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Viaje exprés a Uruguay

Así es la historia:
Habíamos planeado pasar Navidad en Buenos Aires con la familia de una amiga y pasar fin de año en Uruguay, pero bueno, los planes no siempre salen como queremos…
Seguimos en Buenos Aires esperando una encomienda desde México que lleva tres semanas en Argentina, pero aún no liberan en aduanas y hasta que no la tengamos con nosotros no podemos irnos. Todo esto no hubiera importado, solo nos hubiera retrasado un poco, pero quedarnos un poco más no nos molesta; sino se hubiera juntado con la caducidad de nuestra visa de turismo en Argentina( ¡Qué rápido pasan tres meses!).
Al darnos cuenta de todo el panorama y las opciones que teníamos, decidimos optar por almas “sencillo”: Pedir extensión de visa en la oficina de migraciones. Llegamos el 26 por la mañana y estaba cerrado, así que al día siguiente llegamos aun mas temprano para realizar el trámite. Nos atendió una chica y cuando le pedimos la extensión solo escuchábamos pretextos de su parte y su único consejo fue: ‘Vayan a Uruguay, tomen el ferry, pueden ir y venir el mismo día’ 0.o
Para empezar por las fechas, tomar ese ferry, que en algún momento fue una opción, costaba el doble de lo que cuesta la extensión. Además teníamos solo dos días para hacerlo y no sabíamos si encontraríamos pasaje con tan pocos días de anticipación. Cruzamos de la oficina de migraciones a la terminal de ómnibus y compramos las boletas para Gualeguaychu, ciudad fronteriza con Uruguay. Al día siguiente saldríamos por la mañana y volveríamos el domingo.
Nuevas experiencias para finalizar el año.

Llegamos a Gualeguaychu y sabíamos que solo 40 km nos separaban de la frontera, así que buscamos un transporte que nos llevara, pero ya había salido y no habría otro hasta el lunes, así que tomamos nuestras cosas y empezamos a pedir aventon. Las dos primeras personas que nos acercaron nos dejaron frente a la gasolineria, esperábamos tiene suerte, ya solo nos faltaban 20 km para el puente que une a ambas naciones.
Pasaban muchos autos, camionetas, pero no teníamos suerte, estábamos cerca, pero no se si por miedo o desinterés nadie nos levantaba. Estuvimos casi tres horas esperando,intentando diferentes técnicas para que se detuvieran pero nada. Nos empezábamos a sentir frustrados. Nuestra primera vez haciendo dedo en sudamerica y no pasaba nada. Decidimos empezar a caminar y después veríamos que pasaba. Caminamos tres o cuatro kilómetros cuando un autito se detuvo. Una pareja que tenían la parrilla “La Frontera” nos ofrecía llevarnos hasta antes de cruzar el puente. Un Gol para nosotros. Escombraron un poco la parte de atrás donde llevaban todo lo propio de una parrilla en cantidades comerciales. Muy bien, ahora solo nos faltaban seis kilómetros y estábamos dispuestos a caminar los con tal de llegar el sábado a Uruguay.
Poco nos duro el gusto cuando nos dijeron que estaba prohibido cruzar el puente caminando o en bici. Necesitábamos un auto que nos quisiera cruzar. Si antes había sido difícil, a tan pocos kilómetros de la frontera, mucho menos nos querían llevar.
Habíamos decidido pagarle a nuestro salvador los peajes que hay en el puente con tal de llegar a Uruguay, pero él se negó, diciendo que eran muy caros… De nuevo estábamos varados esperando que alguien se apiadara de nosotros por las tontas leyes que no contemplan a los peatones.
Un trabajador de senasa se detuvo y nos llevo a la frontera. Hicimos los papeles fácilmente y ya estábamos en Uruguay!
Nuestro ultimo salvador nos había conseguido ave ton hasta Fray Vento, así que durante un rato, ya con la tranquilidad de estar en otro país, estuvimos esperando, pero no pasaba nada. Mas nos tardamos en decidir pedir aventon, que en lo que nos lo dieron. A la primera persona que s lo pedimos nos llevo hasta la plaza central de Fray Ventos.
Ahí, casi medianoche, entre mucho movimiento para ser un pueblo pequeño buscamos un lugar para acampar. Preguntamos en un club deportivo y nos dijeron su justo pasando un pequeño puente, había una zona de árboles donde no seriamos molestados y podríamos dormir tranquilos.
Pasamos una noche calurosa, pero rendidos por la nueva aventura. Después de lo que habíamos vivido, al día siguiente queríamos hacer todo muy temprano por las posibles eventualidades que se podían presentar.
Despertamos y comenzamos la caminata, con la intención de conseguir ‘tiraje’ como dicen en Uruguay. Por ser domingo había pocos autos. Caminamos cinco kilómetros cuando una camioneta nos subió para ahorrarnos una pendiente. Caminamos un poco mas y otra camioneta se detuvo para llevarnos hasta la frontera.
Hicimos de nuevo todo el papeleo y esperamos justo en el peaje por un ave ton hasta Gualeguaychu, pero pronto el miliar nos pidió cambiar de lugar, pues le habían avisado que estaba prohibido.
Retrocedimos sobre nuestros pasos un par de metros y le preguntamos a una pareja si nos llevaban. Dijeron que sí y mas rápido de lo que creíamos estábamos esperando tomar el autobús para llegar de nuevo a capital.
Aun no podemos decir que conocemos Uruguay, pero llevamos una primera buena impresión, una primera vez haciendo dedo en sudamerica y un año nuevo por comenzar.
Solo estamos esperando la encomienda para podernos despedir de Buenos Aires y continuar el verano en la costa uruguaya.

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Lo último de Venezuela

Para cambiar los frenos nos endeudamos con Lucy y Xavi, no esperábamos tener que cambiarlos aún en Venezuela donde no podemos sacar dinero  más que de las ventas de artesanía. Así que para cambiar unos dólares que aún teníamos los llevamos a Maracay. Ellos tomarían un vuelo a Buenos Aires en menos de una semana y nosotros teníamos el mismo tiempo para salir de Venezuela, antes de que nuestros permisos expiraran.

En Maracay conocimos a una de las couch más impresionantes que hemos conocido. A veces les da un espacio para dormir hasta a siete personas al mismo tiempo. Ella dice que donde caben dos, caben todos. No tuvo problemas en aceptarnos y dado que es una amante de los animales, hasta Gurú tuvo corte de pelo para no seguir padeciendo el calor de Venezuela.

Sólo estuvimos unos cuantos días. De ahí nos dirigimos a Barquisimento. Lucy y Xavi nos dijeron que el anfitrión que los recibió a ellos era un chamo súper buena onda y aunque al principio nos dijo que no podría, nos trató de ayudar a conseguir casa y al final nos quedamos con él por el fin de semana.

Necesitabamos plata para salir de Venezuela, pues cobra, según la frontera un monto por el permiso de ¿salida?. Por ejemplo en la frontera con Brasil no cobra, por el aeropuerto de Caracas nos parece que son 160 bsF y por Cucuta eran 80bsF. Aún teníamos que pagar las vacunas que le faltaban a Gúru. ¡Muchos gastos, pocos días!

La venta en Barquisimento no salió como esperábamos, pero bueno, aún no estábamos en ceros y mientras la gasolina sea casi gratis, aún podíamos tener esperanza. Compartimos buenos ratos con Juan Carlos y sus amigos. Puros chicos buena onda.

El domingo por la mañana tomamos camino a Mérida. La distancia en tiempo fueron más o menos 6 horas. Ya le habíamos avisado a Mary y William, amigos de Ejido que pasaríamos a verlos, a contarles como nos había ido con Gurú y a despedirnos. Pasamos por un pan de queso a la panadería del pueblo y llegamos a su casa. Williams estaba en Maracay y se perdió de como ha crecido Gurú y su nuevo corte. Como siempre estar en su casa es una delicia. Una pequeña casa en las montañas con una vista sin igual.

Al día siguiente fuimos al veterinario y a vender. En pocas horas ya habíamos alzado el presupuesto.

Muy temprano el martes por la mañana salimos con dirección a la frontera. Aún queríamos pasar a las Librerías del Sur, las cuales manejan precios MUY económicos. Por un dólar hemos obtenido al menos tres libros. Claro también hay libros más caros, pero hay un montón de precios subsidiados.

Pasamos por San Cristóbal y no nos detuvimos pues temíamos de la policía de Venezuela. Después de tres meses sabíamos como se las gastaban. Llegamos hasta San Antonio y ahí preguntamos si podíamos cruzar hasta el día siguiente, pues la librería ya había cerrado cuando llegamos. Nos dijeron que sí. San Antonio es un pueblo fronterizo bastante pequeño. Nos quedamos con los bomberos, los cuales siempre son una buena opción de ayuda. Al día siguiente pasamos a la librería y salimos de Venezuela. Literalmente salimos sin un bolívar. Después nos dimos cuenta que teníamos cien bolívares escondidos, tan escondidos que no los vimos sino hasta Colombia.

Aún y con todas las situaciones de inseguridad que vivimos en Venezuela, creemos que es un país hermoso de gente hospitalaria. De las mejores vistas con paisajes preciosos.

Esperamos que más que el gobierno, la gente entienda que estos problemas de seguridad sí les afectan y no deberían de permitirlo. Al final siempre se sabe, sobre todo en lugares con poca población, quienes son los ladrones. Que el pueblo exija seguridad es más que un derecho.

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