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Historias de inmigrantes

Finalmente llegamos a Matías Romero. Esta ciudad tiene una historia muy particular: antes de la existencia del Canal de Panamá, a principios del siglo XX se planeó en México la construcción un corredor mercantil que fuera de Asia a Europa sin tener que cruzar el Estrecho de Magallanes. La idea era ahorrarle a los barcos la vuelta hasta el Fin del Mundo para poder alcanzar Europa. Y para ello, se contruyeron dos puertos en el área llamada el Istmo, la cual es la región más angosta entre el Océano Pacífico y el Golfo de México. Dichos puertos son Salina Cruz en Oaxaca y Coatzacoalcos en Veracruz. Para completar la ruta de un océano a otro se contruyó un ferrocarril que uniera ambos puertos, y Matías Romero es el punto medio entre los dos. Así, esta ciudad nace junto con el ferrocarril, y desde ese momento, su destino va de la mano con el pasó del monstruo de acero. Si bien hoy tal ruta comercial no es muy utilizada, el ferrocarril que pasa por aquí esta inerconectado a la red ferroviaría de México y Centroamérica: es una red que inicia en El Salvador y llega hasta Laredo para internarse en Estados Unidos. Así, esta ruta representa el mayor movimiento de inmigrantes indocumentados de América Central hacia Estados Unidos, y por eso mismo, en Matías Romero se oyen muchas historias que impregan el aire de la ciudad de un toque de fatalidad. Muchos no logran llegar, ya que para subirse al ferrocarril es necesario hacerlo cuando ya está en movimiento para evitar a los agentes de la migra, lo cual, en algunas ocaciones, termina en un accidente como una caída o hasta la pérdida de miembros del cuerpo y hasta la vida. Uno no se imagina por lo que pasan estos miles de personas por el afan de perseguir un sueño: abandonar la pobreza; y están dispuestos a entregarle a esa meta su vida misma. Cuánta valentía, cuanta bravura… Y en el país vecino, y desgraciadamente  también en el nuestro, son considerados la escoria del mundo, cuánta equivocación, cuánto desperdicio de portencial…

¡Un caluroso saludo a nuestros hermanos centroamericanos y una loa a su bravura!

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Bienvenidos a la Capital Mundial del Mezcal

 

Camino a nuestro siguiente destino, tomamos la carretera que va de la hermosa Ciudad de Oaxaca hacia Tehuantepec. Aproximadamente con una hora y media de camino, sobre la carretera vimos que había mucha venta de mezcal y nosotros, como buenos melancólicos, no podíamos dejar pasar la oportunidad de llevarnos un poquito de nuestra tierra a lugares nuevos.
Y con todo y que el día estaba lluvioso nos detuvimos en la siguiente destiladora del camino.
Junto a un sembradío de agave se encontraba la destiladora, atendida por toda una familia. A la venta tenían mezcal en diferentes presentaciones: mezcal joven o blanco, mezcal añejo y mezcal de sabores.
Somos muy preguntones, así que no nos quedamos con la duda de saber el proceso del mezcal, digo, ya estábamos ahí.
Cuando el agave tiene determinada edad (mínimo cinco años) es extraído de la tierra y se hornea. (a mí me recordó a los lugares donde hacen temazcales)
Después de hornearla con ayuda de algún animal de carga, es molido. No os preocupeis, en temporada de lluvia, ellos son los que se preocupan, pues no, no producen mezcal. (Por aquello de que está todo muy lodoso)
El siguiente paso es contenerla en unas grandes barricas de madera para que inicie el proceso de fermentación.
De ahí, lo pasan a la botella y es el conocido como mezcal joven o blanco por el color que tiene, ahora, para el añejo, necesita reposar al menos dos años en barricas como esta.
Cómo pueden ver es un proceso largo. Yo los invito a probar los mezcales de Oaxaca, no son para nada como esos que venden en el Oxxo, su sabor es algo delicado.
Y pues qué mejor si pasan por Santiago Matatlán, la Capital Mundial del mezcal.

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Ciudad de Oaxaca

La primer parada es la Ciudad de Oaxaca. Aunque nuestro primer destino es Chiapas, decidimos seguir la ruta por Oaxaca ya que en Matías Romero viven unos amigos que deseamos visitar. Oaxaca es una hermosísima ciudad colonial, llena de vida y de cultura: por doquier hay músicos, pintores, escultores, artesanos. Esta ciudad rebosa y exporta cultura a todo México y al mundo.

Su arquiterctura es hermosa, ya que en la región hay una piedra verdosa que es la que más se utilza en la arquitectura de la ciudad, lo que le da un toque único a sus edificios. Y no sólo su arquitectura es digna de mención: sus raíces paracen que aún nos hablan. Me refiero a Monte Albán, una de las ciudades prehispánicas más hermosas de México, enclavada en un cerro que domina todo el valle. Un lugar verdaderamente digno de conocer.

 

Lo que más nos llamo la atención fue su gastronomía y sus artesanías, todas únicas en el país. Si bien hay elementos que se comparten en todo el Estado, como las famosísimas Tlayudas, es cierto que en la Ciudad de Oaxaca se viven estas cosas con un aire único e inigualable. Paseando por sus calles entiendo cómo es que un personaje histórico como Benito Juárez nació y se hizo aquí. Pero la ciudad no es sólo historia, también es mucho presente: en su plaza central son notorios los plantones de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), luchando por su dignidad de vida, por sus costumbres y tradiciones. La ciudad esta viva, muy viva; pocas ciudades como nuestra hermosa Oaxaca.

De aquí a nuestros amigos en Matías, para poder entrar finalmente a Chiapas, casa de la Lacandona y uno de los tantos lugares donde los Mayas tuvieron su apogeo…

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