El Eje Cafetero

Después de los hermosos días en Medellín, nos dirigimos hacia Manizales para visitar el famoso Eje Cafetero, que lo constituyen el eje entre las ciudades de Manizales, Pereira y Armenia, junto con las zonas aledañas. De esta región del país es de donde proviene uno de los mejores cafés del mundo, llena de fincas cafeteras.

Manizales es una bonita ciudad enclavada en las montañas, “la fábrica de atardeceres” según Pablo Neruda. Después de un viaje largo desde Medellín, llegamos a Manizales ya de noche y con algunas advertencias sobre su inseguridad de por medio. Como siempre, uno de nuestros mayores problemas en Colombia es el estacionamiento, ya que no es fácil encontrar un lugar seguro donde dejar el auto y de donde tampoco te quite los vecinos o la policía. Dejamos el auto y nos hospedamos en un hotel bonito a unas cuantas cuadras del centro.

Al día siguiente salimos a conocer la ciudad: su catedral neo gótica es muy impresionante, a los tres nos fascinó. Su plaza central también es muy bonita, con una estatua muy moderna de Bolívar a caballo. A diferencia de Venezuela, donde todas las plazas centrales son la Plaza Bolívar, y donde, además, siempre hay una estatua o un busto de estilo clásico del Libertador, en Colombia, ahí donde hay estatuas suyas hay estilos muy variados. Nos gusta la variedad.

La ciudad nos estaba encantando, y al calor del Mundial de Futbol no faltaban pretextos para sentarnos a tomar una cerveza y disfrutar de los partidos. Al segundo día fuimos a una zona elevada de la ciudad. Llegamos caminando, y aunque no es muy retirado la subida era empinadísima; al final, valió la pena, ya que gozamos de una de las vistas más asombrosas de la ciudad: la valles enfrente de nosotros y la ciudad detrás, majestuosa, en la cima serrana, rozando las nubes.

Después de dos noches en Manizales tomamos rumbo a Pereira. Esta ciudad es más pequeña y un tanto más acogedora que nos atrapó por dos días también. Tiene una muy bonita calle peatonal llena de comercios y de buenos precios. Colombia se distingue por su buena industria textil, por lo que fuimos a conocer algunas tiendas, y fue tanta la tentación, que Don Peter se compró varias camisas. Su costo oscilaba entre los 25,000 y 35,000 pesos colombianos, algo así como 13 y 18 dólares. No estaba nada mal.

Después de Pereira seguimos hacia Armenia, pero decidimos no seguir por la vía principal, sino más bien tomar alguna vía más panorámica. A medio camino tomamos una desviación no prevista hacia Filandia. Que afortunada decisión. Este pueblito de encanto es realmente mágico: no son más que unas cuantas caudras alrededor de una plaza principal muy bonita y ricamente colonial. No estaba muy conservada, aunque tampoco se veía mal; más bien le daba un aire de autenticidad, de que no estábamos en un lugar arreglado ex profeso para atraer visitantes, sino en un lugar que simplemente es hermoso. Además, su paisaje no podía ser mejor: en medio de las montañas, bañado por la bruma vespertina y salpicado de pequeñas colinas por doquier. A las afueras de Filandia hay un mirador, una estructura de madera de unos 6 pisos de alto: si con visitar el centro nos habíamos encantado, desde el mirador el enamoramiento fue inevitable. En particular a Don Peter le pareció un lugar de ensueño.

Siguiendo esa ruto cruzamos por otro poblado lindo, Quimbaya. Este lugar es más poblado, y aunque tal vez aún no podría tener el estatus propio de una ciudad, tampoco es un pueblito provinciano. Es un lugar bonito donde aprovechamos para comer algo y continuar camino hasta Armenia.

Armenia no es tan atrayente como Manizales o Pereira. Es una ciudad un tanto descuidada y sucia, lo que le da una apariencia fea. Ahí nos hospedamos en un hotelito a las afueras de la ciudad, siempre peleando por conseguir un estacionamiento. Después de los lugares que ya habíamos visitado, Armenia no nos provocó mucho, y preferimos continuar el viaje al día siguiente y aprovechar los días. En un inicio trazamos la ruta Medellín-Eje Cafetero-Bogotá porque Don Peter de ahí regresaba a México; pero mientras estabamos en el Eje Cafetero lo convencimos de posponer su viajen dos semanas y cambiar su destino de salida: en ves de dejarlo en Bogotá lo haríamos hasta Quiro. ¡Nuestro viaje se alargaba! Pero también teníamos que hacer rendir los días.

Salimos de Armenia hacia Calarcá, donde sabíamos existe un mariposario ¡con forma de mariposa! que Elena no se quería perder. El lugar es hermoso: una reserva ecológica con muestras de flora de todo el país, pero que se especializaban en las especias de palmas. En Colombia existen muchos diferentes tipos de palmeras. Al final del recorrido por la reserva está el mariposario, un lugar hermosísimo donde estar en contacto directo con tan hermosos seres.

De Calarcá decidimos tomar rumbo un poco hacia el norte y conocer Salento, que parecía un hermoso pueblito montañés. Nada lejos de nuestras espectativas. Salento es un pueblo lindo, con gente hermosa, y muy tranquilo. En verdad vale la pena conocerlo, aunque bueno, al parecer también está incluido en las guías Lonely Planet, ya que ahí nos cruzamos con una concentración inusual de turismo gringo. Y aunque el lugar nos encantó, debíamos continuar hacia Bogotá. Tomamos rumbo hacia Ibagué, una ciudad entre la zona cafetera y la capital. Ahí pasamos sólo una noche. Aunque la ciudad está limpia y bien conservada, con un centro también bonito, no tiene mucho que ofrecer para los visitantes, ya que es una ciudad de muchos comerciantes.

Saliendo de Ibagué decidimos hacer un desvío, o más bien, una nueva ruta: en lugar de tomar directo hacia Bogotá, subiríamos hacia Honda para entrar a Bogotá por Guaduas. Al llegar a Honda le dimos una vuelta a la ciudad, pero también nos enteramos que el paso hacia Guaduas estaba cerrado, y que había que esperar varias horas antes de que lo abrieran de nuevo. Aunque Honda tiene bonitos edificios, no es un lugar propiamente bonito, y nos sentamos a esperar en un porque que pasara el tiempo. No estuvimos ahí una hora, cuando unas señoras nos advirtieron que un par de chicos nos observaban de manera muy sospechosa y que lo mejor era irnos de ahí. Con el susto aquel tomamos un taxi directo al coche y seguimos el rumbo: sería mejor continuar la espera en un lugar más seguro.

Después de esperar unas dos horas más en la carretera donde el paso estaba cerrado, por fin pudimos continuar hacia Bogotá. Alguien nos había dicho que Guaduas era bonito, que pasarmos a conocerlo, y como el tiempo se nos vino encima por el retraso carretero, debíamos pasar la noche en algún lugar antes de llegar a Bogotá. Que bueno escuchamos el consejo. Si lo que habíamos estado viendo era realmente fascinante, Guadas resultó ser la cereza del pastel. Es un pueblo realmente hermoso, muy colonial y conservado, pero que posee un espíritu antiguo que se respira en sus calles y en sus paredes. Es una ciudad blanca de tejas, con muy bonitos edificios y decoraciones. Sencillamente, un lugar para volver y nunca olvidar. Pero Santa Fe de Bogotá, antigua capital de la Nueva Granada nos espera.

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One thought on “El Eje Cafetero

  1. Este tema de Turismo es muy útil y me ha ayudado un montón. Espero contribuir y ayudar a otros usuarios como usted me ayudo. Buen trabajo.

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