Tag Archives: Ecuador

Una tarde en Guayaquil

La noche la pasamos en la playa Ayangue, pero al amanecer decidimos tomar camino hacia Guayaquil. Una francesa nos había dicho “si estas en Guayaquil uno o dos días no le encuentras lo bonito, pero ya después de quince días, ya le ves los detalles a la ciudad” Nosotros no teniamos quince días para Guayaquil, de hecho sólo pasamos a almorzar, hubieras querido caminar por el puerto-centro comercial que hay, pero dado que es un centro comercial al aire libre, pues las mascotas están prohibidas, así que dimos media vuelta con Gurú y regresamos al camino.

 

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Canoas

Atarder en Canoa
Atardecer

 

El primer día fue el que menos tenía vendedores, así que fue el de mejor ganancia. Eso sí, ¡cómo son regateadores! Si no les das dos dólares de descuento, no se lo quieren llevar. Lo que yo sé es que cuando las piezas son únicas, siempre regresan, así sea sin descuento.

A las ocho montábamos y a lo largo del día hacíamos ya sea pedidos o trabajos especiales hasta las once de la noche, en promedio. La verdad nos fue muy bien, si al final ya no vendíamos era por que ya no teníamos de nuevo nada… El domingo fue el peor día en lo que se refiere a ventas, la mayoría de la gente se fue desde el sábado y el domingo sólo salimos a orear el puesto, pero así pasa.

Jochos con un CHINGO de guacamole
Mateando

 

Eso sí, ya para ese día teníamos organizado preparar un asado- aprovechando que siempre hay tantos argentinos- con todos los del gremio. Lo organizamos afuera de la casa y se dejaron caer Sol y Sayi, un par de argentinas que hacen móviles y además tocan y cantan; Paloma y Emilio estaban de vuelta, con el parcero Santiago compartimos puesto esa semana y ya casi lo adoptábamos, pero en eso ya nos habían ganado Paula y Stefan, que como buenos cocineros se encargaban del fuego y los platillos, el portugués  que a veces era ermitaño y otras no, un par de colombianos y peruanos; y conforme iba cayendo la noche, llegaban otros más.

Al día siguiente parecía que una batalla había pasado por ahí. Me levanté temprano para sacar a Gurú y vi que todos los despiertos estaban en la misma actitud zombie que yo, así que volví a mi cama y ahí me quedé un rato más. Al salir, las argentinas nos habían dejado un regalo y habían continuado sus caminos y otros más estábamos por hacerlo.

Recogimos todo el desastre del día anterior y junto con Stefan, Paula y Santiago iríamos un poco más al sur: a Montañita, pero esa es otra historia.

Al anochecer del domingo
medusa

 

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Quilotoa, volcán con laguna a casi cuatro mil metros. ¡Wow!

Llegamos y nos cobraron por entrar, si mal no recuerdo, dos dólares. Del lado derecho está el Quilotoa y del izquierdo varios hotelitos y tiendas, todo muy sencillo. Así serán unos trescientos metros. Al descender de Xochipilli nos percatamos del frío que se sentía a pesar de no ser un día nublado. ¡Casi cuatro mil metros sobre nivel del mar!  Desde Mérida, Venezuela no subíamos tanto.

Seguimos el sendero, ya muy abrigados y comenzamos a ver ela GRAN laguna que se formó en este volcán hace casi 300 años. Es impresionante lo grande que es, mágico y atrapante.  Pedro se había lastimado el tobillo el día anterior, así que no descendimos hacia el poblado que se encuentra a orillas de este enorme lago, sólo lo admiramos largos ratos, pero al parecer la caminata es de 3 horas, hay que tener en cuenta la altura y que puedes sentirte cansado fácilmente.

 

A la hora de preparar el almuerzo conocimos a un equipo de turismo de Ecuador, estaban haciendo promocionales y nos invitaron a participar en uno. Así que mientras cocinábamos, platicábamos y dimos nuestro punto de vista de Ecuador, sin duda un gran país con lugares hermosos por conocer.

Desafortunadamente fuimos víctimas del mal de altura, la cabeza nos quería estallar, ya ni nos acordábamos que existía el mal de páramo, como se le conoce en Venezuela. Según el país le llaman de diferente manera, en Perú y Bolivia venden unas pastillas que son mágicas, pero la mayoría de la gente masca la hoja de coca. Ni siquiera terminamos de ver una película después del atardecer y sentíamos mucho dolor y frío, vaya tontos, debimos haber llevado hoja de coca para preparar un té.

Podríamos decir que fue de las peores noches del viaje, pero ahora que ya aprendimos, ya sabemos que lo mejor es subir poco a poco para no descompensar al cuerpo. Logramos dormir, pero el malestar continúo, así que a la mañana siguiente reiniciamos el viaje hacia la costa de Ecuador.

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Camino al Quilotoa

Aquí pasamos la noche =)

Llegar al Quilotoa nos tomo casi un día y no es por lo retirado que se encuentre de Quito, que sí un poco, sino porque al salir no nos dimos cuenta que había dos caminos, e hicimos el largo como bien podrán imaginarse.

Vista de la ruta. Andes.

Todo empieza cuando al salir de Quito entre nostalgia y alegría,  tardamos más de lo previsto, pero el camino nos llamaba y decidimos salir ese mismo día. Según nuestros calculos y datos, al anochecer estaríamos en la laguna del Quilotoa. Fuimos preguntando si íbamos por el buen camino y ahora sabemos que eso depende de cada uno, jajajaja, pero bueno, hicimos caso a las indicaciones… El camino es hermoso, eso no hay que negarlo, es cruzar los Andes desde otra perspectiva, más por en medio. Muy verde y mucha agua, así que al atardecer nos detuvimos a comer y a pasar la noche cobijados por las estrellas, pues se veían muchas, muchísimas.

Al amanecer nos terminamos de dirigir a nuestro destino, Quilotoa, nos habían dicho que no te la puedes perder. Teníamos muchas expectativas. El lugar donde fue sepultado el último inca. Un volcán que estuvo activo hasta el siglo XVIII, cuenta la leyenda.

 

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Adios a Quito

Salimos de Quito queriendo tomar ruta de nuevo hacia el sur, aún así fue un momento melancólico. El internet es un medio tan frío aparentemente y cuando nos quitamos el miedo de compartir, regala hermosas experiencias. ¡Gracias infinitas Andrés, María José, Gastón, Lola y todos esos hermosos cachorros!

 Cuando llegamos a su casa, Lola estaba encinta y vivimos todo el embarazo. Cuando nos fuimos al Oriente, pensamos que al regresar los cachorros ya estarían, pero no, Lola nos espero y al día siguiente de nuestro arribo tuvo varioscachorritos. Ora sí que fuimos sus padrinos.
Lola, Gastón y Gurú
¡Chamuzcado, el gato!
Cachorritos

 

Lola y sus chicos ;)

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Misahualli, más de la selva de Ecuador

Al abandonar El Coca, nos dirigimos hacia el sur, de camino les dimos aventón a dos chicos argentinos, Belem y Emilio, los cuales ya habíamos cruzado días antes. Fuimos a Misahualli y después de dejarlos en un hostal, nos quedamos preparando la cena justo afuera. Momentos después una camioneta se detuvo, era otra pareja, una francesa y un ecuatoriano que quieren hacer el viaje hacia el norte y nos preguntaban sus dudas sobre el viaje y en menos de cinco minutos nos ofrecieron su casa para pasar la noche. Así de sorpresiva y buena es la vida =)

Siento no recordar sus nombres, pero sus hechos no los olvidamos. Platicamos un poco de la situación, de cómo migración y aduanas es un problema, ella por ejemplo había contratado un container para traer sus cosas de Francia y aún no podía bajar las cosas, pues todo el tiempo se cambiaban las leyes y jurisdicciones y bueno, ahí estaban sus cosas. Tan cerca y tan lejos a la vez.

Queríamos ir a Isla de Monos, pero nos dijeron que había llovido bastante, así que los monos se habían ido.

Durante la noche de nuestro arribo nos percatamos  de varios changuitos-monos que hacen show por comida, sí, sin que nadie les ordene nada, los monitos muy listos ya saben que a los turistas les pueden quitar lo que quieran y ni quien los agarre, así que sujete bien su cámara, jajajaja.

Por la mañana fuimos al río a nadar. Es muy divertido que a Gurú le guste tanto el agua. Ora sí que nos divertimos los tres. Más tarde dimos una vuelta más por el pueblo, en un lugar donde compramos un montón de semillas (la idea era recolectarlas, pero sólo teníamos dos semanas para este viaje, así que había que apresurarnos),entró otro de los monitos de la plaza, tranquilamente, como en su casa, incluso la dependienta lo llamaba por su nombre y todo. Sólo por eso valió la pena comprarlas en ese lugar.

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Otavalo, pueblo de artesanos

La primera ocasión que estuvimos en Otavalo íbamos con Don Pedro y sólo la visitamos por unas horas. De hecho pasamos a almorzar. Fue la primera vez, también, que probamos la típica comida ecuatoriana. Recibimos por dos dólares un plato bien servido con carne de cerdo -parecida a la carne que en México conocemos como “carnitas”-, mote-lo que en México se conoce como maíz pozolero, ensalada y más variedades de maíz, uno de nuestros preferidos el maíz tostado, que es el grano asado con un poco de sal. Un plato lleno de maíz en diferentes presentaciones.

En esa ocasión sólo paseamos por el mercado artesanal. Sabíamos que tendríamos que volver, otros viajeros nos habían hablado muy bien de Otavalo y eso se percibe.

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La segunda ocasión que estuvimos ahí fue en el siguiente fin de semana que Don Pedro volvió a México. Habíamos pedido asilo en couch surfing y la persona que nos respondió nos aceptó, pero hasta el lunes, así que aprovechamos la ocasión para dormir junto al lago XXXX. Encontramos la mejor locación, justo al lado y el amanecer fue tranquilo y muy al natural.

 

Ya antes habíamos pasado al pueblo y después otra vez. Es el pueblo de los artesanos por excelencia, pues hay miles de tiendas que ofrecen material y productos. Si vas como turista es aconsejable que antes de comprar a un artesano te fijes si en la tienda lo tiene, cuando es reventa se nota y no hay necesidad de pagar más, no cuando tienes al mayorista ahí. Nosotros compramos un “recuerdito”, la verdad el artesano nos la supo vender y caímos redonditos, seis dólares después de regatear por algo que en la tienda de la esquina vimos en cuatro = /, ni modo.

Después cuando buscamos material de artesanía en Quito fue más complicado encontrar, aunque lo logramos en el puesto 98 del mercado artesanal, pero sólo tuvimos un pequeño puesto donde elegir, en lugar de haberlo hecho en Otavalo, donde teníamos mucha más variedad y oferta.

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La entrada a Ecuador

Salimos de Colombia por Ipiales y cruzamos el Puente Internacional Rumichaca para entrar en Ecuador. ¡Tanto nos han hablado de sus bellos paisajes y lugares! El proceso de Migración fue ágil y sin demasiadas preguntas; aduanas otro tanto: un juego de las fotocopias reglamentarias (propiedad del vehículo, licencia, pasaporte y sello de entrada de migración) y unas cuantas preguntas. Nos encanta que no cuesten estos trámites. No deberían costar.

Ya en Ecuador, el primer poblado, el fronterizo, es Tulcan. A diferencia de la inmensa mayoría de zonas fronterizas, que son feas, mala vibra y lo único que uno desea es salir de ahí, Tulcán es un bonito pueblo colonial que históricamente ha sido la frontera entre la Nueva Granada y la Audiencia de Quito. El cementerio es un lugar digno de conocer: son puros nichos, no tumbas, en elegantes edificaciones rodeados de hermosos jardines bellamente arreglados y arbustos podados con la figura de diversos animales, signos y símbolos propios del país.

De Tulcán tomamos la Panamericana hasta Ibarra donde pasamos nuestra primera noche en Ecuador. Este lugar es ya una ciudad propiamente dicha, pero en definitiva no ha perdido el encanto ni el espíritu. Su centro es muy bonito y agradable de recorrer caminando. Sus calles empedradas hacen lento el tránsito vehicular y aumenta la seguridad de los peatones. Tiene varios jardines rodeados por construcciones hermosas y conventos o iglesias. Además, en las cercanías de Ibarra se encuentran varios lagos andinos con su hermosa vista: el páramo, el viento frío pero suave, el agua cristalina reposando tranquila rodeada de un verdor que le debe la vida.

Salimos de Ibarra con rumbo fijo hacia Quito, pero no sin antes detenernos en Otavalo, un bello pueblo indígena y artesanal. El pueblo es bonito, pero el real atractivo del lugar es su marcado de artesanías: es un tianguis ubicado en la segunda mayor plaza, donde la gente, en su mayoría indígena, vende sus productos: pantalones, faldas, blusas, camisas, calcetas, gorros, bufandas y diversidad de productos textiles. También venden productos textiles de lana de llama, que es suave, caliente y muy agradable al tacto.

Cerca de Otavalo se encuentra la laguna de Cotocachi, y decidimos pasar ahí una noche. La laguna está en la cima de una pequeña montaña, en una depresión que pareciera un cráter de lo que alguna vez fue un volcán activo; sin embargo, no es más que una depresión producto del relieve entre las montañas. La laguna es hermosa y cuentan que era sagrada. Sin duda alguna, el paisaje y su locación lo hacen sentir a uno cerca del cielo.

Salimos de Otavalo y continuamos la Panamericana hacia el sur, hacia Quito, esa ciudad hermosa heredera de tanta historia.

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Mitad del mundo

Al alejarnos de Otavalo, sabíamos que la mitad del mundo estaba cerca y decidimos buscarla de camino. Fue un poco complicado, pues los anuncios no eran claros y la información que la gente nos daba nos hacían dudar, pero finalmente llegamos a la mitad del mundo y lo celebramos con algunas fotos =)

Después, ya viviendo en Quito nos enteramos que hay todo un parque temático al respecto, al cual no fuimos, pues ya nos pareció demasiado turístico.

 

 

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