Pequeña remembranza centroamericana

Nuestro paso por Centroamérica fue vivir un poco su historia, su pasado, su presente. Debemos ser humildes y aceptar nuestra ignorancia, teníamos una vaga idea de lo que sucedía, pero hasta llegar ahí, convivir con su gente y enterarnos ya sea por escritos o por la viva voz de la gente fue introducirnos en una América casi desconocida. Como americanos, Centroamérica figura dentro de las regiones más desconocidas por nosotros. Pareciera que esa región no es más que un puente entre el Norte y el Sur, un lugar por el que hay que cruzar si se desea llegar a México o a Argentina; a lo más, en el discurso reconocemos el Canal que le ha dado tanta fama a su país, reconocemos a un Sandino, a un Darío o a una Rigoberta. Sin embargo, esta región privilegiada del mundo encierra demasiada historia, demasiada riqueza y cultura.
Es muy curioso como en un espacio tan pequeño (geográficamente hablando) se den diferentes tipos de personalidades, sin duda no podemos generalizar, pero en cada uno se definía más que un centroamericano, un hondureño, guatemalteco, salvadoreño, nicaragüense, costarricense y panameño, es más, al beliceño se le considera más isleño que como una nación propia. Incluso entre muchos de ellos aún viven las rencillas del pasado o del presente. Tan pequeño y tan desunido a la vez…
Los territorios que hoy constituyen Centroamérica fueron habitados, hasta lo que hoy sería el norte de Nicaragua, por poblaciones pertenecientes al grupo maya. Copán, en Honduras, es el claro ejemplo del esplendor que tuvieron estas culturas antes de la llegada de los europeos; ya en el siglo XII esta región vivía su máximo esplendor. Más al sur de Ometepec, las culturas nativas tuvieron un florecimiento menos acelerado y más tardío; sin embargo, por lo general, sobrevivieron mejor la llegada de los conquistadores, como los Bruncas en Costa Rica, o los Bri-Bris del norte de Panamá. Los primeros incluso celebran el año nuevo gregoriano no como el advenimiento de una nueva revolución de la Tierra alrededor del Sol, sino como un recordatorio de la lucha que ellos, como pueblo, han tenido que librar históricamente en contra del blanco, del europeo. Así, su fiesta más importante gira alrededor del acto emancipatorio: representan al español con un toro, el cuál en un primer momento mata a todos los varones de la villa; sin embargo, después de que el último hombre ha “muerto” -que siempre es el más anciano de ellos- las mujeres los reviven alimentándolos, dándoles nueva vida para poder acabar con el conquistador. Después de revivir a uno por uno, y ya que todos volvieron a la vida, se abalanzan contra el toro quemándolo, representando de este modo su victoria -al menos cultural- sobre los españoles. Esta fiesta dura tres días y se le conoce como la “Fiesta de los Diablitos”
Aún queda muchas dudas sobre por que si Costa Rica y Panamá viven está época de bonanza y los ticos con su fama de ser tan amables, ecologistas y demás, no se consideren parte de Centroamérica. No al menos para las relaciones con sus países vecinos. Costa Rica es uno de los países más caros tal vez de toda América. Muchos nicas, como se les llama a los nicaragüenses, llegan a hacer trabajos que los ticos no quieren hacer. Sin embargo, aún siendo países vecinos, el racismo es impresionante.
La ansiada vida yanqui de los salvadoreños es un caso digno de mencionar, creo que fuera de Estados Unidos, nunca había visto tantos centros comerciales, al menos no de ese tamaño. El Salvador es el país más pequeño de la región cuenta con un gran despegue económico y cultura, su principal entrada de dinero son las remesas. Los maras comenzaron como un grupo de inmigrantes en Estados Unidos que al regresar a casa decidieron empezar a cobrar “renta” a cambio de no hacer daño a los pequeños empresarios salvadoreños. Este país fue cede de las investigaciones militares y de inteligencia yanquis en la región (de hecho, este país cuenta con la embajada norteamericana más grande de América Latina); también fue desde ahí que se orquestaron las diferentes intervenciones, golpes de estado y sucesiones presidenciables de toda la zona, siempre, como lo es todo coloniaje, en pro de los intereses del imperio económico norteamericano.

Centroamérica, como territorio moderno post 1492, nace como una dependencia del Virreinato de la Nueva España. A su paso los españoles no encontraron las riquezas anheladas, no al menos en la cantidad que esperaban, pero sí encontraron una selva espesa difícil de habitar con relativamente pocos indígenas, por lo que nunca desempeñó un papel protagónico como colonia de la metrópoli. Con la Independencia de la Nueva España en 1821 todos los territorios centroamericanos, menos Panamá que pertenecía a la Nueva Granada, pasaron a constituir México; sin embargo la unidad no duró mucho, y cuando Iturbide formó el Imperio Mexicano, Centroamérica se constituyó como nación independiente, naciendo así la República Centroamericana.
La República Centroamericana tampoco duró mucho: habiendo sido Guatemala la provincia más favorecida económicamente durante la colonia, el resto de los territorios –Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica- tuvieron recelos de que el mismo destino les depararía permaneciendo como República, por lo que, una por una, fueron proclamando su propia independencia. Así, para la tercera década del siglo XIX cada provincia centroamericana se constituía como nación independiente. Esto fue aprovechado por las grandes empresas transnacionales como United Fruit Company, donde a cambio de un “progreso” les pidieron sus tierras para convertirlas en “repúblicas bananeras”. Erosionando sus tierras y creando una sobreproducción.
Panamá y Belice, cada uno en un extremo, tienen historias diferentes. Belice como una zona alejada del Virreinato de la Nueva España fue colonia inglesa. Incluso, para la historia en Belice, los ingleses los defendieron de la colonia española y hasta 1989 les otorgaron su independencia. El caso de Panamá es especial, ya que su independencia no se opera como un movimiento en contra del colonialismo, sino que tuvo otra génesis. Perteneciente al Virreinato de la Nueva Granada, Panamá y Colombia se emancipan de la metrópoli con la victoria de Simón Bolívar. Para finales del siglo XIX varias potencias occidentales, como Estados Unidos y Francia gestionaban la concesión de una parte del territorio para la construcción de un canal que uniría el Océano Pacífico y Atlántico. Esto sucedía en la última década de ese siglo. En una primera instancia se pensó en el gran Lago de Nicaragua que cruza de ambos lados, pero este país se negó. Colombia también se negaba a conceder el paso, pero el imperialismo tenía un as bajo la manga, sólo dos años después de que les es negado el permiso, el actual territorio de Panamá declara su independencia de Colombia -ayudados, obviamente, por los Estados Unidos, quienes ofrecieron su acostumbrada “protección”. Estados Unidos tuvo bajo su poder el canal hasta 1998, donde después de muchos levantamientos, deciden dejar en manos de los panameños el canal que les pertenecía. Ambas naciones aún son muy jóvenes en realidad.
Este intervencionismo estadounidense se repite en el territorio a todo lo largo del siglo pasado: Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala sufren intervenciones de ese país. Como visionariamente dijo Simón Bolívar: pareciera que ese país, en nombre de la libertad, estaba predestinado a sembrar de miserias nuestra hermosa América.
También pareciera que entre más pobreza y necesidad pasen los habitantes, su proyección artística fuera mayor. Así, Rubén Darío es considerado uno de los máximos exponentes de la literatura latinoamericana. En cambio, Costa Rica y Panamá que en la actualidad cuentan con bastantes espacios para la expresión, aún no pueden ser llenados por los talentos nacionales. Centroamérica como pueblo guerrero ha vivido un esplendor cultural y emancipatorio poco conocido: las luchas políticas de Honduras, la revolución nicaragüense, la guerrilla en el Salvador que en México es firmada la paz con los acuerdos de Chapultepec. De todos estos movimientos aún encuentras personas que te relatan como es vivir en guerra, escondiéndose, huyendo muchas veces de su país con el temor de ser un número más de los muertos.
Hablando de Centroamérica como un espacio geográfico (y no sólo político o económico) cuenta con una diversidad espectacular de lugares y ecosistemas: desde villas indígenas, hasta grandes ciudades llenas de rascacielos, playas paradisiacas y bosques lluviosos pasando por la selva y el desierto; playas blancas, aguas cristalinas, cielos azules y despejados, y la perene niebla de los volcanes, incluso hay alguno de ellos activo, y con un poco de suerte, se puede experimentar un espectáculo nocturno lleno de fuego. Ni hablar de la gente, donde predominan, como casi en todos lados, la gente buena, afable y cortés.
Definitivamente América Central representa una región por descubrir, llena de sorpresas y atractivos; llena de gente, tradiciones y culturas vivas que esperan ansiosas a los visitantes de todo el mundo.

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2 thoughts on “Pequeña remembranza centroamericana

    1. Hermano! Todo bien, ya de vuelta en Pto. Ordáz, y corriendo para salir a Colombia la siguiente semana! Nos encontramos con los panas de la renoleta y de Argentina a Alaska, re copado! Un abrazote para ustedes todos.

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