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Sin prisa, pero sin pausa…

Hace unos días desperté con ese coro en la mente y cual mantra profético, así han sucedido los días de fin y principio de año.
Diciembre es un mes en mucha actividad social, quizá no tanto como en México, pero con el verano, las actividades al aire libre imperan. Todo esto conjugado, más la visita exprés a Uruguay, el famoso paquete que no llegaba y la imprevista descompostura de la cámara nos mantuvo ocupados. Algunas veces nos desesperabamos y ya queríamos cambiar de aires, otras nos acostumbrábamos a la rutina.

Buenos Aires, quedará como la ciudad del reencuentro. Pudimos volver a abrazar y pasar buenos momentos con amigo conocidos en otras latitudes, amigos que nos presentaron nuevos amigos, mas los que conocimos por cuenta propia, así que los asados las comidas familiares, paseos y piletas estuvieron siempre presentes de principio a fin.
Además, gracias a una conjunción de motivos, comenzamos a trabajar en un proyecto web súper bonito que nos mantiene, junto con las artesanías, creativamente trabajando. No hubo tiempo perdido.
Cuando por fin dejamos Buenos Aires para poder trabajar y vivir el verdadero verano, llegamos a Gualeguaychu. Nuestra visita anterior había sido de apenas unas horas y aunque teníamos la intención de sacar los papeles de Gurú y continuar la travesía; la tranquilidad de los días, el río y sus playas, nos dieron motivos para darnos unas vacaciones. La señal del celular era de contentillo, a veces había, a veces no. Internet de buena calidad era necesario ir a buscar al pueblo y sobretodo, ya extrañabamos la vida al aire libre.

Hacer turismo en Argentina es bastante caro, sobretodo en verano, y no tiene que ver con la inflación. Nosotros muchas veces sentimos que es un abuso para el turista, ya sea nacional o extranjero. Pretender vivir el resto del año con e trabajo de tres meses es muy ambicioso y lo peor es que es una falacia, pues de todos modos los meses restantes hay que trabajarlos.
Así, que sin importar los corsos, tomamos carretera y cruzamos a Uruguay, esta vez, todos juntos. Nuestra primer parada fue Mercedes, donde nos recibió un encuentro internacional de jazz. Hemos reiniciado el camino que esta vez va más hacia el este, que hacia el norte. Estamos muy felices de estrenar país ü
Mientras reparamos la cámara, las fotos serán del celular.

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Viaje exprés a Uruguay

Así es la historia:
Habíamos planeado pasar Navidad en Buenos Aires con la familia de una amiga y pasar fin de año en Uruguay, pero bueno, los planes no siempre salen como queremos…
Seguimos en Buenos Aires esperando una encomienda desde México que lleva tres semanas en Argentina, pero aún no liberan en aduanas y hasta que no la tengamos con nosotros no podemos irnos. Todo esto no hubiera importado, solo nos hubiera retrasado un poco, pero quedarnos un poco más no nos molesta; sino se hubiera juntado con la caducidad de nuestra visa de turismo en Argentina( ¡Qué rápido pasan tres meses!).
Al darnos cuenta de todo el panorama y las opciones que teníamos, decidimos optar por almas “sencillo”: Pedir extensión de visa en la oficina de migraciones. Llegamos el 26 por la mañana y estaba cerrado, así que al día siguiente llegamos aun mas temprano para realizar el trámite. Nos atendió una chica y cuando le pedimos la extensión solo escuchábamos pretextos de su parte y su único consejo fue: ‘Vayan a Uruguay, tomen el ferry, pueden ir y venir el mismo día’ 0.o
Para empezar por las fechas, tomar ese ferry, que en algún momento fue una opción, costaba el doble de lo que cuesta la extensión. Además teníamos solo dos días para hacerlo y no sabíamos si encontraríamos pasaje con tan pocos días de anticipación. Cruzamos de la oficina de migraciones a la terminal de ómnibus y compramos las boletas para Gualeguaychu, ciudad fronteriza con Uruguay. Al día siguiente saldríamos por la mañana y volveríamos el domingo.
Nuevas experiencias para finalizar el año.

Llegamos a Gualeguaychu y sabíamos que solo 40 km nos separaban de la frontera, así que buscamos un transporte que nos llevara, pero ya había salido y no habría otro hasta el lunes, así que tomamos nuestras cosas y empezamos a pedir aventon. Las dos primeras personas que nos acercaron nos dejaron frente a la gasolineria, esperábamos tiene suerte, ya solo nos faltaban 20 km para el puente que une a ambas naciones.
Pasaban muchos autos, camionetas, pero no teníamos suerte, estábamos cerca, pero no se si por miedo o desinterés nadie nos levantaba. Estuvimos casi tres horas esperando,intentando diferentes técnicas para que se detuvieran pero nada. Nos empezábamos a sentir frustrados. Nuestra primera vez haciendo dedo en sudamerica y no pasaba nada. Decidimos empezar a caminar y después veríamos que pasaba. Caminamos tres o cuatro kilómetros cuando un autito se detuvo. Una pareja que tenían la parrilla “La Frontera” nos ofrecía llevarnos hasta antes de cruzar el puente. Un Gol para nosotros. Escombraron un poco la parte de atrás donde llevaban todo lo propio de una parrilla en cantidades comerciales. Muy bien, ahora solo nos faltaban seis kilómetros y estábamos dispuestos a caminar los con tal de llegar el sábado a Uruguay.
Poco nos duro el gusto cuando nos dijeron que estaba prohibido cruzar el puente caminando o en bici. Necesitábamos un auto que nos quisiera cruzar. Si antes había sido difícil, a tan pocos kilómetros de la frontera, mucho menos nos querían llevar.
Habíamos decidido pagarle a nuestro salvador los peajes que hay en el puente con tal de llegar a Uruguay, pero él se negó, diciendo que eran muy caros… De nuevo estábamos varados esperando que alguien se apiadara de nosotros por las tontas leyes que no contemplan a los peatones.
Un trabajador de senasa se detuvo y nos llevo a la frontera. Hicimos los papeles fácilmente y ya estábamos en Uruguay!
Nuestro ultimo salvador nos había conseguido ave ton hasta Fray Vento, así que durante un rato, ya con la tranquilidad de estar en otro país, estuvimos esperando, pero no pasaba nada. Mas nos tardamos en decidir pedir aventon, que en lo que nos lo dieron. A la primera persona que s lo pedimos nos llevo hasta la plaza central de Fray Ventos.
Ahí, casi medianoche, entre mucho movimiento para ser un pueblo pequeño buscamos un lugar para acampar. Preguntamos en un club deportivo y nos dijeron su justo pasando un pequeño puente, había una zona de árboles donde no seriamos molestados y podríamos dormir tranquilos.
Pasamos una noche calurosa, pero rendidos por la nueva aventura. Después de lo que habíamos vivido, al día siguiente queríamos hacer todo muy temprano por las posibles eventualidades que se podían presentar.
Despertamos y comenzamos la caminata, con la intención de conseguir ‘tiraje’ como dicen en Uruguay. Por ser domingo había pocos autos. Caminamos cinco kilómetros cuando una camioneta nos subió para ahorrarnos una pendiente. Caminamos un poco mas y otra camioneta se detuvo para llevarnos hasta la frontera.
Hicimos de nuevo todo el papeleo y esperamos justo en el peaje por un ave ton hasta Gualeguaychu, pero pronto el miliar nos pidió cambiar de lugar, pues le habían avisado que estaba prohibido.
Retrocedimos sobre nuestros pasos un par de metros y le preguntamos a una pareja si nos llevaban. Dijeron que sí y mas rápido de lo que creíamos estábamos esperando tomar el autobús para llegar de nuevo a capital.
Aun no podemos decir que conocemos Uruguay, pero llevamos una primera buena impresión, una primera vez haciendo dedo en sudamerica y un año nuevo por comenzar.
Solo estamos esperando la encomienda para podernos despedir de Buenos Aires y continuar el verano en la costa uruguaya.

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