos ofreció su ayuda. Nos prestó herramienta, nos ayudo a que los mecanicos de la zona nos prestaran lo que hacía falta, nos ayudo a conseguir los frenos a un buen precio y bueno, sólo faltaba que los cambiara, pero eso entre Xavi y Pedro pudieron solucionarlo.

Aún creemos que hay gente que se aparece como caída del cielo. El fue una de esas personas.

Muchas gracias.

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

La Gran Sabana

Mucho habíamos escuchado de la Gran Sabana mientras recorríamos Venezuela, de hecho por eso sabíamos de antemano que le daríamos la vuelta completa al país: empezaríamos por la costa occidental y terminaríamos en la frontera con Brasil; queríamos ir a Brasil, pero tramitar la visa era todo un papeleo. Desde llevar fotos y llenar una encuesta en portugués  hasta esperar una semana a que el Cónsul autorizara nuestra visa. A eso, le sumamos que la semana en la que fuimos y esperábamos que en la frontera fuera más sencillo era día feriado y bueno, cuando las cosas no se da, tan tan, no se dan.

Para llegar a la Gran Sabana hay que salir de Ciudad Guayana hacia el sur, recorrer toda la región de los llanos hasta la poblacióm Km. 88, donde empieza la subida de más o menos 100 kilómetros hasta la sabana. Dejando los llanos atrás, esa inmensa estepa verde bañada por los afluentes del río Orinoco, apenas empezamos la subida, la vegetación cambió drásticamente: árboles enormes, espesura, mil verdes, lianas y agua, mucha agua. En un abrir y cerrar de ojos estábamos cruzando una montaña-selva increíble.

Y así como la selva apareció se devaneció: apenas unas curvas y todo se transforma de nuevo, dejando la empinada subida atrás junto con la espesura y los mil verdes. En un instante avistamos la Gran Sabana, esa inmensa meseta con una que otra colina, y bellísimos ríos rojizos. Empezamos a transitar las rectas y nos quedamos boquiabiertos ante el paísaje: allá, a unos cuantos kilómetros -tal vez 20 o 30- en medio de ese hermoso paraje se erguen los tepuyes, la tierra más vieja de la Tierra; no es mentira, la tierra tiene 4,500 millones de años, y la tierra de los tepuyes está fechada hace 3,000 millones de años, ¡es la más antigua de la que se tenga registro! Además de saber eso, que estamos ante la mismísima Abuela-Pacha, su vista, su paisaje, se impone a los sentidos: es un inmenso cuerpo de roca que sale de manera vertical del terreno, plano en su superficie y alberga agua, y diversa flora y fauna; de hecho, allá arriba se han encontrado especies endémicas de un tepui en específico, para la biología, son algo así como unas Galápagos en el continente. Los tepuis son como una inmensa pared rocosa coronada por una jungla en el tope; algunos de ellos tienen cascadas que nacen en su antiquisimo seno y son vertidas de sus paredes para bañar la meseta, que a su paso por los peñazcos, y después de haber pulido el jaspe, ha dado un color rojizo, auténticas venas de la Gran Sabana.

Llegamos a la Gran Sabana Lu, Javier, Elena, Gurú y yo después de haber salido de Puerto Ordáz. Pasamos la noche unos kilómetros más adelante del poblado Km. 88, justo frente a la cascada El Danto, ya enmedio de la selva (¡en una región donde la malaria es endémica!), afortunadamente los mosquiteros hicieron su trabajo. Salimos huyendo de Km. 88, un poblado genuinamente carretero, chaca como diríamos en México, feo, feo. Ni para que quedarnos ahí, después de la experiencia del robo no pensábamos volver a exponernos: era preferible una noche en el despoblado que quedarnos ahí.

Al día siguiente continuamos el asenso hasta que llegamos a la Gran Sabana, nos maravillamos tanto que decidimos seguir hacia Santa Elena del Uarién para ir viendo que lugares valían la pena y visitarlos tranquilamente de regreso, sabiendo ya de antemano cuáles valían la pena y cuales no tanto. Llegamos a Santa Elena y visitamos la línea fronteriza con Brasil; no pudimos cruzar, pero de momento ya tuvimos nuestro primer “roce” con los brasileiros. Santa Elena es un pueblo fronterizo. No tan feo como Km. 88, pero sin ninguna particularidad, al menos ninguna que se nos antojara después de recorrer 180 kilómetros de la Gran Sabana; sólo queríamos regresar y comenzar a acampar y disfrutar.

Pasamos esa noche a la orilla de un río en una pequeña desviación del camino; tan pequeño que ni letrero no nada tenía; pero muy lindo, un rio pequeño pero caudaloso que formaba lindos ojos de agua y una pequeña y hermosa cascada 15 metros más abajo. Al día siguiente concimos la Quebrada del Jaspe y los famosos ríos rojos de la Sabana. El jaspe se pule tanto por la fricción del agua, que puede servir de tobogán  =)

Continuamos, siempre hacia el norte, conociendo diversos ríos, quebradas y cascadas, acampando siempre al lado del agua, esa bella, limpia y pura agua que nace en aquellas tierras. Eso sí, los puis puis, como llaman a esos mosquitos chiquitos nos molestaron todo el tiempo, pero ante tanta belleza, eran lo de menos, Pretendimos subir a un tepui, el Roraima, y el único que tiene acceso para turistas, pero nos resultaba costoso: 300 bolívares (40 USD) diarios por guía para un grupo de 8 a 10 personas, y el tour dura 5 días. La verdad el precio que conseguimos era bastante accesible, pero no contábamos con que para la excursión había que llevar sólo latas de atún, pues no se pueden hacer fogatas en ninguno de los campamentos. Además de enterarnos que debíamos llevar a un “cargador” para nuestros desechos sólidos. Supimos que si hubieramos sido solo una o dos personas pudimos habernos incirporado a algun grupo que fuese a salir sin ningún costo, pero éramos cuatro y más de dos, en estos casos, ya son muchos. Nos quedamos con las ganas de subirlo -¡ya será para la próxima!- pero disfrutamos de una grandiosa vista desde Paratepui Roraima, el poblado más cercano al tepui y desde donde salen las excursiones que lo suben.

Continuamos hasta que se nos terminaba el tiempo (y la visa) y debíamos retomar el camino al norte: todavía había que cruzar todo el país de sur a norte y de este a oeste; todavía faltaba comer asfalto. Pero la Gran Sabana es difícil de describir: un “TODO ella vale la pena” aún se queda corto. Hay que vivirla, hay que soñarla.

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

El Oriente de Venezuela

Dejámos la Península de Paria atrás y tomamos rumbo hacia el sur, hacia la Gran Sabana. Pero para llegar allá había que cruzar el país completamente de Norte a Sur, cruzando los famosos Llanos. Pero antes de entrar en ellos, pasamos a conocer la Caverna del Guácharo, cerca de San Antonio y Caripe. Llegamos al poblado de noche, y el señor guardaparques nos permitió estacionarnos fuera de su oficina. El lugar es hermoso y tranquilo, tranquilo, cómo pocos lugares de los que estuvimos en Venezuela; ahí daba la sensación de que nada pasaba.
La Caverna es un espectáculo, llena de nidos de guácharo, un ave semi ciega equipada con sonar (como los murciélagos) y que sale a cazar por la noche a cientos de kilómetors de distancia. La desgracia es que nuestro guía era un poco idiota, ya que mientras nos explicaba la ceguera de las aves y lo sensible que son a la luz, nos “hacia el favor” de alumbrar directamente a los pájaros, para que apreciaramos, a través de la molestia que les provocaba el haz luminoso, de su fotosensibilidad. Tremendo animal. La cueva tiene más de 10 kilómetros de largo, aunque sólo se recorren dos. Vale la pena conocer este lugar y sus hermosos alrededores.
Saliendo de ahí tomamos camino hacia el sur. Pasmos por Maturín, aunque no nos detuvimos. Decidimos conocer Tucupita, capital de un departamento relativamente nuevo que engloba todo el delta del Orinoco. La verdad nos entusiasmaba la idea de concer el delta de este río, lleno de flora y fauna extravagante. Pero desafortunadamente esos tours son execivamente caros, digamos tipo turismo gringo. La ciudad en si es fea, y tuvimos que refugiarnos con nuestroa amigos los bomberos. Comos siempre, los mejores servidores públicos.
Al día siguiente retomamos camino hacia Ciudad Guayana (también conocido como Puerto Ordáz), ahí nos encontraríamos con nuestros amigos Lucy y Javier con quieneés ibamos a recorrer la Gran Sabana. Llegamos a casa de un chico que les estaba dando hospedaje, y muy amablemente nos dejó parquear en su garage. Esta ciudad es grande, nueva y con dinero. Esta enclavada en el río Orinoco, y es la entrada/salida de toda la marcancía que viaja por esta importante red fluvial. Después de dos días de descanso, nos subimos los cinco a la camper e iniciamos el recorrido hacia la Gran Sabana.

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

Vuelta al Caribe

Nuestro viaje empezó el 14 de julio, dimos un pequeño recorrido por el sur de México. Primero por el estado de Chiapas y subimos hasta Yucatan. De ahí, nuestra primer playa oficialmente fue en Cancún. En la zona nos quedamos más de un mes, desde Cancún, Playa del Carmen y la Reserva de Si’an Kaan. Bajamos por Belice, Guatemala y seguimos toda la ruta de la panamericana. Vivimos en Puerto Viejo, una playa en el Caribe de Costa Rica y nuestro primer encuentro con Colombia fue en su costa atlántica y en Venezuela seguimos el mismo recorrido. Así que nos dimos cuenta que en la parte continental ya le habíamos dado la vuelta al Caribe. Desde México hasta Venezuela.

Conocimos una playa muy cercana al poblado de Playa Caribe, pero no pudimos pasar ahí la noche, pues nos comentaron que no era conveniente. La playa era casi sólo nuestra y unos pescadores nos regalaron un par de pescados que fueron el menú del día. Al día siguiente fuimos “hasta” Playa Medina. No sabíamos si ir, pues la gente nos decía que quedaba “hasta” allá, como si se tratara de algo muy lejos, pero en menos de una hora ya estabamos allá. Playa lindisima, pero el agua estaba bien fría.

En dado momento dudamos en ir, pero fue cerrar un ciclo. No sabemos cuando volveremos a ver el Caribe, ni desde que perspectiva, tal vez sea en Venezuela, Colombia o incluso hasta nuestra vuelta a México.

Decidimos despedirnos del hermoso Caribe que nos acompañó casi un año de recorrido bañándonos con sus aguas calientes en diferentes lugares de nuestro hermoso continente. Para Elena el lugar más lindo del Caribe en Sian Ka’an, playas muy vírgenes que invitan a nadar desnudo, para Pedro el color del azul de Cayo Sombrero será difícil de superar.

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

La costa oriental venezolana

Después de Caracas decidimos continuar por la linea costera hacia el Este. Habiendo bajado desde Cancún, México, nos resulto demasiado tentador llegar hasta la Península de Paria y completar así la vuelta al Caribe.
Nuestra primer parada fue Barcelona, una ciudad muy fea y peligrosa. Afortunadamente contamos con la ayuda de la policía, que nos permitió pernoctar justo enfrente de un módulo de vigilancia. Como ahí no hay absolutamente nada que ver, al día siguiente nos encaminamos hacia Cumaná, pasando a desayunar primero a Mochima. Íbamos con la idea de quedarnos ahí, ya que unos amigos nos habían recomendado el lugar; pero llegamos entre semana, y los lugares que valen la pena visitar son las islas, por lo que se debe abordar lancha, y como no había muchos visitantes la venta era imposible, así como nuestras aspiraciones de quedarnos ahí.
Llegamos a Cumaná, un puerto importante durante la Independencia de Venezuela al servicio de las tropas bolivarianas. La ciudad no conserva mucho encanto (si es que alguna vez lo tuvo) y decidimos continuar hasta la parte occidental de la Península. En Caracas ya habíamos contemplado la opción de visitar Isla Margarita, pero la temporada era alta y el costo del ferry muy costoso, por lo que lo más cerca que podríamos estar de ella serían las playas cercanas a —. Ahí pasamos la noche, y al día siguiente seguimos costeando hasta Río Caribe, claro está que no sin antes ser detenidos por una alcábala o retén militar. “Joven, ustedes hacen artesanías? Me regala una?” -“No puedo regalarlo, porque de esto vivo, pero puedo darle un buen precio” -“Ahorita cuadramos para que me la regale… Porque no tiene la placa en su lugar?” .”Me la intentaron robar, y por esto está en el tablero y no en la defensa” -“Pues eso es multa! Me va a tener que acompañar al cuartel…” Y se imaginarán el resto. Al final, nosotros no cedimos, y cuando llegó el capitán y entendió la situación nos dejó ir. El caso es que los elementos de seguridad de Venezuela (policía, ejército, armada) brillan por ser de los más asquerosos de Latinoamérica. Que contraste entre las bellezas de lugares y de personas, y la inmundicia de sus “guardianes”.
Regresando a Río Frío, a nuestra llegada cumplimos ¡20,000 kms. recorridos! y pasamos ahí la noche. Éste es un pueblito más bonito y acogedor. Nuestra intención era pasar la noche en una de sus playas cercanas, sin el bullicio de la gente, pero resulta que el lugar que habíamos escogido era la playa de desembarco del trasiego de narcóticos, por lo que la zona era muy caliente. Así, no tuvimos más que devolvernos a pasar la noche fuera de un hotel. Al día siguiente decidimos ir lo más al Este de la Península que pudiéramos, y llegamos a Playa Medina por recomendación de un lugareño. Esta playa es hermosa, y como llegamos entre semana, no había nadie de gente; se nota que es muy visitada en temporada, ya que tiene bastantes restaurantes y palapas en la playa. No pudimos continuar más al Este, ya que las carreteras empeoraban a cada tramo; por lo que hasta aquí llegábamos, a sólo unos cuántos kilómetros del Delta del Orinoco y del fin (al menos continental) del Caribe.

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

Caracas, capital en la extensión de la palabra

Al salir de Choroni, sabíamos que debíamos llegar a Caracas esa misma semana, pues la persona que nos daría alojamiento en su estacionamiento salía de viaje la semana siguiente por dos semanas. Por la autopista que llegas a Caracas te puedes dar una idea de lo grande que es. Al llegar el caos estaba presente. Sin respetar semáforos, peatones, automovilistas, motorizados y camioneros, todos en un gran lío.

Entendimos mal el punto de encuentro y el no tener celular siempre hace difícil la comunicación. En Colombia y Venezuela es muy fácil hacer llamadas, en casi cada esquina hay personas que te alquilan un celular de la misma compañía para hacer la llamada. Depende de la ciudad y el día el costo. Por ejemplo en Cartagena suben el precio los fines de semana.

En fin, estuvimos un buen rato esperando en el lugar equivocado y al final, la persona ya no podía recibirnos. Ahora, estacionen cerca del centro, después del atardecer, aún ziscados por el robo. Recordamos que conocimos a Marisol y Erney en Maracaibo. Ambos son súper buena onda, así que les llamamos para que nos auxiliaran. Al poco rato ya estaban ahí. Nos dieron un pequeño recorrido por la ciudad y sus edificios imponentes. Subimos hasta el piso más alto del edificio. Caminos entre los edificios, pues tienen un pasillo que los une  por arriba. Disfrutamos de la ciudad desde las alturas.

 

 

Marisol nos ofreció su casa para pasar esos días y Erney para enseñarnos la ciudad. Al día siguiente visitamos el Museo de Arte Moderno. Algo que nos encanta del gobierno de Chávez es que todos los museos son gratuitos. el museo es bastante grande, así que en un día no terminamos de verlo. Sabíamos que regresaríamos. Nos subimos al metro cable, el cual es el telefércio de la Ciudad, pero es usado como transporte público, no de turismo. Nosotros nos subimos, estábamos muy emocionados. Era la primera vez que utilizamos ese transporte. Nos contaron que apenas lo habían empezado a cobrar, antes era gratuito. El costo es de un bolívar, que es algo así como 0,08 centavos de dólar. Ahora disfrutábamos la ciudad desde otros ángulos en las alturas. Es un medio eficaz para todas las personas que alrededor de las grandes ciudades empieza a construir en las laderas de los cerros cercanos.

Tenía mucho tiempo que no estábamos en una ciudad. Sin menospreciar a las demás, para nosotros Caracas fue la siguiente ciudad que conocimos después de la Ciudad de México. Tienen el sistema de transporte metro, el cual es bastante lindo, más amplio que el del DF, igual de caótico a horas pico.

Es una lástima que haya inseguridad en Venezuela y que no les interese hacer nada al respecto. El centro es bastante lindo e ideal para tomar fotos, pero el temor a que alguien te robe es inminente. Uno de los grandes problemas es que la policía no hace nada.

Nosotros la pasamos muy entretenidos y eso que no fuimos a la cantidad inmensa de eventos culturales que tienen.

 

 

En Caracas entendimos un poco más a los venezolanos. Se nota que en los setentas, ochentas hubo un auge impresionante. Los edificios son impresionantes y no se ven recientes. El venezolano estaba acostumbrado a la abundancia y a gobiernos de ultra derecha. Pasamos por la casa presidencial y de eso no hay foto, pues ni siquiera nos dejaron detenernos a observar.

Un día intentamos llegar a un Centro Comercial del otro lado de la Ciudad. Nadie supo decirnos como llegar. Después de estar dando vueltas como trompo en la estación de metro y de seguir indicaciones, nos cansamos. Habían pasado casi dos horas y aún no tomábamos el camión para llegar. Al día siguiente era día festivo, así que la ciudad estaba vuelta loca. Regresamos a casa y hasta ahí nos enteramos que al día siguiente celebraban la Independencia de Venezuela. Se nos hizo raro que nadie estuviera con los colores de la bandera. Estaban más ocupados en planear el viaje de fin de semana que ni siquiera en el festejo. No había lugares adornados, la verdad se nos hizo raro. Hemos pasado el 16 de septiembre en diferentes lugares y en todos y hasta los pequeños pueblitos hay fiesta, feria y muchos adornos. Las papelerías se inundan y en las escuelas es el tema del periódico mural.

Teníamos pensado movernos hacia Oriente, pero al parecer eran bastantes horas en carretera. Nos urgía vender, ya casi estábamos sin plata. Así que nos dirigimos a La Güaira.

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

Valencia y la isla desconocida

Al llegar a Valencia nos dimos cuenta de su importancia como ciudad; aunque es pequeña, es uno de los centros del país, su infraestructura es muy notable. Desde que llegamos vimos un gran parque tipo Central Park a nuestra izquierda y quedamos asombrados. Freddy paso por nosotros, nos llevó a su casa y nos instalamos de inmediato.

Freddy es artista visual y emana mucha energía. Aunque al final no conocimos mucho de la ciudad, por fin nos pusimos al corriente con el blog. Subimos fotos a facebook y a flirck. Es impresionante como no hemos encontrado internet del bueno y menos wi fi. No es que no exista, pero aquí la mayoría usa cable de red, lo cual limita las computadoras. A pesar de que los mismos valencianos afirman que no hay nada que hacer en la ciudad, al menos los cuatro días que estuvimos, siempre encontramos la manera de entretenernos, ya fuera con una feria de diseño y arte o con una obra de teatro con diálogos tanto en español y portugues, sí, presenciamos “La isla desconosida” de Saramago con algunos diálogos en portugues. ¡Wow!

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS