Cayo sombrero y la mala experiencia en Chichiriviche

Cayo Sombrero
De Coro la siguiente parada fue Chichiriviche. Desde que conocimos al grupo de música Dame Pa’ Matala hemos tenido muchas ganas de conocer esa playa que hasta canciones merece. El lugar es paradisiaco: el agua azul turquesa, la arena blanca, cayos blancos llenos flora y fauna justo enfrente. La verdad sea dicha, el pueblo es feo feo. Pero al final, uno no llega ahí para encontrarse un pueblo encantador, sino por el paisaje y por las playas.

Tuvimos la suerte de que, recién llegamos, nos encontramos con Josué, un amigo mexicano que conocimos en Panamá y que ahora reencontrábamos. Nos invitó a ir con él y unos amigos suyos de la posada donde se alojaban a Cayo Sombrero, el más alejado de todos. Ya habíamos pasado un día entero pegados a la computadora trabajando, así que que mejor que tomarnos un día libre en los famosos Cayos de Venezuela.
Cayo Sombrero
Al día siguiente nos levantamos temprano y fuimos al encuentro de nuestros amigos. Desayunamos y alistamos todo para la pequeña travesía, ya que el plan era pernoctar allá. Previo, encargamos con la gente de la posada la camioneta, y la estacionamos justo enfrente. El cayo, valga la repetición, es el paraíso: el mar de azules intensos y hermosos, playas que se van haciendo profundas poco a poco, lo que permite apreciar la flora y fauna submarina, ya que las aguas son completamente cristalinas. Uno no tiene que nadar ni 25 metros y se encuentra en un arrecife de coral que además te permite permanecer a flote, por lo que es muy seguro aún para nadadores poco experimentados.
Cayo Sombrero
Cayo Sombrero
Allá hicimos una fogata, preparamos arepas y tomamos sangría de vino. La pura fiesta con la mejor gente y la mejor vibra. Cabe señalar que era una de las pocas ocasiones en las que salíamos sin venezolanos.Bueno, iba Gurú, pero el apenas tiene cinco meses. Todos los demás de diferentes países intercambiando ideas, quemando bombones, pasándola bien. Al día siguiente el lanchero pasó a recogernos para dejarnos de vuelta en Chichiriviche. Aquí empezó todo el mal viaje: apenas llegamos nos dimos cuenta que habían abierto la camioneta y nos habían robado TODO lo de valor. Esta vez no fue ropa como en Maracaibo. Cometimos el error de dejar todas las cosas, nuestras y de nuestros amigos, en la camioneta, por lo que los malandros dispusieron de un gran botín. Para no hacer el cuento largo, hemos de haber perdido unos $1,400 dólares entre todos. Este ha sido EL mal viaje de todo nuestro viaje. Cuando preguntamos a la señora de la posada, nos respondió “Esto es Venezuela, aquí siempre roban”. Malditos rateros. Cuando acudimos a la policía todo empeoró: simplemente no podían (léase: querían) hacer nada y teníamos que ir al siguiente pueblo, a una hora, para que la “policía investigadora” llegara a auxiliarnos.
Muchos no querían ir a denunciar, pues sabían que no iba a pasar nada. La verdad creemos que es nuestra obligación cívica ir a levantar la denuncia, pero al final, sí fue una pérdida de tiempo: llegaron, tomaron unas huellas y se fueron; había que esperar no sé cuento tiempo para que la investigación realmente empezara. En sus propias palabras: “Aquí no es calidad, sino cantidad. A cada caso le destinamos un tiempo y resolvemos los que se pueden”. Me imagino yo que con esa manera de pensar, no han de resolver ni uno. Pero en fin, el caso no es la calidad, sino la cantidad.
Cuando la mujer de la posada, junto con su hija y los vagos que nos robaron vieron a la policía se inventaron un cuento de que nosotros los habíamos robado, que ella todavía de buena onda que nos dejaba quedar en su mugrienta posada y nosotros éramos malagradecidos. Ese día en verdad fue todo lo contrario al anterior.
Nosotros queríamos que se hiciera algo, todavía la alcaldesa Nawal El Bacha nos dijo que nos ayudaría, incluso hizo llamadas contando como a ocho extranjeros los habían dejado sin plata. Todo fue puro hablar.
El día que fuimos a hacer la denuncia ante la policía investigadora y que el joven que nos tomaba la declaración hacía caso omiso a nuestras quejas y sólo apuntaba a escribir en la última pregunta: ¿Tiene algo más que decir? No, nada. Ni toda la saliva que gastamos. Parecía que no nos escuchaban.
Regresamos a la alcaldía, donde nos habían guardado los bolsos y preguntamos quien nos podía ayudar. De ahí nos mandaron con Fabiola, una artesana de lo más chevere. Nos recibió a los nueve con todo y perro, nos hizo sentir aliviados y cómodos de nuevo, ya sin malviaje. Claro, andábamos sin un peso, pero al menos ya podíamos dedicarnos a hacer taller para salir en la noche a vender. Fabiola fue una luz en medio de tanta oscuridad.
Obviamente, al final, salimos huyendo de Chichiriviche, y lo suficientemente bajoneados como para considerar seriamente salir ya de Venezuela. Sólo nos retuvieron las ganas de llegar hasta el estado Sucre, en el delta del Orinoco, justo enfrente de Trinidad y Tobago, y desde una perspectiva geográfica, llegar al final (o al inicio, que todo depende de la perspectiva) del Mar Caribe: desde Cancún hasta el Orinoco; sólo harían falta las Antillas, que dejaremos para un futuro que esperamos no sea muy lejano.
Cayo Sombrero
Cayo Sombrero

Como teníamos un Couch en Valencia, decidimos jalar para allá y buscar ahí reparar la camioneta y nuestros ánimos. Sabemos que no hay mal que por bien no venga, pero en lo que éste llega… seguimos con el sabor amargo en la boca.

Por cierto la posada maldita es: La Casa de Luisa. Cerca del malecón. Queríamos ir a marcar su casa, pero al final, todos somos chicos buenos. Pueden creer que todavía la cínica se fue a pasear enfrente de nosotros a comprar discos piratas, cuando ni reproductor de música tenía, obvio tenía, pues con tanto dinero (y más en Venezuela) le da para vivir tranquilamente más de un año.

Aún lo que no supero son mis plumones, estilografos y lapiceros finos. De todo lo que me privé para comprarlos en la carrera para que esos chundos que ni los saben usar los tengan.

Posts Relacionados:

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

2 thoughts on “Cayo sombrero y la mala experiencia en Chichiriviche

  1. Buenos dias.

    Soy frances y vivi mucho tiempo en Venezuela, ahora lo hago de manera intermitente dependiendo de mi trabajo. Conozco muy bien todo el pais, sobre todo Aragua, Carabobo y Falcon y la verdad creo que vas mas alla de tus hechos particulares y como dejas una duda sobre la generalizacion. Es verdad, Venezuela es un pais daniado por la politica a la cual la impulsa la injusticia, lo cual es sumamente lamentable sobre todo cuando puedes comparar dos tiempos llamandose uno bueno como fue en los 90s y malo como lo es actualmente, pero mas alla de eso te puedo decir como europeo, como una persona que comoce 12 paises que los venezolanos tienen una inteligencia unica, un encanto unico, una cultura unica que los hacen ser especialisimos, y no creo que puedas hablar de muchos o todos o presumir con tus lapiceros y aparte decir que no saben usar. Yo con eso creo que dices que los venezolanos no saben usar lapiceros. Hasta cuando se denuncia algo debe tenerse cuidado. Venezuela no es solamente fumarse una vara a las 6 de la tarde en Cayo Sombrero viendo el atardecer en el muellecito o surfear en Cuyagua, o un LSD en una noche de fogata sobre la arena de no se que playa. Venezuela el dia a dia, la gente, la arepa con queso churuguara, escuchar Florentino y el Diablo cantado por dos llaneros en el Rio Capanaparo en Apure, escuchar poesias de la voz de una viejita en la Plaza Bolivar de Merida. Hay que tambier exponer lo bueno y no solo de lo transparente que es el agua, o si al fondo de cayo Sombrero es buenisimo para hacer el amor a las 11 de la noche porque no pasa nadie. Aprovecho presentarme como abogado, profesor de ciencias juridicas y politicas en l’ecole de commerce de paris, universidad de carabobo derecho penal. Fotografo documentalista. A tu orden en Paris y Valencia.
    Mi site sur internet: http://www.flickr.com/photos/le-pix/

    Michel Lépinoux

    1. Michel,

      Muchas gracias por tu comentario, si hay algo que nos agrada es que este espacio esté abierto a la discusión y al descubrimiento de nuestra hermosa América. Y antes que nada queremos hacer una aclaración: a nosotros Venezuela nos robó el corazón y a cada viajero que conocemos le insistimos en que visiten ese hermoso país: sus costas caribeñas, sus hermosos desiertos y páramos, así como los llanos y la exhuberante Gran Sabana; pisar la tierra de aquellos que hace 200 años libertaron esta parte del continente de la opresión europea: Bolivar, SUcre, Santander, Apure, y un larguísimo etcétera. Amamos Venezuela y algún día regresaremos a ella.
      Ahora bien, desgraciadamente, en cada lugar, uno habla, como decimos por estos lares, “como le va en la feria”. Así, Los cayos han sido de las más bellas playas que he conocido (te lo digo como latinoamericano que ha recorrido todo el Caribe continental, sin mencionar los más de 16 países que conozco hasta hoy). Sin embargo, ahí sufrimos el peor de los robos que hemos tenido en más 550 días que llevamos de viaje… Y eso también hay que decirlo.
      Pero, insistimos, esta no es la única experiencia que hemos tenido en Venezuela, y por seguro que no es la única de la que hablamos: sírvete revisar el resto de las publicaciones que tenemos sobre este hermoso país y notarás el genuino sentimiento de hermandad que nos ha unido…
      Ahora bien, un comentario suyo que sí me sorprende demasiado es aquél en que compara una “época buena” en Venezuela refiriéndose a los años 90, y una “época mala” como lo es ahora. Me interesaría saber desde dónde hace esta afirmación. Nosotros no conocimos Venezuela antes de este viaje, es decir, en el 2011. Sin embargo, sabemos de su famosa expresión en Miami “¡qué barato, dame dos!”. Tal vez a eso se refiere como la época buena, pero desgraciadamente eso depende del punto de vista, ya que toda aquella población que no era capaz de salir de sus pueblos no disfrutaron de la bonanza petrolera. Gente como esta, sí conocimos mucha en nuestro viaje. Ahora, por el otro lado, y dicho por ellos mismos, ya no pasan hambre, la gente más necesitada ha recibido ayuda y, bien que mal, el gobierno ahora tiene políticas sociales que les faltaron a todos los gobiernos anteriores. Eso, para nosotros y desde nuestra perspectiva, señala una mejor época en el país ahora que el pasado…

      Un saludo, y de nuevo, gracias!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>