Monthly Archives: May 2011

EL PÁRAMO VENEZOLANO

Paramo, de San Cristobal a Merida
Paramo, de San Cristobal a Merida
Cuando salimos por segunda vez de Mérida decidimos dirigirnos hacia la Península de Paraguaná, el “cuerno del rinoceronte”, como se figuran los venezolanos la geografía de su país. Decidimos también hacerlo por la vía larga y continuar recorriendo el Páramo, que tanto nos ha enamorado. Continuamos recorriendo la ruta del Libertador hasta el Pico del Águila, el punto carretero más alto de Venezuela (más de 4000 m.s.n.m.). Creíamos que la camioneta podría empezar a fallar a esa altura, debido al peso que carga encima y a la carencia de oxígeno debido a la altura. Una vez más Xochipilli nos demostró su valía recorriendo esos zigzags interminables hasta la cúspide, sin mayor trabajo.
De Merida a Trujillo, pasando por el pico del aguila
Antes de llegar nos desviamos hacia el observatorio astronómico, uno de los más grandes y antiguos de Latinoamérica. Sus cuatro torres dominan la colina en la que están construidos, e invitan al viajero a subir hasta ellos. Así lo hicimos. Cuál fue nuestra sorpresa al llegar que nos dijeron que ese día no se permitían visitas, que había que esperar hasta el fin de semana; fue una lástima, pero no podíamos esperar ahí. Más tarde nos enteramos que de las cuatro torres u observatorios sólo funcionan dos, ya que los repuestos de los otros nunca llegaron. Ya sabemos la historia del manejo del presupuesto que se hace en nuestros países y de la excelente organización que a lo largo de la historia, nuestros gobiernos han tenido.
De Merida a Trujillo, pasando por el pico del aguila
Continuamos el camino hasta que llegamos al Pico del Águila y ya estaba atardeciendo, por lo que decidimos pasar ahí la noche; la vista es espectacular, ya que la vegetación cambia por completo, dejando atrás los frondosos árboles para abrir paso a pequeños cactus que dominan todo el horizonte. Mientras escogíamos el lugar idóneo para acampar, nos encontramos con una camioneta de bomberos que venía de dar el rondín. Cuando les comentamos que pensábamos pasar ahí la noche, de la manera más amable, a la pura usanza venezolana, nos ofrecieron aparcar en su comandancia, para no pasar la noche solos, y de paso, compartirles algunas de nuestras experiencias. Regresamos, pues, a Aparcadero, justo el último pueblo antes de llegar al Pico del Águila, a unos siete kilómetros de ahí.

El recibimiento que nos hicieron los queridos bomberos es digno de recordarse, ya que no abrieron las puertas de par en par, nos prestaron la cocina y hasta nos ofrecieron un colchón para que pasáramos más cómodos la noche. Platicamos hasta entrada la noche, al final, había mucho que intercambiar con ellos. La verdad nunca habíamos pensado en acudir a ellos, pero a partir de ahora lo haremos, pues en verdad son personas muy amables.
De Merida a Trujillo, pasando por el pico del aguila
Al día siguiente retomamos el camino hasta Trujillo, pero no bien llevábamos media hora de camino cuando nos encontramos con un magno deslave, de esos que aparecen en los noticieros. La cola era inmensa y de plano no había paso hacia Trujillo, nuestro destino. Para nosotros no fue mucho problema: simplemente apagamos el coche, nos pasamos a la parte de atrás y nos cocinamos unas ricas arepas; si había que esperar, no teníamos que hacerlo con la pansa vacía.
De Merida a Trujillo, pasando por el pico del aguila
Por la tarde llegamos a Trujillo, un bonito pueblo colonia, aunque bien que mal, esperábamos algo más. Teníamos que entregar un proyecto de internet y los ciber cerraban a las seis. Después de preguntar encontramos el único que cerraba a las ocho, el cual, obviamente estaba lleno y tuvimos que esperar para poder hacer uso. Pasamos la noche junto a la catedral y al palacio de gobierno, para al día siguiente retomar la carretera. Pensábamos llegar directo a Coro, pero nos desviamos hacia Maracaibo para pasar la noche. No pudimos resistir la idea de compartir con nuestros amigos maracuchos unas cervezas más. Podíamos dejar la Península de Paraguaná para el día siguiente.
Volvimos el último viernes del mes, así que en La Estancia PDVSA había concierto, en esta ocasión no había tanta gente y todos al día siguiente teníamos que madrugar, así que fuimos a un bar cercano. La noche terminó tranquila y todos nos volvimos a despedir, sabiendo que seguramente nos volveremos a ver.

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Mérida, la Hermosa

El sábado muy de mañana salimos de San Cristóbal. No sin antes tener un pequeño percance con un chofer de autobús al cual le pegamos sin querer y primero la estaba haciendo de emoción. Nosotros pensamos, para eso tenemos seguro, pero resulta que el seguro sólo labora de lunes a viernes, así que tome usted todo y venga el lunes y a ver que pasa. Le ofrecimos ochenta bolos (aproximadamente diez dólares), los cuales no acepto, pero teníamos un billete de diez dólares, cuando se lo ofrecimos, al chofer se le ilumino la cara y fin de esa historia.

Tomamos camino por la vía “larga”, el Páramo hacia Mérida, la ruta de la Campaña Admirable del Libertador. Visitando todos los pueblitos lindos de la montaña. Yo, Elena, ya me sentía mal después de la cervezada, pero los paisajes andinos de Venezuela son realmente bellos. Almorzamos antes de llegar al Zumbadero, la más rica sopa de arveja que se puedan imaginar, junto con un jugo de moras. Delicioso. Tomamos chocolate caliente en la montaña y paramos hasta La Grita, después de cuatro largas horas de espera por gasolina. La verdad preferimos esperar cuatro horas y pagar menos de un dólar a no esperar y pagar entre cien y ciento veinte dólares como en la mayoría de los países.
Paramo, de San Cristobal a Merida
Paramo, de San Cristobal a Merida
Paramo, de San Cristobal a Merida
Paramo, de San Cristobal a Merida
Paramo, de San Cristobal a Merida
Al amanecer continuamos nuestro recorrido para llegar a Mérida el domingo, pues nos habíamos quedado de ver con Lu, Xavi, Jose y Ana allá. Le intentamos marcar varias veces, pero sin éxito. Estábamos recostados y ellos llegaron a nosotros. Desde el autobús vieron nuestra camper y ya estábamos juntos de nuevo.
Merida entre las montañas
Ese día fuimos recibidos por la familia Nuñez Diaz. Nuestros amigos se estaban quedando en su casa y nos dejaron estacionarnos en su fraccionamiento. Una de las pocas familias que conocen Belice, así que teníamos por fin con quien hablar de ese bello país. En la mañana, Victor nos llevo a probar la deliciosa Pizca Andina.
Merida entre las montañas
A la mañana siguiente nos vimos con Mary en la Plaza de las Heroínas, nos llevo a su bella casita en la montaña y entre la enfermedad, un rico frío que ya extrañábamos y el cálido recibimiento de la montaña pasamos ahí varios días.
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
En Venezuela el servicio médico es gratuito y yo quería conocer esos famosos intercambios de médicos cubanos por gasolina, pero triste desilusión, me tocó un médico venezolano. Los medicamentos aunque no me los regalaron fueron realmente económicos y es un alivio saber que puedes ir al médico sin temor de no ser atendido por no cotizar.

Uno de los días de mi enfermedad subimos a casa de Toby, otro de esos grandes personajes de Venezuela. El hace de todo en su casa. Tiene una cantidad de animales impresionante que van desde perros, gatos, conejos, gallinas, vacas hasta un huerto de donde se prepara sus alimentos. Muy amablemente nos regalo cilantro, perejil y yerbabuena para la casa rodante, ahora tenemos un pequeño huertito con nosotros.
Merida entre las montañas
Junto con Mary, los boludos Lu y Xavi y nuestra linda amiga Ana fuimos a La Culata, uno de los lugares más fríos. Después llegamos a Tabay y había una fiesta a la que fuimos invitados. Ser extranjero muchas veces te da el exotismo de no ser un gorrón más. Era el cumpleaños de dos de los chicos y hasta pastel comimos.
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
Después de tantos días en Mérida y sus alrededores ya era hora de partir. Pero esta vez, además de Ana que se nos unió al viaje por unos días teníamos una compañía más: Guru.
Merida entre las montañas
Siempre hemos admirado a toda esa gente que le da hogar temporal a todos los animales que son abandonados; Mary y William hacen una labor que habla de su gran corazón al recoger, cuidar, dar alojamiento y buscar casa para todos esos pequeños. Nosotros nos enamoramos de Gurú y ahora lo queremos llevar a conocer el mundo. Siguiente parada: el desierto y el mar, la Península de Paraguaná y el primer acercamiento de Gurú al mar.
Guru ya tiene su propia página:
http://elviajedeguru.tumblr.com/
Para ver todas las fotos de Mérida y sus alrededores sigue el enlace Mérida, Venezuela

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La Cervezada: la mejor fiesta.

Hemos tenido la oportunidad de ser participes de magnos eventos: desde conciertos gratis donde regalan los cigarros, pasando por presentaciones masivas en el zócalo del Distrito Federal, hasta grandes raves donde todo tipo de diversiones abundan. Pero nada como la Cervezada de San Cristóbal.

En lugar de organizar una graduación “típica” en algún salón o jardín, con un menú de tres tiempos y servicio de meseros donde cada invitado debe llevar su botella de alcohol, además de pagar cantidades estratosféricas por persona, en San Cristóbal cada graduado lleva al menos 50 cajas de cervezas para sus invitados. Uno debe estar ahí para comprenderlo: en un terreno enorme que cede el ayuntamiento se colocan carpas, cada carpa es ocupada por dos graduados,  donde en hieleras gigantes, de esas que se usan para vender las cervezas en los conciertos masivos, colocan “sixs” de cervezas hasta que se desbordan. Todo es gratis, todo abunda, absolutamente nadie dirá nada porque tomes una cerveza de sus hieleras, o un six entero.

No bien llegamos a la entrada del evento nos pedían una pulsera, la invitación. Gisell, nuestra amiga, tenía sólo una y había que conseguir las nuestras. A la entrada las vendían, ya saben, de esos revendedores que acaparan lo que sea para después vendérnoslo a precios irrisorios. Obviamente no pagaríamos por algo que además sabíamos que era gratis, pero entre tanta no encontrábamos a los amigos para más invitaciones. Al final la solución fue sencilla: con una pulsera entramos los tres de uno por uno, nos la quitábamos y se la pasamos por la reja al siguiente hasta que estuvimos todos adentro.

Había estado lloviendo, la fiesta empieza desde las dos y nosotros, eran las cinco y apenas estábamos llegando. Por un momento pensamos que tal vez adentro no había tanta fiesta. Ya ahí todo lucía un caos: el terreno encharcado, la gente enfiestada, rascada, como dicen por acá, y algunos en calidad bulto. Que impresión. Buscamos a los amigos de Gisell, alguna cara amiga que pudiera invitarnos una cerveza. Mientras los localizábamos, llegamos al escenario donde se presentaban grupos locales en un escenario por demás muy bien montado. Nos encuentra Gisell y tiene una cerveza en la mano que le han regalado; aún no encontrábamos a los “buenos”, aquellos que nos dejarían departir con ellos (además de tomarnos sus cervezas). No bien caminamos un poco, compartiendo la única cerveza que teníamos entre los tres, nos encontramos a una amiga: “¿Cómo se la están pasando?”, nos preguntó. “Muy bien, aunque apenas estamos llegando”, respondimos. “¡Ah! ¿Apenas llegan?” y no bien terminó sus palabras me arrebató la cerveza. Si sólo eso bastaba para sentirme ofendido, el hecho de que la tomara para vertérmela encima fue el acabose. ¡Cómo se atrevía a desperdiciar la cerveza! Desapareció entre la gente y regresó de inmediato no con una cerveza, sino con tres. Tremendo milagro: una cerveza la convirtió en tres. Para estos momentos ya nos estábamos enamorando de tremenda rumba.

Caminamos un poco más y nos encontramos con los tan anhelados amigos de Gisell: nos ofrecieron carta abierta para tomar las cervezas de sus hieleras y empezamos a fiestear en serio: ya la gente estaba borracha, aventando la cerveza para arriba, encima y a donde fuera. Una locura como nunca habíamos visto. Cervezas por todos lados: por cada cerveza ingerida, una, dos o tres eran vertidas encima de la gente. Y las hieleras nomás no perdían su nivel: siempre estaban llenas. Llegó un momento donde ya estábamos empapados, tomé tres cervezas y al mismo tiempo las vacié en mi boca. No importaba que se me derramaran por la playera, tampoco que las desperdiciara, había para aventar al cielo. Una cerveza, dos cervezas, una en la playera, otra en la cabeza, la quinta la zarandeé como matraca, la sexta pa’ miguelito, ¿cuántas van? Qué importa. Una y otra y otra más. Literalmente estábamos bañados en cerveza, nosotros y todos los demás. ¿Qué no te quieres mojar? ¡Directo a la hielera por sangrón! ¿Haces la lucha por evitarlo? Mientras seis o siete personas te obligan, dos o tres te derraman encima más y más cerveza, para que no digas que no. ¡Vaya, que fiesta!

No vayan a creer que era la degeneración: todo en ambiente familiar. Así como estábamos todos los chavos, o chamos, como se dice aquí, también compartían el momento los papás, tíos, primos e incluso una que otra abuela. De hecho, para tal acontecimiento, el graduado lleva su playera o franela con la carrera de la que se gradúa y todos sus amigos y familiares llevan una playera similar con el letrero “Mi sobrino es ingeniero” El ambiente totalmente familiar, la fiesta totalmente en paz… ¡La mejor fiesta en la que hemos estado jamás! Cerveza gratis, concierto gratis, ambiente a toda madre.

Aún cuando pintaba la hora de irnos porque el evento terminaba, todo mundo recolectaba las cervezas que habían sobrado… ¡Sí! Sobraron cervezas. Más de 2000 personas no fuimos suficientes para acabar con aquél festín de cebada y teníamos que continuar en otro lado; no fue suficiente tomarlas al por mayor, aventarlas a la gente o bañar a la persona de alado, simplemente eran tantas cervezas que nos fue humanamente imposible acabar con todas. Esta gente de San Cristóbal sí que sabe cómo organizar una fiesta y pasarla bien. La Cervezada es un evento digno de exportarse, un evento de clase mundial.

 

 

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Mérida y el viaje a San Cristóbal

Merida entre las montañas
Mérida es un lugar que enamora a todos sus visitantes. Es una verdadera ciudad universitaria con todo lo que conlleva: gran actividad cultural, mucha gente joven y muchas opciones para salir de noche. Los parques y plazas públicas son hermosos y es bellísimo ver hacia donde voltees sólo montaña, pero no montaña cualquiera, sino Los Andes, es formación rocosa impresionante que se levante de la tierra como una inmensa mole, la verdadera Pacha Mama.
Merida entre las montañas
Merida entre las montañas
Apenas estábamos conociendo y enamorándonos del lugar cuando al vernos sin dinero decidimos ir a cambiar nuestros pesos colombianos por bolívares. Gran error. Debimos haber cambiado los colombianos por dólares y luego por bolívares en cualquier lugar del país. Fuimos a la estación de camiones a buscar a algún cambista, pero nadie nos quería cambiar el dinero y en el bando a tasa oficial nos daban una bicoca por nuestro dinero. La gran ventaja es que la gasolina es gratis, así que nos fuimos hacia San Cristóbal, la frontera más cercana con Colombia. El camino fue largo y más por que en las fronteras es difícil conseguir gasolina, lo hacen para evitar el contrabando, así que nos formamos en una gasolinera y después de unos 50 minutos nos llenaron el tanque.

Proseguimos nuestro camino y justo a las cinco de la tarde fuimos los últimos en ser detenidos por una alcabala de transito. La misma historia que la vez anterior. Nos quitaron los papeles y aunque les explicamos que el SENIAT (aduanas) no nos dijo nada por traer la casa rodante, nos llevaron a la comisaría porque nos faltaba el dichoso permiso. Todavía nos dijo “vamos para allá, puede que solo se quede en un aviso”. Después de tres horas explicando nuestra situación de turistas, nuestra extrema pobreza (teníamos seis bolívares, menos de un dólar) y aún con unas cuantas lagrimas, no se ablandaron. Al final, nos ofrecieron arreglarnos de otra forma. De nuevo bajamos el aretero y el muy canalla se llevo dos de nuestras piezas caras. Todavía el muy cínico nos dijo “Pero conste que se los está regalando a mi mujer, a mí no me está dando nada”.
Salimos y ya era de noche. La carretera en terribles condiciones. Había estado lloviendo y había muchos deslaves. Teníamos a toda la corte celestial con nosotros. Al llegar a San Cristóbal ya era muy noche y nuestra amiga ni siquiera sabía que íbamos para allá. Claro no esperábamos pasar tantas horas en carretera. Al final, nos quedamos en la central de camiones. La policía que se encontraba ahí fue muy amable y nos indicó donde quedarnos y que ellos estarían ahí. En la mañana ahí mismo hicimos el cambio de moneda y nos dirigimos a sacar el permiso para la casa rodante, ya que es considerada carga. Íbamos más desganados que nada, pensábamos en que tal vez era mejor irnos y dejar Venezuela para la vuelta o quién sabe para cuando. Le contamos nuestra situación a la señorita de la ventanilla y en menos de treinta minutos, sin tener que pagar nada y después de que ella le contó a su jefe la situación, nos dieron permiso por UN AÑO (generalmente estos permisos son por un mes). De nuevo nos volvieron las ganas de quedarnos un tiempo más y seguir recorriendo Venezuela.En la tarde llamamos a nuestra amiga Gisell, la cual muy linda nos recibió en su casa con una cama para no pasar frío, un baño de agua caliente y arepas integrales. Desde el Vigía tratamos de arreglar un sonido raro que traía la camioneta, pero no nos gusto el diagnostico y de nuevo en San Cris, fuimos al mecánico. De nuevo, nada. Pasamos al trabajo por Gisell y nos encontramos con Kike, su novio. Nos llevaron a varios lugares icónicos de la ciudad. Un pequeño bar donde la dueña fue una dama de la vida galante y en la rocola sólo tiene boleros. Después a un bar de estilo deportivo, pues San Cristóbal es una de las ciudades más futboleras de Venezuela. Ahí nos encontramos a sus amigos, los cuales nos invitaron a una de las mejores experiencias del viaje: La Cervezada, la cual, obviamente, merece una publicación por aparte.
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Sierra de Perijá

Camino en la Sierra Perija
Camino en la Sierra Perija
Camino en la Sierra Perija
Camino en la Sierra Perija
Después de nuestra visita a Maracaibo y por recomendación de nuestros amigos, nos dirigimos a Mérida. Pensábamos pasar de nuevo al río Kunaná, donde habíamos ido a pasear un día con Ana, Adriana, José y Annie. Ahí fue la primera vez que nos detuvo la policía de tránsito pues no podíamos circular con la camper sin un permiso especial. Si no había quien nos lo informara, no era su problema, si aduanas (quien generalmente se encarga de los permisos a los vehículos extranjeros) no nos había informado, ¡qué pena! Después de un buen rato sufriendo con el policía, a la hora de la mordida, bajamos el artero y le dimos a ofrecer nuestro trabajo. Nos dejó ir sin llevarse nada. Preguntamos si teníamos que hacer algo y nos dijo que no. Maldito, después descubrimos que esperaba que cayéramos en manos menos benévolas… Investigamos y al parecer sí existía una ley, pero nos dijeron que no importaba, que siguiéramos nuestro camino.
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Seguimos la ruta y ya que no tomamos una desviación necesaria terminamos sin quererlo en un pueblito de la Sierra de Perijá: Misiones de Tucoco. Un pequeño poblado colindante con Colombia. Los indígenas que nos vieron llegar nos preguntaban si vendíamos algo, ya fuera desde ropa hasta show. Es muy chistoso como la gente asocia casas rodantes a circos y nosotros sin contar ni chistes. Nos ofrecieron “anunciarnos” en la radio local para vender artesanía mexicana. Realmente nuestra artesanía no es mexicana, seríamos muy afortunados si supiéramos elaborar piezas huicholes o mayas. 
Camino en la Sierra Perija
A la mañana siguiente partimos para Mérida. Pasamos por Machiques a comer los mejore stequeños por tres bolívares que hemos probado y continuamos. De pronto nuestra pequeña desviación junto con las alcabalas (en México los conocemos como retenes) se había convertido en un largo trayecto. Así la noche nos tomo en El Vigía.
Camino en la Sierra Perija
Camino en la Sierra Perija
La GRAN ventaja es que en dicho lugar Elena tenía una amiga vía twitter @mush_m es una fashion blogger y aunque ella es de origen chino, desde muy pequeña llegó a vivir a Venezuela. Así que es una bonita mezcla de China con Venezuela. Mey y su novio, Gustav, nos llevaron al único lugar donde se bebe cervezas tranquilamente, platicamos sobre nuestra corta travesía en el país, nos contaron como los autos usados suben de precio con el tiempo, que para salir del país por el control de divisas, sólo te permiten salir con 2500 anuales o 500 cada viaje, eso sí, incluye un engorroso trámite burocrático, donde lo más posible es que después de cuatro meses termines comprando en el mercado negro.Esa noche la pasamos en un motel. Gustav nos consiguió un precio súper bueno y no nos pudimos resistir a pasar una noche en una cama grande, baño, aire acondicionado y toda la privacidad que ofrece un hotel de paso, ya sin mencionar el cable y los espejos en el techo, jajajajajaja.Al día siguiente nos dirigimos a Mérida, que oficialmente queda a menos de 45 minutos, pero debido a las lluvias, nos tomo más de tres horas llegar. La ventaja es que no tenemos prisa.

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Maracaibo, tierra de sol y grandes amigos.

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Llegar a Maracaibo no fue tan sencillo como asumimos. Para empezar olvidamos que era “Viernes Santo” eso, en la cultura latinoamericana significa “día de asueto” no importa si practicas o no la fe. Así que después de cambiar algo de nuestros pesos colombianos por bolívares venezolanos nos dirigimos a cruzar la frontera. En migración, me dijo el encargado: “Si traen camioneta no puedo darles el sello, pues Aduana abre hasta el lunes” o.O Se imaginan pasar el fin de semana completo entre Colombia y Venezuela en tierra de nadie; ya habíamos “salido” de Colombia… Nos dio el sello, pero nos advirtió que lo más seguro es que aduanas estuviera abierto hasta el lunes. A nosotros se nos hacía imposible que no hubieran dejado a alguien encargado…
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Llegamos al punto de inspección, lugar donde se encontraban las oficinas de aduanas muy cerradas. Uno de los militares nos dijo: “Ahí está el encargado, déle duro a la puerta hasta que abra” No teníamos otra opción, era tocar la puerta hasta la desesperación o pasar el fin de semana en un pueblito carretero. Estuvimos toque y toque. Empezábamos a creer que pasaríamos mucho tiempo ahí. Entre las rendijas de la puerta gritábamos “Sabemos que está ahí, Abranos, por favor” “Venimos desde México, es nuestra primera vez en Venezuela” y así un buen rato sin obtener respuesta. Nos turnábamos para tocar hasta que finalmente… el Señor Isaac apareció. Le contamos nuestra historia, parte del recorrido y un poco de México. La verdad es que hablar de México siempre nos abre puertas. Lástima que lo que más se escuche últimamente sea tanta violencia… El Sr. Isaac se portó de lo más agradable, el trámite fue gratuito y el seguro de Responsabilidad Civil sólo nos costó 30 USD/220 bolívares por todo un año. Nos hizo el papeleo necesario para poder pasar y aunque ya no llegábamos a Maracaibo, pues estaba oscuro y lleno de borrachines el camino, ya no tendríamos que esperar hasta el lunes. Ese día lo pasamos cerca del río Limón.
110.840 Litros por 7.76 bolivares
A la mañana siguiente entramos a Maracaibo. La primera parada fue una gasolinera. Desde que estábamos en Panamá nos decían “Van a llenar la camper con menos de tres dólares” El litro de gasolina cuesta 0.07 bolívares, lo cual no es ni un centavo de dólar. Así que llenar los ciento diez litros de la camper nos costó menos de un dólar. Estábamos atónitos. en nuestro país, un litro cuesta casi un dólar. ¡Wow! después de nuestro primer encuentro con la gasolina, tocaba quedar con nuestra anfitriona sobre el punto de encuentro.
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De vez en cuando usamos CouchSurfing y en esta ocasión los maracuchos nos esperaban con emoción.Nos encontramos con las hermanas Ana y Adriana en el “Parque Veredas del Lago” un lugar sumamente bello para pasear, hacer ejercicio, andar en bici, todo. Ana nos tenía preparado un plan para la noche. Después de conocer a sus padres, nos dirigimos a comer arepas hechas en casa de un amigo que vivía en el centro. Realmente es una pena como por el “progreso” mucha parte de la historia ha sido destruida. Una de las pocas casas que conservan el aire colonial es la de Alejandro. Una casa muy bella de techos altos.

Ahí empezamos a conocer un poco de Venezuela. Para nosotros esto es nuevo. Un gobierno socialista en pleno siglo XXI. Obtuvimos muchas respuestas, pero hay que recordar que Maracaibo es uno de los pocos estados conservadores, aún así no niegan todo lo bueno que ha hecho “Chavéz” en lo que refiere a cultura, ancianos y salud. Departimos hasta el amanecer y justo cuando uno de los presentes se dirigía a su casa… Nos dimos cuenta que habíamos sido víctimas de la inseguridad. Yo quiero creer que nos confiamos demasiado, pues dejamos una ventana abierta (que aunque tiene mosquitero no fue impedimento para los malandros). Aún así, durante nueve meses no habíamos sufrido de inseguridades hasta aquí. Nos robaron algunas cosas sin verdadero valor, un par de chamarras, un chaleco. Ropa más que nada.

Después de una velada muy amena, el domingo fuimos a vender al parque las veredas. Aunque no se vende tanto como en otros lugares, no nos podemos quejar.
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Gran agenda cultural
Nuestra visita en Maracaibo se alargo por casi dos semanas de los tres días que planeábamos. Fuimos a las librerías donde encontramos libros desde dos bolívares, a la tienda de arte por pinturas, al centro a reconocer todos sus rincones, desde los más turísticos hasta las zonas rojas, conocimos el centro cultural Lía Bermudez y sus exposiciones, a  las clases de yoga gratuitas en La Estancia PDVSA, así como a las funciones de cine del festival de cine francés, al MACZUL, un museo muy hermoso; al  concierto que organizaba La Estancia con el grupo “Dale pa matala” quien nos hizo brincar hasta altas horas de la noche  y junto con nuestros amigos maracuchos conocimos un montón de la gastronomía. ¡Por fin comiendo rico! Algo inolvidable: deben probar los famosísimos patacones maracuchos: es como una hamburguesa que en vez de pan tiene plátano aplanado frito; es delicioso: si piensas que ha de haber sabido feo, a mucho plátano tal vez, es porque no lo has probado. ¡Una maravilla culinaria!
Patacones

Justo cuando planeábamos seguir la ruta, nos contactó Maia, locutora de “La Mega” y nos hizo una entrevista. Para escucharla por favor sigue este enlace.

Nuestra última noche preparamos quesadillas y molletes, para dar una pequeña prueba de nuestra gastronomía, nada elaborado realmente, pero nuestros invitados quedaron encantados. De todas nuestras actividades en Maracaibo la que más disfrutamos fue conocer tanta gente chevere.
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Agradecemos mucho a la Familia Cardozo por todas sus muestras de cariño, amabilidad y hospitalidad. Nos hicieron sentir en casa. Muchas, muchas gracias a ellos y al resto de nuestros amigos maracuchos, que nos recibieron como en ningún lado nos han recibido, además de abrirnos sus puertas y sus corazones de par en par.

¡GRACIAS!

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