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Mérida, la Hermosa

El sábado muy de mañana salimos de San Cristóbal. No sin antes tener un pequeño percance con un chofer de autobús al cual le pegamos sin querer y primero la estaba haciendo de emoción. Nosotros pensamos, para eso tenemos seguro, pero resulta que el seguro sólo labora de lunes a viernes, así que tome usted todo y venga el lunes y a ver que pasa. Le ofrecimos ochenta bolos (aproximadamente diez dólares), los cuales no acepto, pero teníamos un billete de diez dólares, cuando se lo ofrecimos, al chofer se le ilumino la cara y fin de esa historia.

Tomamos camino por la vía “larga”, el Páramo hacia Mérida, la ruta de la Campaña Admirable del Libertador. Visitando todos los pueblitos lindos de la montaña. Yo, Elena, ya me sentía mal después de la cervezada, pero los paisajes andinos de Venezuela son realmente bellos. Almorzamos antes de llegar al Zumbadero, la más rica sopa de arveja que se puedan imaginar, junto con un jugo de moras. Delicioso. Tomamos chocolate caliente en la montaña y paramos hasta La Grita, después de cuatro largas horas de espera por gasolina. La verdad preferimos esperar cuatro horas y pagar menos de un dólar a no esperar y pagar entre cien y ciento veinte dólares como en la mayoría de los países.
Paramo, de San Cristobal a Merida
Paramo, de San Cristobal a Merida
Paramo, de San Cristobal a Merida
Paramo, de San Cristobal a Merida
Paramo, de San Cristobal a Merida
Al amanecer continuamos nuestro recorrido para llegar a Mérida el domingo, pues nos habíamos quedado de ver con Lu, Xavi, Jose y Ana allá. Le intentamos marcar varias veces, pero sin éxito. Estábamos recostados y ellos llegaron a nosotros. Desde el autobús vieron nuestra camper y ya estábamos juntos de nuevo.
Merida entre las montañas
Ese día fuimos recibidos por la familia Nuñez Diaz. Nuestros amigos se estaban quedando en su casa y nos dejaron estacionarnos en su fraccionamiento. Una de las pocas familias que conocen Belice, así que teníamos por fin con quien hablar de ese bello país. En la mañana, Victor nos llevo a probar la deliciosa Pizca Andina.
Merida entre las montañas
A la mañana siguiente nos vimos con Mary en la Plaza de las Heroínas, nos llevo a su bella casita en la montaña y entre la enfermedad, un rico frío que ya extrañábamos y el cálido recibimiento de la montaña pasamos ahí varios días.
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
En Venezuela el servicio médico es gratuito y yo quería conocer esos famosos intercambios de médicos cubanos por gasolina, pero triste desilusión, me tocó un médico venezolano. Los medicamentos aunque no me los regalaron fueron realmente económicos y es un alivio saber que puedes ir al médico sin temor de no ser atendido por no cotizar.

Uno de los días de mi enfermedad subimos a casa de Toby, otro de esos grandes personajes de Venezuela. El hace de todo en su casa. Tiene una cantidad de animales impresionante que van desde perros, gatos, conejos, gallinas, vacas hasta un huerto de donde se prepara sus alimentos. Muy amablemente nos regalo cilantro, perejil y yerbabuena para la casa rodante, ahora tenemos un pequeño huertito con nosotros.
Merida entre las montañas
Junto con Mary, los boludos Lu y Xavi y nuestra linda amiga Ana fuimos a La Culata, uno de los lugares más fríos. Después llegamos a Tabay y había una fiesta a la que fuimos invitados. Ser extranjero muchas veces te da el exotismo de no ser un gorrón más. Era el cumpleaños de dos de los chicos y hasta pastel comimos.
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
Después de tantos días en Mérida y sus alrededores ya era hora de partir. Pero esta vez, además de Ana que se nos unió al viaje por unos días teníamos una compañía más: Guru.
Merida entre las montañas
Siempre hemos admirado a toda esa gente que le da hogar temporal a todos los animales que son abandonados; Mary y William hacen una labor que habla de su gran corazón al recoger, cuidar, dar alojamiento y buscar casa para todos esos pequeños. Nosotros nos enamoramos de Gurú y ahora lo queremos llevar a conocer el mundo. Siguiente parada: el desierto y el mar, la Península de Paraguaná y el primer acercamiento de Gurú al mar.
Guru ya tiene su propia página:
http://elviajedeguru.tumblr.com/
Para ver todas las fotos de Mérida y sus alrededores sigue el enlace Mérida, Venezuela

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Mérida y el viaje a San Cristóbal

Merida entre las montañas
Mérida es un lugar que enamora a todos sus visitantes. Es una verdadera ciudad universitaria con todo lo que conlleva: gran actividad cultural, mucha gente joven y muchas opciones para salir de noche. Los parques y plazas públicas son hermosos y es bellísimo ver hacia donde voltees sólo montaña, pero no montaña cualquiera, sino Los Andes, es formación rocosa impresionante que se levante de la tierra como una inmensa mole, la verdadera Pacha Mama.
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
Apenas estábamos conociendo y enamorándonos del lugar cuando al vernos sin dinero decidimos ir a cambiar nuestros pesos colombianos por bolívares. Gran error. Debimos haber cambiado los colombianos por dólares y luego por bolívares en cualquier lugar del país. Fuimos a la estación de camiones a buscar a algún cambista, pero nadie nos quería cambiar el dinero y en el bando a tasa oficial nos daban una bicoca por nuestro dinero. La gran ventaja es que la gasolina es gratis, así que nos fuimos hacia San Cristóbal, la frontera más cercana con Colombia. El camino fue largo y más por que en las fronteras es difícil conseguir gasolina, lo hacen para evitar el contrabando, así que nos formamos en una gasolinera y después de unos 50 minutos nos llenaron el tanque.

Proseguimos nuestro camino y justo a las cinco de la tarde fuimos los últimos en ser detenidos por una alcabala de transito. La misma historia que la vez anterior. Nos quitaron los papeles y aunque les explicamos que el SENIAT (aduanas) no nos dijo nada por traer la casa rodante, nos llevaron a la comisaría porque nos faltaba el dichoso permiso. Todavía nos dijo “vamos para allá, puede que solo se quede en un aviso”. Después de tres horas explicando nuestra situación de turistas, nuestra extrema pobreza (teníamos seis bolívares, menos de un dólar) y aún con unas cuantas lagrimas, no se ablandaron. Al final, nos ofrecieron arreglarnos de otra forma. De nuevo bajamos el aretero y el muy canalla se llevo dos de nuestras piezas caras. Todavía el muy cínico nos dijo “Pero conste que se los está regalando a mi mujer, a mí no me está dando nada”.
Salimos y ya era de noche. La carretera en terribles condiciones. Había estado lloviendo y había muchos deslaves. Teníamos a toda la corte celestial con nosotros. Al llegar a San Cristóbal ya era muy noche y nuestra amiga ni siquiera sabía que íbamos para allá. Claro no esperábamos pasar tantas horas en carretera. Al final, nos quedamos en la central de camiones. La policía que se encontraba ahí fue muy amable y nos indicó donde quedarnos y que ellos estarían ahí. En la mañana ahí mismo hicimos el cambio de moneda y nos dirigimos a sacar el permiso para la casa rodante, ya que es considerada carga. Íbamos más desganados que nada, pensábamos en que tal vez era mejor irnos y dejar Venezuela para la vuelta o quién sabe para cuando. Le contamos nuestra situación a la señorita de la ventanilla y en menos de treinta minutos, sin tener que pagar nada y después de que ella le contó a su jefe la situación, nos dieron permiso por UN AÑO (generalmente estos permisos son por un mes). De nuevo nos volvieron las ganas de quedarnos un tiempo más y seguir recorriendo Venezuela.En la tarde llamamos a nuestra amiga Gisell, la cual muy linda nos recibió en su casa con una cama para no pasar frío, un baño de agua caliente y arepas integrales. Desde el Vigía tratamos de arreglar un sonido raro que traía la camioneta, pero no nos gusto el diagnostico y de nuevo en San Cris, fuimos al mecánico. De nuevo, nada. Pasamos al trabajo por Gisell y nos encontramos con Kike, su novio. Nos llevaron a varios lugares icónicos de la ciudad. Un pequeño bar donde la dueña fue una dama de la vida galante y en la rocola sólo tiene boleros. Después a un bar de estilo deportivo, pues San Cristóbal es una de las ciudades más futboleras de Venezuela. Ahí nos encontramos a sus amigos, los cuales nos invitaron a una de las mejores experiencias del viaje: La Cervezada, la cual, obviamente, merece una publicación por aparte.
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Mérida, Yucatán

La Ciudad Blanca, Mérida, toma su mote de sus fundadores, Los Montejo, que querían una ciudad para los blancos enclavada en la Península de Yucatán; también se dice que se le denomina así debido a la cal que se ponía en sus paredes y techos; alguien más atrevido suguirió que es debido a su limpieza, cosa que definitivamete nos parece un mito. Se construyó en 1542 sobre la ciduad maya de T’Ho, fundada aprox. el 550 a.C. y las piedras de las edificacioens mayas constituyen la materia prima de su catedral y de la mayoría de los edificios de la Plaza Central, como al casa de los Montejo, y el Antiguo Ayuntamiento.

No me atrevería a decir que es una ciudad sucia y fea aunque nos toco ver como la basura nadaba en los enormes charcos que se formaban en la mayoría de sus calles. Tampoco lo diría a pesar de que los hombres, desde los más pequeños hasta los adultos, tienen por costumbre escupir al suelo en cualquier momento. Sin embargo, a pesar de que lo viejo se olfatea en los rincones de sus calles estrechas y viejas no es una ciudad que me enamore con su arquiectura o su cultura.

Mérida es un caso especial: aquí no se nota el sincretismo cultural que es tan evidente en muchos de los lugares de la República Mexicana, sino que sus costumbres y tradiciones son muy peculiares. Aquí la tez blanca y el ojo claro predominan. En su avenida principal, contrario a los uso en todo México, donde es casi imposible encontrar algún monumento o conmemoración a los conquistadores, la avenida principal, Paseo Montejo, exhibe en su primer glorieta un monumeto a los conquistadores españoles. Este detalle le da su aire particular: nótese que no intentamos apoyar ningún tipo de antihispanismo, su paso por este Continente es historia y ello es un hecho consumado e incambiable; sin embargo, tampoco es que la región les deba a los conquistadores nada especifíco, como si su violenta estadía en estas tierras nos hubieran otorgado algo que de otro modo hubiese permanecido oculto para las razas nativas. De esto se deriva el hecho de que en lo personal no nos haya parecido maravillosa esta ciudad en su historia y arquitectura, creemos que añoran un pasado no tan lejano de represión y coloniaje, y que se olvida de un pasado aún más añejo que vió el explendor de una de las civilizaciónes más maravillosas de la humanidad.

La gente de esta ciudad sí es muy hermosa: suelen ser amables, aunque como en todos lados, nunca faltan los malencarados. Tuvimos la fortuna de recibir alojamiento por parte de Carolina, mamá de Mario, y lo que recibimos de ella fue pura amabilidad y cortesía. El motivo por el que llegamos a su casa es bastante cómico, ya que como es bien sabido, el calor de la ciudad es infernal; y para colmo, estuvimos en verano. No pasó la primer noche y ya nos desesperaba el calor, en esos momentos un regaderzao se nos antojaba más vital que comer e incluso dormir. Así fue que contactamos a Jimena, ya que la familia de su novio, Mario, vive en la ciudad. Si he de ser honesto, fue un poco embarazoso pedirle una regadera a unas personas que jamás habíamos conocido, sin embargo la amabilidad de Mario y nuestra urgencia por encontrar un lugar fresco se impusieron.

De aquí, sólo nos falta Valladolid para abandoar el Estado de Yucatán e internarnos en Quintana Roo, último Estado de México que visitaremos antes de cruzar la primer frontera… ¡Ya nos gana la emoción de entrar a un pais nuevo!

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