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Reflexiones del Fin del Mundo

Al fin hemos llegado al fin del mundo. Ha sido un viaje largo, mucho más largo del que nos hubiéramos imaginado, lleno de sorpresas inesperadas. Con caminos difíciles, situaciones extenuantes, pero también lleno de las más lindas personas y experiencias. Nunca hubiéramos pensado que íbamos a conocer tanto. Creo que eso ha sido la parte más bella sin duda. Estuvimos necesitados de ayuda y nos ayudaron, cuando creímos que no seguiríamos más siempre hubo alguien para darnos apoyo y aliento. Al final, siempre hay una persona dispuesta a brindarte su mano, su casa y su ayuda. Y creo que todo tiene que ver con el sueño que decidimos realizar y con el cual tantos y tantos congenian. Tampoco es que haya sido un sueño particularmente original; eso es lo que pasa con los sueños de la gente: tantos los tenemos, pero tan pocos tienen la valentía de salir a alcanzarlos. Nos creamos barreras para autodesacreditar nuestros sueños, como lo es pensar en las dificultades antes que en las satisfacciones. La gente primero piensa que algo es demasiado costoso, o demasiado largo o demasiado dificultoso, antes de pensar la realizacion personal que les dara lograrlo, antes de siquiera imaginarse lo cerca que estan.  Ni se imaginan que el camino está semabrado de gente buena dispuesta a ayudar, aunque sea un poco, para que logremos nuestras metas. Esa es la verdad: el camino tiene muchisísima más gente buena que mala, que en cada esquina bien nos puede acechar el peligro, pero que mas bien nos espera una situación bondadosa llena de buena onda… ¡Ah! Y de lugares increíbles tambien. A veces nos creamos la ilusión de que los libros o la televisión nos acercan a lugares reconditos. Y aunque nos presentan una cara, al final es mínima, incompleta e insignificante. La realidad es tan sublimemente bella que nos roba el aliento, algo que ningúna página o pantalla es capaz de hacer, o al menos no en los mismos térmimos. Al contemplar esos lugares magicos del planeta nuestra existencia misma se nos hace pequeña, infima. ¿Cómo describir el sentimiento de encontrarse por primera vez con un glaciar? Esos ríos y mares de hielo, testigos milenarios de la vida en la tierra, y para los cuales nuestra existencia como humanos es solo un suspiro. O contemplar los tepuis, esas montañas verticales de miles de metros de altura y que albergan en su seno las mas variadas formas de vida. O contemplar una playa virgen del caribe y ser testigo de la magnificencia de la vida; y estar ahi como uno más en vez de como un invasor o predador, que es en lo que nos hemos convertido. O contemplar el fin del mundo, ahi donde a no hay más allá, donde todo acaba para dar pie a las infinitas e inabarcables aguas que todo lo bañan y nutren… Al final, la posibilidad real de alcanzar nuestros sueños esta ahí, al alcance de nuestra mano, como dios y el hombre en la famosa pintura de Miguel Angelo en la capilla sixitna: sólo es necesario un pequeño estirón. Pero ese tramo, que en realidad es tan infimo, se nos antoja imposible, inalcanzable. Y eso es culpa de nosotros mismos, de nuestros miedos, pero principalmente de nuestros apegos. Tenemos la tonta idea de que la persecucion de nuestros sueños implica el abandono de todo lo demás, cuando en realidad todo adquiere cabal sentido una vez que nos hemos decidido a consegir nuestros anhelos, cuando ponemos al mundo y a la sociedad como un medio para nuestra propia felicidad. De que sive un gran empleo, un gran auto o una gran casa cuando nuestro interior esta vacio, cuando nos falta el porqué último de todas nuestras acciones… O peor aun, cuando nosotros mismos anulamos ese razón última y nos relgamos a ser parte de la maquinaria en que la humanidad se ha encadenado a si misma. No es secreto, pero tantos y tantos lo desconocemos: el mundo complotea para que seamos plenos; para que logremos nuestros sueños simplemente hay que atrevernos a soñar y atrevernos a hacer lo posible por lograrlo. Tampoco es que podamos hacer más: tantas y tantas cosas se nos escapan, de las que no tenemos control, que hay que sometrse a ellas, dejarse llevar, pero sin nunca subyugar nuestros sueños a nuestras circunstancias. Eso es todo lo que tenemos, es todo lo que en verdad poseemos: nuestra voluntad. Solo nos hace falta asumirla para poder tomar el control de nosotros mismos. Ahora sueño con el dia donde todos seamos plenos, donde las frustaciones queden apartadas de nosotros mismos y simplemente nos dediquemos a ser felizmenet nosotros mismos.

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Pensamiento beliceños

Al pensar en Belice lo que se me venía a la mente eran mis clases de secundaria donde me hicieron repetir, hasta memorizarlo, que México tenía como frontera sur Belice y Guatemala, y en la norte gringolandia. Y así paso en mi vida la existencia de los beliceños, como un algo que empieza al sur del rio Hondo y termina quién sabe dónde, eso sí, no muy lejos, porque es chiquito.

Belice, hoy en el s. XXI es una particularidad de la América al sur del rio Bravo: es un país con una prominente población de raza negra, donde lo criollo se sobrepone a lo mestizo, donde lo sajón es la regla y lo hispano resulta ajeno. Aunque en la zona denominada caribeña esto es lo común y la regla, resulta peculiar en la América continental, donde nombres como Belice, Surinam o las Guyanas resultan extraños y ajenos, a pesar de convivir en el mismo espacio que todos los demás.

Durante nuestra estancia hemos aprendido un poco de este hermoso y pequeño país: es un país muy joven que logró su independencia a finales del siglo pasado, apenas en 1981; nuestra estadía aquí coincidió felizmente con sus festejos y su 29 aniversario, que son el “grito” a la medianoche del 20 de Septiembre, y los desfiles y fiesta durante todo el 21.

¿Qué constituye al pueblo beliceño? Pues una mezcla de mucho, que a la vez no es lo mismo, y por lo tanto, resulta novedoso en nuestra América llamada Latina. De ahí su gran especificidad: es una colonia británica en todo el sentido que la palabra contextualiza en América, es decir, devastación de las culturas originarias, pocos colonos ingleses y muchos, desgraciadamente muchísimos, esclavos africanos. Así, en el siglo XVI se contaban apenas 200 ingleses y más de 3,000 esclavos. El territorio que ocupa hoy en día Belice fue reclamado, en algún momento, por la corona española, pero debido al enclave de piratas y corsarios ingleses en la zona, a la lejanía de sus centros de interés, y a la falta de mayores beneficios, la corona española no hizo muchos intentos por “recuperar” la región, si es que se puede reclamar algo que ralamente nunca fue propio; lo que desembocó en la primera fecha “nacional” de Belice: la batalla del Cayo de San Jorge en 1798. En esta fecha lo que se rememora es la derrota definitiva de los españoles en la región, a manos de los ingleses.

Pero el imaginario colectivo, ayudado infinitamente por los medios británicos, promovieron esa fecha donde “hombro con hombro” los negros y los blancos arrojaron a los “conquistadores” para obtener un territorio “libre”. Vale la pena, a nuestro juicio, ahondar un poco más en esto: esta batalla representa el primer referente en la historia de Belice: no lo representan los asentamientos mayas, de quienes comúnmente se dicen que ya habían abandonado la región antes de la llegada de los piratas (lo cual es falso), ni lo representa la misma llegada de los británicos, ni siquiera lo es la llegada de los primeros esclavos. Aquello que constituye su primer momento es cuando, conquistadores/conquistados “derrotan” una amenaza extranjera que pareciera común para ambos. Ultimadamente los españoles no eran ninguna amenaza para los negros, ellos seguirían viviendo como lo habían hecho bajo las órdenes inglesas, nada habría de empeorar, aunque justo sea dicho, tampoco hubiera mejorado. Lo que esta fecha representa es el intento inglés de repeler todo lo “hispano” de la conciencia de los negros ahora beliceños, fomentando la creencia de una tierra virgen que llegó a ser colonizada en “común” por ambas razas, como si fuesen amigas y hermanas desde que tuvieron el infortunio de conocerse.

La segunda fecha importante para los beliceños es, necesariamente, la declaración real de su independencia: a las doce de la noche del 20 de Septiembre de 1981. Aunque el Reino Unido había decretado la autonomía de la provincia desde los años 60, esta no se había materializado por dos motivos: primero, debido al reclamo guatemalteco del territorio como propio y por el temor inglés de que la región se “hispanizara” y dejara de pertenecer a su círculo de influencia, es decir, el Commonwealth.

Así, Belice se nos aparece como un país aún muy joven, con todo el camino por hacer aún, pero al mismo tiempo, con todas las posibilidades aún enfrente, a su disposición. Es un país perteneciente a América Central, pero que se asemeja más a las islas caribeñas en su modus vivendi. “Belice tiene su cuerpo en Centro América, pero su espíritu en el Caribe”. Esta nación, a fin de cuentas, representará el sincretismo último de toda América: lo hispano con lo sajón, lo indio con lo negro, lo mestizo con lo criollo. ¡Viva Belice!

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Reflexiones sobre el Bicentenario

¿Qué es ser mexicano, latinoamericano? Hoy nos insisten incansablemente sobre nuestra mexicanidad, bombo y platillo han contratado para conmemorarla y celebrarla, ¿pero qué es lo que celebramos? Celebramos, dicen, un grito dado en el pueblo de Dolores que inaugura un movimiento que no termina sino once años después con la consumación de la independencia de la Nueva España de su Metrópoli. ¿Existía México antes de 1810? No. ¿Existió después? Lo dudo.
‘México’ no es más que un nombre propio que designa un concepto que engloba particularidades específicas, que hacen de aquello que se nombra algo único. ¿Cuáles son esas especificidades de lo mexicano? Definitivamente es algo mucho más profundo que la delimitación geográfica entre los ríos Hondo, Usumacinta y Suchiate, con el Rio Bravo; dicho espacio geográfico no es más que una  invención muy nueva, de apenas el siglo pasado. México no es, definitivamente, su territorio.
¿Es México sus tradiciones? Entendida como una excelente gastronomía, coloridas fiestas y días de asueto es desvirtuarlo de su verdadero contenido. Más que sus tradiciones, ¿es México sus culturas? Aquí entramos en complicaciones, ya que México no es una nación de una única cultura, sino que es un conglomerado de muchas, muchísimas. En mi país se reconocen 64 lenguas, ¡64! ¿Dónde terminan las fronteras de cada una de las civilizaciones mayas con las olmecas, totonacas, purépechas, huicholes, etc., etc., etc.?  Tales fronteras se nos desvanecen en la historia y la geografía. México es pues un conglomerado de muchas culturas, civilizaciones, sometidas y reunidas durante 300 años por una metrópoli. Así, al igual que los pueblos latinoamericanos, la nación que surge en 1821, sí, 1821 y no 1810, no es una cultura originaria de América; tampoco es una cultura colombina, ya que entusiasmadamente celebra su independencia. ¿Qué es lo que queda da las naciones latinoamericanas después de 1821? Los estragos en el pueblo que no supo cómo quedó después de dejar un modus vivendi que no le pertenecía, pero al cual ya se había acostumbrado después de 300 años. Entonces, ¿qué celebramos los mexicanos?
Año con año, y con mayor entusiasmo en 2010, celebramos una idea, celebramos el imaginario de libertad e independencia. Históricamente, de manera concreta, celebramos el inicio del sacudimiento del yugo de la metrópoli, de aquella potencia que nos asumía como suyos y siervos, con la bandera de la corona sobre nuestras cabezas. Celebramos que España sale de América, por eso la llamamos América Latina y no América Española (como ellos lo desearían), así como un medio de distanciamiento de los sajones norteños. Pero, ¿qué quedó después de la partida española? Difícilmente podríamos afirmar que queda un continente libre y emancipado, como tanto se nos quiere hacer creer. Más bien quedó un continente devastado, junto con las civilizaciones y culturas que lo conformaban, y a la merced de nuestro aventajado vecino del norte que irónicamente fue el ejemplo mundial a seguir, pero que terminó siendo nuestra propia némesis: ni tres décadas se sucedieron de la emancipación latinoamericana cuando el ejército verde de los gringos marchó por las capitales de distintos países americanos, como tristemente lo sabemos en México, Panamá, Honduras, Nicaragua, etc.; con el único propósito de tomar el lugar de poder abandonado por una España vieja que nunca quiso reinventarse.  En 1821 no ganamos nuestra libertad, sólo cambiamos de dueño; y hasta la fecha. Entonces, ¿qué celebramos en 2010?
Celebramos, pues, la posibilidad de ser libres. Una posibilidad que históricamente hemos creído real, que incluso hemos palpado, pero que jamás, nunca, hemos concretizado. Y aunque esta posibilidad de ninguna manera representa una victoria, tampoco es una derrota; es más bien un recordatorio histórico de que si una vez fue posible, puede volver a serlo.
¿Qué significa para mí el 2010? Un recordatorio único de que el movimiento de independencia, iniciado por seis valientes y seguidos originalmente por sólo un puñado de hombres, es factible; una independencia que 200 años después no se concretiza, no es real, sin embrago permanece presente, posible. Este pequeño conglomerado de voluntades dieron origen al movimiento emancipatorio americano, movimiento que aún está lejos de consumarse, pero que se hace presente con todo su ardor en nuestros corazones. Así, recordando a nuestros próceres, sólo me falta decir: ¡MANOS A LA OBRA!

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