Monthly Archives: April 2011

La Guajira, el norte de América del Sur

La guajira Colombiana nos tenía varias sorpresas. Después de una vista selvática y llena de vida, la Guajira nos muestra un desierto. Pasamos por el último poblado grande: Río Hacha y recogimos un mapa. Ya habíamos investigado, pero siempre es mejor preguntar por las rutas. Esa noche la pasamos en Mayapo, una playa linda bastante cerca. A la mañana siguiente tomamos camino hacia Uribia, la capital indígena decía el mapa. La verdad es un pueblo bastante pequeño, pero nada en especial para ser la capital indígena como le hacían publicidad en el mapa de turismo. Nos fuimos a Manaure, pues sabíamos que había producción de sal. Pedro me dijo: “Ya que no conoces Guerrero Negro, debe ser bastante similar”. La verdad es que no. Bastante desalentador…
Tomamos de nuevo camino buscando algún lugar mágico y luego de preguntar bastante y que todos nos contestaran “derecho, derecho” y pasar casi ocho horas en el auto, llegamos a Cabo de Vela. Uno de los lugares más bellos que hemos visto. Nos recordaba mucho a Los Cabos en Baja California Sur. Un mar precioso, muy azul y a espaldas un desierto mágico. Nuestra intención era ir a Punta Gallina, pero al menos eran ocho horas más en camper, acompañados de un guía por un camino que decían era peor que el que habíamos recorrido.
Decidimos quedarnos en Cabo de Vela, un lugar lleno de indígenas, de gente amable, de artesanías, playas preciosas. ¿Qué más podíamos pedir? Nos alejamos hacia el faro y ahí nos gustó más. Estábamos en el punto dónde van todos los turistas por la mañana y de noche el desierto era sólo nuestro rodeados de un Caribe inimaginable.
Ahí pasamos algunos días, hasta que la semana santa nos alcanzó y decidimos partir. Nuestra anfitriona en Maracaibo ya nos esperaba, así que el viernes santo tomamos camino y si todo salía bien, esa misma noche dormiríamos en Venezuela.

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Taganga, una playa para viajeros y el camino a la Guajira.

Es una playa que queda justo al lado de Santa Martha. Tantas cosas bellas nos contaron de ella que no podíamos dejar de ir y bien hicimos. Estuvimos atrapados por diez días en uno de los lugares más bonitos que hemos conocido. Playas deliciosas para nadar. Muy intimas y llenas de magia. Hay una bahía que parece escondida a sólo diez minutos caminado: Playa Grande. Bello, bello.
En un principio Taganga debió ser una playa de pescadores, pero con todo el turismo Taganga nos recordó a Playa del Carmén o Puerto Escondido. Donde está la calle principal, peatonal por supuesto y alrededor de ella se han generado todo tipo de comercios. Los precios son un poco más elevados que en Santa Martha, pero los hostales eran realmente baratos. Había desde $5,000 pesos colombianos por persona, menos de tres dólares. Estuvimos atrapados en este pequeño pueblito que ya no queríamos dejar.
Muy cerca se encuentra el Parque Tayrona, teníamos la intención de ir, pero el costo de entrada era de $35,000 por persona. No estábamos seguros de querer pagar esa cantidad y además ¿qué haríamos con la camper?. Al llegar a Los Naranjos buscamos donde pasar la noche. En la entrada decía campamento Emmanuel. Asumimos que era un campamento y sí lo era, pero cristiano. No hubiera habido ningún problema, si no hubiéramos regresado de la playa y mientras caía la noche y nosotros meditábamos sobre el parque Tayrona, cuando uno de los encargados nos dijo que nos debíamos ir, que ya no podíamos seguir ahí. Le propusimos nos dejara pasar la noche y a la mañana siguiente al amanecer nos iríamos, pero el joven quería cobrarnos veinte mil por noche. Así, en medio de la noche salimos y nos estacionamos en el primer lugar que sentimos seguro. Al lado de la carretera.
Al día siguiente, temprano, retomamos la carretera. Nuestra dirección era la Guajira, en el mero norte de Colombia, pero justo antes de llegar hicimos una parada en el Parque Nacional de los Flamencos. En Celestún, Mérida (México) no tuvimos oportunidad de ver ese rosado espectáculo, y no quisimos volver a perdernos esa oportunidad. El pueblito de entrada se llama Perico; también se puede entrar por Camarones, pero esa entrada es más turística y por ende, los servicios ahí son más caros. Un guía nos cobro $15,000 pesos colombianos para guiarnos al lugar donde los veríamos… Vaya sorpresa que nos llevamos cuando llegamos al lugar indicado y no se veía mas que una franja rosada en el horizonte. Nos acercamos más caminando descalzos por el desierto, y logramos pillar a unos cinco o seis de estos hermosos pájaros mientras buscaban su comida en el lecho de la laguna. Sí que son animales realmente bellos.
Ya nos faltaba poco para dejar Colombia, sólo faltaba la Guajira Colombiana. El punto más al norte del continente.

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Santa Marta, tumba del Libertador Simón Bolivar

Al llegar a Barranquilla uno siente de nuevo el aire de una gran ciudad: es la tercera del país después de Bogotá y Medellín. Sin una plaza central y siendo una ciudad tan grande, decidimos sólo pasar y arreglar ciertos detalles mecánicos: engrasamos la camioneta y rellenamos los niveles del diferencial, transmisión y motor.
Comimos una de las mejores comidas y seguimos hacia Santa Marta. En Santa Marta pasamos algunos días, nos gustó mucho su malecón lleno de gente, sus calles coloniales y las limonadas de carrito. Con las elevadas temperaturas, beber limonadas de 500 o mil se volvió casi adictivo.
A pesar de que no encontrábamos la oficina de turismo, cuando por fin lo hicimos, nos fuimos más seguros de nuestro destino. En la Sierra Nevada de Santa Martaa hay una ciudad perdida. Las fotos de este lugar se ven increíbles, varias terrazas en lo alto de la montaña. Es una lástima que conocerlas sólo sea posible con guía en una agencia, el cual, el costo mínimo es de 200 dólares por persona. El viaje tomaba al menos seis días. Nos acercamos al poblado más accesible: Minca, pero eso fue después de conocer la Quinta San Pedro Alejandrino, lugar donde murió el libertador Simón Bolívar después de haber renunciado a la presidencia de la Gran Colombia, sumido en una gran angustia. Un lugar muy hermoso, digno de conocerse.
Al dejar la hacienda, nos dirigimos a Minca, el punto más accesible de la Sierra. Un pequeño pueblo muy bello de gente amable. Estuvimos dos días, pero nos encanto y es de esos lugares que guardas en el corazón. Una noche que salimos a cenar, conocimos un lugar muy íntimo de gente linda. Una pareja de Bogotá nos ayudo a esclarecer nuestras concepción sobre Colombia. Una plática deliciosa entre crepas y café.

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Caño dulce, una noche en la carretera

Realmente llegamos por qué la noche nos agarró en la carretera y lo que menos queríamos era tener algún percance, así que llegamos y nos estacionamos en el mejor lugar que vimos. Parecía estar vacío.
A los pocos minutos, un grupo de aldeanos se nos acercaron y nos invitaron a estar más cerca de ellos. Nuestro mal trago con Cartagena, ahora era mucha amabilidad en Caño Dulce.
En la mañana conocimos la playa, una pequeña bahía de pescadores, llena de palapas o ranchitos para los turistas. Obviamente en martes, ese paraíso era sólo nuestro.
Seguimos nuestro camino hacia Barranquilla.
**En Colombia sí hay peajes o casetas, en general, la mayoría nos cobraron 7200 y están cada 70 km.; sumado el costo de la gasolina (9000 pesos por galón, como 5 dólares por poco menos de cuatro litros de gasolina) más el de los peajes, Colombia resulta ser el país más caro para rodar un automóvil.

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Cartagena, una ciudad amurallada

Cuando salimos de la Ciudad de México hicimos una aproximación del tiempo que tardaríamos en llegar al Cono Sur, decíamos que Centroamérica lo cruzaríamos en dos meses. Ahora todos sabemos que eso no es posible, bueno, sí, hasta en dos semanas, pero no hacemos ese tipo de turismo. Cuando cruzamos Guatemala casi corriendo y bajamos hasta Costa Rica, ahí nos quedamos casi cuatro meses. Luego Panamá, en un mes lo cruzamos y ya, ¡aja! En cuanto nos enteramos del Carnaval nos quedamos dos semanas más.
Llegar a Cartagena implicó toda una odisea de una hora de vuelo, tres horas y media en lancha, doce horas en bus. En Montería pasamos casi seis horas esperando la corrida de la madrugada para llegar en la mañana a Cartagena. Había más corridas, pero no queríamos llegar a Cartagena de noche sin conocer la ciudad, así que decidimos que lo mejor era dormir en el camión y llegar frescos. Lástima que pasamos tanto frío en el camión, el aire acondicionado fue algo que no consideramos…
Al llegar a la central de autobuses tomamos un bus/camión hacia la ciudad amurallada. Nos costó 1600 pesos colombianos (más o menos un dólar) en teoría tenía aire acondicionado, pues en Cartagena el calor es algo digno de hacer mención. Ni aire y mucho tráfico, terrible el camino. Cargados de nuestras maletas investigamos Cartagena. Era algo que hacíamos por primera vez en este viaje. Cargar nuestro equipaje y buscar alojamiento. En Cartagena hay varios puntos de información turística y junto con los consejos recibidos, fuimos hacia la calle media luna en Getsemani, justo afuera de la ciudad amurallada, pero los precios son mucho más económicos. Las primeras noches las pasamos en un hostal de quince mil pesos por persona (siete u ocho dólares). Habitación privada, internet wi-fi, televisión, ventilador o abanico. Todo muy bien, sólo había que compartir el baño. La verdad yo fui la que insistió en que nos mudáramos a un hostal con baño privado. Nuestra luna de miel lo merecía.
Cambiamos de hostal a uno con las misma características y con baño privado, por sólo 33 mil por ambos. Realmente la diferencia era mínima. El único problema era que el internet no llegaba a nuestra habitación, pero teníamos una terraza desde la cual se veía toda la vida en Cartagena. Por la noches es cuando hay más actividad, en general por las mañanas hace MUCHO calor, así que sólo los más aventurados salen.
Durante algunos días no tuvimos noticias reales de la camioneta. Qué aún no salía la carga, que el barco iba a tardar más, finalmente el lunes hablamos y nos dijeron que ya había llegado, pero que faltaban unos papeles. Nos comunicamos con nuestro agente en Panamá y el martes hicimos todo el papeleo. Aquí les dejo el enlace a nuestra guía para cruzar un vehículo de Panamá a Colombia.
El jueves de esa semana ya tuvimos con nosotros la camioneta. Así que el viernes era nuestra primera noche en nuestra amada camper.
Cartagena tiene varios lugares para entretenerse: El Castillo de San Felipe, caminar por la muralla, ir a los varios museos, como el de arte moderno, el histórico (los últimos domingos del mes, la entrada es gratuita) y el del oro. Muchas plazas, un pasillo donde venden dulces típicos, arepas con queso, chicha de avena. Todo un deleite para los sentidos. Elena en su blog (blog.lucirfashion.com) tiene un paseo por Cartagena.
El viernes nos pegamos la fiesta con varios amigos que habíamos conocido en Panamá. Así que no dormimos propiamente en la camper por la noche. Al día siguiente, los vecinos de la Isla de Manga, el lugar donde nos estacionamos, sacaron sus traumas burgueses y nos corrieron. No podíamos pasar ahí la noche, simplemente porque ahí no era camping. Así nos despedían los cartaginenses…
El lunes compramos el seguro vehicular por un mes y ese mismo día salimos de Cartagena rumbo al norte.

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