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El cumpleaños de Carla

Ciudad Universitaria UNAM
Ciudad Universitaria UNAM

Hace unos días supimos que los amigos de La Renolenta ya habían llegado a México, así que cuando estuvieron más cerca salimos a compartir más historias de un viaje de aventura.
La última, y única vez que nos vimos fue un breve encuentro en la carretera de La Gran Sabana, Venezuela. Para esta ocasión, en el DF, nos encontramos en uno de nuestros lugares favoritos: Ciudad Universitaria. Una de las más bellas y grandes de América Latina según nuestro criterio. Además, aprovechamos para levar a Gurú a pasear por las islas. Obvio él fue el que hizo más amigos.

Después de un rato nos fuimos por unas chelas bien frías a la zona de bares, o sea, Copilco. Ahí nos enteramos que su cumpleaños era al día siguiente, así que ¡Cómo no celebrarlo! En ese momento empezamos a planearlo y para festejar que ya están en México que mejor que ir a las trajineras de Xochimilco, un paseo obligado.
Juntamos unos cuantos amigos y al día siguiente ya estábamos en las trajineras. El problema de que haya sido en fin de semana fue que no pudimos obtener mejor precio y había buena cantidad de gente, pero eso fue lo de menos, la pasamos tan bien que incluso rentamos una hora más de paseo por los canales de Xochimilco.
Esperamos la hayan pasado chingón, ¡muy chingón!

¿De dónde salió el charro?
¡Las micheladas!

 

¡Artesanías!
Carla disfrutando de los esquites

 

sonrisa

 

La señora de los elotes

Pa que no digan que la Ciudad de México es puro concreto.

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La Gran Sabana

Mucho habíamos escuchado de la Gran Sabana mientras recorríamos Venezuela, de hecho por eso sabíamos de antemano que le daríamos la vuelta completa al país: empezaríamos por la costa occidental y terminaríamos en la frontera con Brasil; queríamos ir a Brasil, pero tramitar la visa era todo un papeleo. Desde llevar fotos y llenar una encuesta en portugués  hasta esperar una semana a que el Cónsul autorizara nuestra visa. A eso, le sumamos que la semana en la que fuimos y esperábamos que en la frontera fuera más sencillo era día feriado y bueno, cuando las cosas no se da, tan tan, no se dan.

Para llegar a la Gran Sabana hay que salir de Ciudad Guayana hacia el sur, recorrer toda la región de los llanos hasta la poblacióm Km. 88, donde empieza la subida de más o menos 100 kilómetros hasta la sabana. Dejando los llanos atrás, esa inmensa estepa verde bañada por los afluentes del río Orinoco, apenas empezamos la subida, la vegetación cambió drásticamente: árboles enormes, espesura, mil verdes, lianas y agua, mucha agua. En un abrir y cerrar de ojos estábamos cruzando una montaña-selva increíble.

Y así como la selva apareció se devaneció: apenas unas curvas y todo se transforma de nuevo, dejando la empinada subida atrás junto con la espesura y los mil verdes. En un instante avistamos la Gran Sabana, esa inmensa meseta con una que otra colina, y bellísimos ríos rojizos. Empezamos a transitar las rectas y nos quedamos boquiabiertos ante el paísaje: allá, a unos cuantos kilómetros -tal vez 20 o 30- en medio de ese hermoso paraje se erguen los tepuyes, la tierra más vieja de la Tierra; no es mentira, la tierra tiene 4,500 millones de años, y la tierra de los tepuyes está fechada hace 3,000 millones de años, ¡es la más antigua de la que se tenga registro! Además de saber eso, que estamos ante la mismísima Abuela-Pacha, su vista, su paisaje, se impone a los sentidos: es un inmenso cuerpo de roca que sale de manera vertical del terreno, plano en su superficie y alberga agua, y diversa flora y fauna; de hecho, allá arriba se han encontrado especies endémicas de un tepui en específico, para la biología, son algo así como unas Galápagos en el continente. Los tepuis son como una inmensa pared rocosa coronada por una jungla en el tope; algunos de ellos tienen cascadas que nacen en su antiquisimo seno y son vertidas de sus paredes para bañar la meseta, que a su paso por los peñazcos, y después de haber pulido el jaspe, ha dado un color rojizo, auténticas venas de la Gran Sabana.

Llegamos a la Gran Sabana Lu, Javier, Elena, Gurú y yo después de haber salido de Puerto Ordáz. Pasamos la noche unos kilómetros más adelante del poblado Km. 88, justo frente a la cascada El Danto, ya enmedio de la selva (¡en una región donde la malaria es endémica!), afortunadamente los mosquiteros hicieron su trabajo. Salimos huyendo de Km. 88, un poblado genuinamente carretero, chaca como diríamos en México, feo, feo. Ni para que quedarnos ahí, después de la experiencia del robo no pensábamos volver a exponernos: era preferible una noche en el despoblado que quedarnos ahí.

Al día siguiente continuamos el asenso hasta que llegamos a la Gran Sabana, nos maravillamos tanto que decidimos seguir hacia Santa Elena del Uarién para ir viendo que lugares valían la pena y visitarlos tranquilamente de regreso, sabiendo ya de antemano cuáles valían la pena y cuales no tanto. Llegamos a Santa Elena y visitamos la línea fronteriza con Brasil; no pudimos cruzar, pero de momento ya tuvimos nuestro primer “roce” con los brasileiros. Santa Elena es un pueblo fronterizo. No tan feo como Km. 88, pero sin ninguna particularidad, al menos ninguna que se nos antojara después de recorrer 180 kilómetros de la Gran Sabana; sólo queríamos regresar y comenzar a acampar y disfrutar.

Pasamos esa noche a la orilla de un río en una pequeña desviación del camino; tan pequeño que ni letrero no nada tenía; pero muy lindo, un rio pequeño pero caudaloso que formaba lindos ojos de agua y una pequeña y hermosa cascada 15 metros más abajo. Al día siguiente concimos la Quebrada del Jaspe y los famosos ríos rojos de la Sabana. El jaspe se pule tanto por la fricción del agua, que puede servir de tobogán  =)

Continuamos, siempre hacia el norte, conociendo diversos ríos, quebradas y cascadas, acampando siempre al lado del agua, esa bella, limpia y pura agua que nace en aquellas tierras. Eso sí, los puis puis, como llaman a esos mosquitos chiquitos nos molestaron todo el tiempo, pero ante tanta belleza, eran lo de menos, Pretendimos subir a un tepui, el Roraima, y el único que tiene acceso para turistas, pero nos resultaba costoso: 300 bolívares (40 USD) diarios por guía para un grupo de 8 a 10 personas, y el tour dura 5 días. La verdad el precio que conseguimos era bastante accesible, pero no contábamos con que para la excursión había que llevar sólo latas de atún, pues no se pueden hacer fogatas en ninguno de los campamentos. Además de enterarnos que debíamos llevar a un “cargador” para nuestros desechos sólidos. Supimos que si hubieramos sido solo una o dos personas pudimos habernos incirporado a algun grupo que fuese a salir sin ningún costo, pero éramos cuatro y más de dos, en estos casos, ya son muchos. Nos quedamos con las ganas de subirlo -¡ya será para la próxima!- pero disfrutamos de una grandiosa vista desde Paratepui Roraima, el poblado más cercano al tepui y desde donde salen las excursiones que lo suben.

Continuamos hasta que se nos terminaba el tiempo (y la visa) y debíamos retomar el camino al norte: todavía había que cruzar todo el país de sur a norte y de este a oeste; todavía faltaba comer asfalto. Pero la Gran Sabana es difícil de describir: un “TODO ella vale la pena” aún se queda corto. Hay que vivirla, hay que soñarla.

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