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Vuelta al Caribe

Nuestro viaje empezó el 14 de julio, dimos un pequeño recorrido por el sur de México. Primero por el estado de Chiapas y subimos hasta Yucatan. De ahí, nuestra primer playa oficialmente fue en Cancún. En la zona nos quedamos más de un mes, desde Cancún, Playa del Carmen y la Reserva de Si’an Kaan. Bajamos por Belice, Guatemala y seguimos toda la ruta de la panamericana. Vivimos en Puerto Viejo, una playa en el Caribe de Costa Rica y nuestro primer encuentro con Colombia fue en su costa atlántica y en Venezuela seguimos el mismo recorrido. Así que nos dimos cuenta que en la parte continental ya le habíamos dado la vuelta al Caribe. Desde México hasta Venezuela.

Conocimos una playa muy cercana al poblado de Playa Caribe, pero no pudimos pasar ahí la noche, pues nos comentaron que no era conveniente. La playa era casi sólo nuestra y unos pescadores nos regalaron un par de pescados que fueron el menú del día. Al día siguiente fuimos “hasta” Playa Medina. No sabíamos si ir, pues la gente nos decía que quedaba “hasta” allá, como si se tratara de algo muy lejos, pero en menos de una hora ya estabamos allá. Playa lindisima, pero el agua estaba bien fría.

En dado momento dudamos en ir, pero fue cerrar un ciclo. No sabemos cuando volveremos a ver el Caribe, ni desde que perspectiva, tal vez sea en Venezuela, Colombia o incluso hasta nuestra vuelta a México.

Decidimos despedirnos del hermoso Caribe que nos acompañó casi un año de recorrido bañándonos con sus aguas calientes en diferentes lugares de nuestro hermoso continente. Para Elena el lugar más lindo del Caribe en Sian Ka’an, playas muy vírgenes que invitan a nadar desnudo, para Pedro el color del azul de Cayo Sombrero será difícil de superar.

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Puerto Viejo: la camper y una nueva familia

Antes de llegar a Puerto Viejo, nuestra actual morada, visitamos Cahuita. Un parque nacional súper bonito. El pueblo es de cuatro calles, muy pequeño y un poco caro, pero el parque nacional Cahuita es muy bello, a través de un sendero llegas a la punta de la península. Como todo en Costa Rica, está lleno de animales. Primero los vimos desde los arboles asomarse y obvio, nosotros que sólo los conocíamos en el zoológico, maravillados; luego, cuando se nos acercaron y rodearon, nos pareció irreal y un momento digno de guardarse en la memoria. Así, con un bello día en Cahuita, retomamos el viaje hacia Puerto Viejo.

Aunque llegar y cruzar Centroamérica desde México por tierra es fácil, otro gallo canta para llegar al Cono Sur. Sólo el pasaje de la camper es de $1,000 USD; no existen ferrys, por lo que la única opción es embarcarla en contenedor de Colón, Panamá a Cartagena, Colombia. Y todavía hay que sumar el costo de nuestro propio trayecto entre esas dos ciudades.

Por ello decidimos que trabajar en Costa Rica era una buena opción debido a su alto (costoso) nivel de vida;  ya con destino decidido, llegamos al destino turístico de Puerto Viejo, a sólo 45km. de la frontera con Panamá y lleno de extranjeros. Llegamos al camping donde Bryan labora/vive, a este personaje lo conocimos en la Casa “Triple P”, el  camping Crocodile queda  justo enfrente del mar,  un lugar de encuentro, dónde sentirse extranjero es lo normal. Pero sin duda, hicimos química con el lugar, con la gente y de inmediato nos sentimos en armonía. Nos encantó el lugar.

Puerto Viejo es un pequeño pueblo hippie. Lleno del sabor caribeño y delicioso rice & beans, platillo hecho de arroz y frijoles, pero con leche de coco. Elena lo ama y no quiere dejarlo de comer.

Aunque no podíamos pagar la renta por estacionar el camping de inmediato, diario pasabamos a ver a la gente de ahí, por lo que en menos de una semana ya estabamos más que instalados. Inesperadamente, se formó una familia en este lugar: Bryan, a quien conocimos desde San José; Emmanuel, un artesano argentino, todo un guerrero que planea llegar hasta nuestro bello México , Marcelo, otro argentino, pero este, parrillero e Isaac, artesano argenitno que llegó a Costa Rica por tierra, se regresó a Argentina y volvío de nuevo por tierra hasta acá cuando se enteró que tendría un hijo (no pude evitar expresarle mi admiración).

¡Cuántos argentinos en un parrafo!  Y nos comentan que en Suramérica es peor; cómo ellos mismos nos dijeron: “Somos una plaga”. Hasta el momento, a mí me parecen una plaga agradable. Nos hemos hecho grandes amigos y ahora no los superamos. Son RE lindos.

En el campíng, hemos conocido de todo y por montones, pero siempre hay personas más entrañables, como Jenny, una tica que vivía en Valencia y venía de vacaciones, recordó lo hermoso que estar en la tierra de uno y se quedo a  laborar un tiempo y Alex, un increíble percusionista francés (hace música con una Caja de Música que improvisó de un botellón de agua de plástico, ¡increíble!).

También hemos conocido a mucha gente viajera que ha pasado por acá algunos días, quienes le dan sabor, sorpresa y picardía al día a día aquí. Mientras trabajamos y ahorramos dinero, hemos tenido la suerte de encontrarnos (todos) una familia, Navidad, de fijo, la pasamos juntos; obviamente, año nuevo también. Todos planeamos estar hasta finales de Enero por acá, lo que hace más agradable la estadía y más grande el cariño.

Para el cumpleaños de Elena, compramos Ron Cahuita (ron con un toque de Coco, delicioso, mejor que el Malibú y esas cochinadas). Fuimos a cenar y al regresar en el camping ya teníamos armada la fiesta. Una bella manera, frente al mar, de pedir deseos.

Para ver fotos de Cahuitafotos de Puerto Viejo dar clik o ve directamente a Facebook.

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