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Honduras, la última región maya

Honduras es uno de los países más grandes de Centro América y posee bellezas naturales por doquier. Los hondureños en general son gente muy amable y MUY platicadora, te preguntan de dónde eres, qué haces, a dónde vas, pero todos, desde los señores hasta los niños y comparten con los salvadoreños la venta de las pupusas (una combinación de gorditas con sope sin pasar por el aceite; rellenas de frijol, chicharrón, queso y más; de forma redonda y ya que no pasó por el aceite, la ensalada va encima, no adentro).

Cruzar la frontera de El Salvador a Honduras fue sencillo, pero lo sería más sino te avisaran ya que estas en tu coche que faltó que pasaras por la oficina de migración, dónde por cierto te cobran cuatro dólares por persona (los acuerdos migratorios solo son para centroamericanos) y te dan una ficha como de kermesse que debes guardar hasta tu salida del país. Nadie te avisa nada. Después de migración pasamos a aduana a registrar la camper. Tardaron horas (literal) en revisar por todos lados la tarjeta de circulación y la licencia (creemos que no sabían cuales eran los números importantes). Nos cobraron 40 dólares por uso de carreteras, permiso, digitazión y un pago a los empresarios del país. Se nos hizo muy caro, pero pues ni modo de no ir a Copán después de que nos dijeron que DEBÍAMOS ir. Pasamos la primera noche en Ocotepeque y a la mañana siguiente, en cuanto salió el Sol, nos dirigimos a Copán. Nos dijeron “Aquí a la entrada a Copán son como 45 minutos”, nosotros asumimos que a la entrada de Copán Ruinas, pero ¡no! hay un pueblo llamado La Entrada. Vaya confusión. Llegamos a medio día a Copán Ruinas, un lugar maravilloso, lleno de estelas, túneles, ceibas y muchos jeroglíficos.

Copán Ruinas, el pueblo, es sumamente encantador y muy turístico. Con calles empedradas, cafés, bares, tiendas y agencias de viaje que te llevan hasta el otro lado del país si así lo requieres. Ahí pasamos dos días, pues aunque es medianamente caro, es muy lindo. Mientras estábamos ahí, preguntamos qué ruta tomar para ir hacia Tegucigalpa, a lo que nos preguntaron que a qué íbamos, que ahí ni había nada… Nos recomendaron tomar la ruta colonial.

Pasamos por Gracias, un pueblo muy lindo, colonial y colorido. Leímos el periódico y continuamos hacia La Esperanza, el cual creíamos que si Gracias nos había encantado, pues La Esperanza sonaba prometedor. Varios kilómetros antes de llegar la carretera se tornó de mala a horrible. Era casi una brecha. La Esperanza no tuvimos oportunidad de conocerla, pues como era un pueblo más grande que Gracias, el tránsito de los coches (tráfico sobre tráfico) nos aventó de nuevo a la carretera hacia Comayagua.

Comayagua era la capital colonial de Honduras. Tienen una catedral muy bella y las calles aledañas al centro son realmente lindas. Pasamos a una exposición a la casa de cultura y al parecer la mejor época para conocerla es en Semana Santa, en la cuál los pisos se llenan de enormes tapices hechos con flores con motivos religiosos. Al parecer es la gran fiesta. Me recordó, con sus respectivas distancias, a Florencia, dónde muchas personas dibujan grandes tapices de las obras más famosas, aunque estas no son de flores, sino de tiza.

Al día siguiente partimos hacia Tegucigalpa. El camino no es tan largo, pero debido a un accidente y a que están arreglando MUCHOS tramos carreteros, el camino resulta largo. Tegucigalpa, al igual que La Esperanza nos aventó de la ciudad. Se percibe el caos. Lo conocimos sólo en coche. Me gustó que desde ciertos puntos de la ciudad aún se alcanza a ver el verde de los montes que la rodean y que para atravesarla cruzas varios ríos, en los cuales te venden de todo. Yo de nuevo me sentí en Florencia, jajajaja.

Queríamos conocer las playas de Honduras, aunque sea las del Pacifico, así que fuimos a Puerto San Lorenzo. Pensábamos encontrar la playa, pero al parecer la parte que le tocó a Honduras de playa es más bien manglar, así que sólo tenían un muelle y espacios para nadar, pero como tal no existe una playa. Aquí sufrimos el primer percance de la camper. Al subirnos de nuevo, ¡la llanta estaba ponchada! Así que a la vulcanizadora… La verdad fue una maravilla que se nos ponchara a buena hora cerca de una vulcanizadora. La cambiamos y nos apresuramos a llegar a  Choluteca el pueblo fronterizo con Nicaragua, el cual también es muy lindo. Aquí probamos nuestros primeros chilaquiles fuera de nuestra tierra. No eran como los conocemos, pero no estaban mal. Los disfrutamos aunque nos hizo falta la crema y el queso.

De camino a la frontera, nos detuvieron unos policías (ya habíamos leído que los hondureños eran especiales y te buscaban cualquier pretexto para detenerte). La noche anterior la habíamos pasado cerca de la comisaría y nos dijeron que ahí nos habían visto. Nos pidió todos los documentos y aunque nos da coraje, también nos da risa que vean en la licencia Estados Unidos Mexicanos y omitan el Mexicanos y nos digan “ustedes que vienen de Estados Unidos” Nos pidió mostrarle los triángulos de emergencia y nos deseo buen camino.  Así, amanecimos en Honduras y sabíamos que dormiríamos en Nicaragua.

Visita nuestro album completo de Fotos de Honduras.

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Chinkultik

La primera zona arqueológica maya por la qué pasamos fue Chinkultik. A 56 km de Comitán sobre la carretera que lleva a las Lagunas de Montebello.

Chinkultik, se encuentra rodeado del pueblo Miguel Hidalgo. En el mapa aparece chiquito chiquito. Teníamos la idea de pasar, pero por la hora, pasamos ahí la noche.

 

Cuenta la gente, que Chinkultik es una tierra de mucha energía y la última vez que lo demostró fue hace unos dos años, cuando el INAH y la comunidad entró en conflicto sobre quien debía tener a su cargo el cuidado de la zona arqueológica. Se armó el mitote y con ello los asesinatos, pero al final, quedaron en un muy armado parador turístico y pensiones pa’ las viudas. Eso sí, ahora la comunidad es la que se encarga del mantenimiento de las ruinas rotando los turnos entre ellos y el INAH solo se mantiene al margen.

El parador turístico es muy bonito para pasar la noche. Se encuentra a unos cuantos kilómetros y tiene muy cerca una laguna muy bella con todo y su muelle. Una belleza para un día tan maravilloso como es el día fuera del tiempo.

A la mañana siguiente comenzamos nuestro día muy temprano conociendo las ruinas. Si no fuera por una maravilla natural, yo diría que no se pierden de nada espectacular, un juego de pelota, varias estelas… pero lo espectacular es que ¡hicieron la pirámide principal junto a un cenote! Sólo por eso vale la pena conocerla.

 

 

 

Estamos habituados (ejem) que en Yucatán y Quintana Roo, casi abajo de cada casa haya uno, pero en medio de la Lacandona, yo la verdad no había escuchado.

Para los mayas, los cenotes son estanques sagrados alimentados por manantiales subterráneos que se abren directamente al corazón de la Madre, así por ejemplo, en Chichen Itza sólo construyeron todo ese complejo arquitectónico, pues estaban venerando al gran cenote. Lo cual no parece estar muy lejos de Chinkultik en razones para una acropolis. Los habitantes dicen que hace tiempo drenaron este cenote, pues se decía hay muchos tesoros que estan en las profundidades, pero que nunca pudieron vaciarlo realmente, pues al bajar un poco el agua, las dos lagunas colindantes lo volvían a llenar. Los arqueólogos, por su parte dicen que sacaron objetos fúnebres, incenciarios y objetos que los hacen suponer eran para adorar a Chac el Dios de la lluvia.

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