Category Archives: Belice

Distancias de México a Brasil e intermedios: rumbo al 2014

Ahora que el Mundial de Brasil del siguiente año se pone en voga, pensamos en hacer un pequeño cuadro de distancias, que aunque general y aproximado, sirva de referencia para aquellos reales aventureros que elijan la vía terrestre para asistir a la magna fiesta del fútbol.

La ruta en general se divide en dos partes: la primera es Centroamérica, donde prácticamente la única ruta es la Panamericana (o la también llamada Puebla – Panamá), con algunas desviaciones turísticas, y que va de Tapachula, en el estado mexicano de Chiapas, hasta Ciudad de Panamá, donde es necesario tomar un barco o un avión para conectar a Cartagena, en Colombia, donde se puede continuar la segunda parte, que es Sudamérica.

Ya aquí se nos presentan muchas rutas posibles:

a) Ir hacia Venezuela subiendo por el Caribe y bajar por la Gran Sabana hacia Manaos, Brasil, para de ahí cointinuar vía la ruta transamazónica, y donde se tienen que navegar varios trechos por el río más caudaloso del planeta, hacia Brasilia y Rio de Janerio;

b) O si no, se puede bajar siguiendo la mágnifica cordillera andina y recorriendo gran parte de los países sudamericanos. Esta ruta hace necesario bajar sí o sí hasta Lima, Perú (- b.1- a menos que se embarquen en alguno de los diversos puertos amazonicos, y terminen siguiendo la ruta transamazónica), recorriendo la carretera Panamericana, y de ahí comienzan las ramificaciones: o hacia Chile o hacia Bolivia.

c) La desviación por Bolivia nos haría dirijirnos hacia La Paz para de ahí, o conectar a Campo Grande, Brasil directamente via Santa Cruz (-c.1-), o via Asunción de Paraguay hacia Foz de Iguazú (-c.2-).

d) También de La Paz podríamos elejir continuar rumbo al sur siguiendo los Andes, hasta Salta, Argentina, donde giraríamos hacia el Este rumbo a Córdoba y de ahí hacia Iguazú.

e) O si bajamos de Perú directo a Chile vía Arica, podríamos cruzar hacia Argentina en Copiapó -o por Santiago (e.1)-  desde donde nos dirigiríamos a Córdoba e Iguazúf)

O acaso podríamos tomar la vía de Asunción, Paraguay… O bien podríamos tomar la desviación hacia Buenos Aires y Uruguay, por no dejarlos fuera, y entrar a Brasil por el sur, vía Porto Alegre… ¡Hay tantos caminos!

Y bueno, acá les dejamos una ruta de las tantas posibles. No la escogimos por algo en particular, sino sólo a manera de presentar un esbozo de una de tantas rutas posibles.

Distancia de Tapachuala, México (vía Ciudad de Guatemala) a Ciudad de Panamá: 2,550 km. aprox.

De Panamá a Cartagena es necesario embarcar o tomar un vuelo corto, ya que no existe una ruta carretera que conecte Centro y Norteamérica con Sudamérica. Acá más info.: http://www.dfushuaia.com/web/2011/03/cruzar-un-vehiculo-y-personas-de-panama-a-colombia/

Distancia de Cartagena, Colombia a Pasto (vía Medellín): 1,400 km. aprox.

Distancia de Pasto, Colombia a Foz de Iguazu, Brasil (Vía Quito, Ecuador; Lima, Peru; Arica, Chile; Salta, Argentina; Asunción – Ciudad del Este, Paraguay): 10,500 km. aprox.

Distancia de Foz de Iguazu a Rio de Janerio, Brasil: 1,450 km aprox.

¡Lo que nos da en total aproximadamente 16,000 km.!

Obviamente los invitamos a que descibran sus propias rutas en la mágnifica herramienta que es Google Maps –> https://maps.google.com

¿Has hecho una ruta similar, o tienes otras variantes en mente? ¡Compártelas con nosotros!

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Belice, país por explorar

A solo unos minutos de la Ciudad de Chetumal se encuentra la famosa zona libre o Sta. Elena. Es famosa pues encuentras todo tipo de fayuca: ropa, electrodomésticos, zapatos, cámaras, vinos y un sin fin de productos que tanto incluyen piratería de ciertas marcas como marcas fabricadas en China, la ventaja es que como zona libre no hay que pagar los impuestos, solo el precio del producto. Es parecido a Tepito y puedes encontrar productos desde un dólar; sin duda es una buena opción si te encuentras al sur de México. Eso sí, si piensas comprar vinos lo mejor es hacerlo en tiendas tipo duty free, no vaya a ser que compres una bebida adulterada y como decimos en México, te salga más caro el caldo que las albóndigas. Mientras estábamos de shooping, uno de los vendedores nos dijo que el 20 en la noche celebraban la fiesta de Independencia, ¡vaya coincidencia!

Además de esta zona de compras, existen casinos. Si ya estás en Sta. Elena, pasa a los casinos. Nosotros siempre apartamos una pequeña cantidad para ir a divertirnos con las máquinas ya que si estás jugando te sirven bebidas gratis, y en cuanto se nos acaba nos vamos contentos, pues ya bebimos y jugamos con la suerte.

El primer cruce de frontera se encuentra a unos pasos, ahí tardamos un poco y con el calor que hacía, lo sentimos más. Además de mostrar nuestro pasaporte por la camper tuvimos que enseñar todos los papeles. No podíamos llevar ni cervezas, gaseosas, carnes ni cítricos; ahí se quedaron mis naranjas y limones… Por la camper no nos cobraron nada, pero como buenos influenciados en la tradición sajona, tuvimos que pagar un seguro obligatorio de 29 dólares por la semana.

La verdad a mí siempre me pone nerviosa cruzar fronteras; no me siento cómoda en la revisión con los agentes aduaneros que siempre tienen esa mirada inquisitiva. Eso sí, con todo y su mirada y que hablan poco español son muy amables. Al primer lugar que llegamos fue Corazal, un poblado cerca del muelle que lucía muy calmado con hermosas casas de madera, nuevamente de influencia sajona. Me encantó que alrededor del muelle tienen parques para que la gente disfrute de la maravillosa posibilidad de tener al mar (o en este caso la laguna) cerca de casa. Estos parques además de contar con espacios para picnic, juegos para niños, también cuentan con numerosas entradas para nadar, así como resbaladillas. Ahí solo pasamos un pequeño tiempo, pero nos encantó su tranquilidad y buena vibra.

Seguimos por la carretera hacía al sur, en un principio habíamos pensado pasar la noche en Orange Walk, pero con todo y que tenían para la celebración una feria; decidimos seguir hacia el sur hasta su ciudad más grande, Belice City. Durante el trayecto recibimos muchos comentarios de que Belize City es peligroso, así que nosotros preferimos por la hora pasar la noche en las afueras de Ladyville. Una familia muy agradable nos prestó su jardín para pasar la noche.

Al día siguiente en cuanto despertamos nos dirigimos a Belize City. Desde que llegas notas el aire citadino del lugar. Al igual que Corazal, el muelle tiene espacio para la gente, aquí ya se puede notar la presencia de la raza negra en todo lugar. Teníamos pensado ir a San Pedro, pero entre que los horarios no nos quedaban y que forzosamente teníamos que regresar a Belize City a “cuidar” la camper, preferimos dejarlo para otra ocasión. Así, empezamos a descubrir Belize City, una ciudad sumamente bella. Llena de colorido, gente muy amable y los mejores precios de correo que hemos encontrado (¡una postal es enviada por 15 centavos de dólar!).

Desde que llegamos ya se preparaban para la fiesta y al dar las ocho de la noche, los puestos de comida, raspados, fotos y el escenario ya estaban listos. Algo que notamos fue que tienen un espíritu patriótico incluso en sus cantantes locales. Todo es Belice y su amor hacia ello. Después de un aguacero que casi arruina la celebración, presenciamos el desfile y las palabras del primer ministro. Al terminar el acto, en medio de un operativo de mucha seguridad, se continúo con la fiesta. Yo no sé si por la fecha en que llegamos, pero nosotros nunca nos sentimos temerosos, ni en una ciudad tan peligrosa como nos había platicado. Al día siguiente después de ver comenzar el desfile del Carnaval, continuamos nuestro camino.

Llegamos a Belmopán, capital de Belice a mediodía, notamos que es un lugar muy nuevo con casas en grandes terrenos y al igual que lo habíamos visto en los anteriores lugares, aquí la religión es la que lleva la educación.

Continuamos a San Ignacio que es el poblado fronterizo con Guatemala. Aquí se siente una vibra mucho más relajada que en la ciudad. Los que conocen dicen que es el pueblo hippie del país. Si de por sí en todo el país escuchas reggae, aquí escucharás mucho más. Aquí seguía la fiesta y disfrutamos del carnaval. En un jardín enorme estaba la zona de comida, una gran carpa y una zona de juegos para niños. Regresamos unas horas después y la fiesta ya estaba en grande. Un artista local animaba a todos a bailar. Salimos sin cámara, pero les puedo asegurar que los beliceños saben divertirse. Nos gusto mucho San Ignacio, así que nos quedamos un día más a descubrirlo.

De aquí continuamos a la frontera con Guatemala, donde tuvimos que pagar $37.5 dólares beliceños por persona para salir del país (¿y qué pasa si no traes dinero?). $7.50 de este pago son para la conserva de sus zonas protegidas. Eso se me hizo buena idea, pues en Chiapas cada que cruzas una te cobran, mejor así tener un cuota que abarque todas.

Como dato, el dólar beliceño está a la mitad del dólar estadounidense. Para México es algo así como $6.30 pesos.

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Pensamiento beliceños

Al pensar en Belice lo que se me venía a la mente eran mis clases de secundaria donde me hicieron repetir, hasta memorizarlo, que México tenía como frontera sur Belice y Guatemala, y en la norte gringolandia. Y así paso en mi vida la existencia de los beliceños, como un algo que empieza al sur del rio Hondo y termina quién sabe dónde, eso sí, no muy lejos, porque es chiquito.

Belice, hoy en el s. XXI es una particularidad de la América al sur del rio Bravo: es un país con una prominente población de raza negra, donde lo criollo se sobrepone a lo mestizo, donde lo sajón es la regla y lo hispano resulta ajeno. Aunque en la zona denominada caribeña esto es lo común y la regla, resulta peculiar en la América continental, donde nombres como Belice, Surinam o las Guyanas resultan extraños y ajenos, a pesar de convivir en el mismo espacio que todos los demás.

Durante nuestra estancia hemos aprendido un poco de este hermoso y pequeño país: es un país muy joven que logró su independencia a finales del siglo pasado, apenas en 1981; nuestra estadía aquí coincidió felizmente con sus festejos y su 29 aniversario, que son el “grito” a la medianoche del 20 de Septiembre, y los desfiles y fiesta durante todo el 21.

¿Qué constituye al pueblo beliceño? Pues una mezcla de mucho, que a la vez no es lo mismo, y por lo tanto, resulta novedoso en nuestra América llamada Latina. De ahí su gran especificidad: es una colonia británica en todo el sentido que la palabra contextualiza en América, es decir, devastación de las culturas originarias, pocos colonos ingleses y muchos, desgraciadamente muchísimos, esclavos africanos. Así, en el siglo XVI se contaban apenas 200 ingleses y más de 3,000 esclavos. El territorio que ocupa hoy en día Belice fue reclamado, en algún momento, por la corona española, pero debido al enclave de piratas y corsarios ingleses en la zona, a la lejanía de sus centros de interés, y a la falta de mayores beneficios, la corona española no hizo muchos intentos por “recuperar” la región, si es que se puede reclamar algo que ralamente nunca fue propio; lo que desembocó en la primera fecha “nacional” de Belice: la batalla del Cayo de San Jorge en 1798. En esta fecha lo que se rememora es la derrota definitiva de los españoles en la región, a manos de los ingleses.

Pero el imaginario colectivo, ayudado infinitamente por los medios británicos, promovieron esa fecha donde “hombro con hombro” los negros y los blancos arrojaron a los “conquistadores” para obtener un territorio “libre”. Vale la pena, a nuestro juicio, ahondar un poco más en esto: esta batalla representa el primer referente en la historia de Belice: no lo representan los asentamientos mayas, de quienes comúnmente se dicen que ya habían abandonado la región antes de la llegada de los piratas (lo cual es falso), ni lo representa la misma llegada de los británicos, ni siquiera lo es la llegada de los primeros esclavos. Aquello que constituye su primer momento es cuando, conquistadores/conquistados “derrotan” una amenaza extranjera que pareciera común para ambos. Ultimadamente los españoles no eran ninguna amenaza para los negros, ellos seguirían viviendo como lo habían hecho bajo las órdenes inglesas, nada habría de empeorar, aunque justo sea dicho, tampoco hubiera mejorado. Lo que esta fecha representa es el intento inglés de repeler todo lo “hispano” de la conciencia de los negros ahora beliceños, fomentando la creencia de una tierra virgen que llegó a ser colonizada en “común” por ambas razas, como si fuesen amigas y hermanas desde que tuvieron el infortunio de conocerse.

La segunda fecha importante para los beliceños es, necesariamente, la declaración real de su independencia: a las doce de la noche del 20 de Septiembre de 1981. Aunque el Reino Unido había decretado la autonomía de la provincia desde los años 60, esta no se había materializado por dos motivos: primero, debido al reclamo guatemalteco del territorio como propio y por el temor inglés de que la región se “hispanizara” y dejara de pertenecer a su círculo de influencia, es decir, el Commonwealth.

Así, Belice se nos aparece como un país aún muy joven, con todo el camino por hacer aún, pero al mismo tiempo, con todas las posibilidades aún enfrente, a su disposición. Es un país perteneciente a América Central, pero que se asemeja más a las islas caribeñas en su modus vivendi. “Belice tiene su cuerpo en Centro América, pero su espíritu en el Caribe”. Esta nación, a fin de cuentas, representará el sincretismo último de toda América: lo hispano con lo sajón, lo indio con lo negro, lo mestizo con lo criollo. ¡Viva Belice!

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