La entrada a Ecuador

Salimos de Colombia por Ipiales y cruzamos el Puente Internacional Rumichaca para entrar en Ecuador. ¡Tanto nos han hablado de sus bellos paisajes y lugares! El proceso de Migración fue ágil y sin demasiadas preguntas; aduanas otro tanto: un juego de las fotocopias reglamentarias (propiedad del vehículo, licencia, pasaporte y sello de entrada de migración) y unas cuantas preguntas. Nos encanta que no cuesten estos trámites. No deberían costar.

Ya en Ecuador, el primer poblado, el fronterizo, es Tulcan. A diferencia de la inmensa mayoría de zonas fronterizas, que son feas, mala vibra y lo único que uno desea es salir de ahí, Tulcán es un bonito pueblo colonial que históricamente ha sido la frontera entre la Nueva Granada y la Audiencia de Quito. El cementerio es un lugar digno de conocer: son puros nichos, no tumbas, en elegantes edificaciones rodeados de hermosos jardines bellamente arreglados y arbustos podados con la figura de diversos animales, signos y símbolos propios del país.

De Tulcán tomamos la Panamericana hasta Ibarra donde pasamos nuestra primera noche en Ecuador. Este lugar es ya una ciudad propiamente dicha, pero en definitiva no ha perdido el encanto ni el espíritu. Su centro es muy bonito y agradable de recorrer caminando. Sus calles empedradas hacen lento el tránsito vehicular y aumenta la seguridad de los peatones. Tiene varios jardines rodeados por construcciones hermosas y conventos o iglesias. Además, en las cercanías de Ibarra se encuentran varios lagos andinos con su hermosa vista: el páramo, el viento frío pero suave, el agua cristalina reposando tranquila rodeada de un verdor que le debe la vida.

Salimos de Ibarra con rumbo fijo hacia Quito, pero no sin antes detenernos en Otavalo, un bello pueblo indígena y artesanal. El pueblo es bonito, pero el real atractivo del lugar es su marcado de artesanías: es un tianguis ubicado en la segunda mayor plaza, donde la gente, en su mayoría indígena, vende sus productos: pantalones, faldas, blusas, camisas, calcetas, gorros, bufandas y diversidad de productos textiles. También venden productos textiles de lana de llama, que es suave, caliente y muy agradable al tacto.

Cerca de Otavalo se encuentra la laguna de Cotocachi, y decidimos pasar ahí una noche. La laguna está en la cima de una pequeña montaña, en una depresión que pareciera un cráter de lo que alguna vez fue un volcán activo; sin embargo, no es más que una depresión producto del relieve entre las montañas. La laguna es hermosa y cuentan que era sagrada. Sin duda alguna, el paisaje y su locación lo hacen sentir a uno cerca del cielo.

Salimos de Otavalo y continuamos la Panamericana hacia el sur, hacia Quito, esa ciudad hermosa heredera de tanta historia.

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