La Capital: Ciudad de Panamá

Llegar a Panamá es todo un espectáculo: Bajando por la Interamericana lo primero con lo que se encuentra la vista es con el Puente de las Américas, una magnífica estructura que une al sur de Panamá con el resto de Centroamérica. En una perspectiva venturosa, pareciera que es el puente que une Centroamérica con América del Sur… Sin embargo esta perspectiva pierde fundamento cuando se intenta cruzar de Panamá a Colombia, y el Tapón del Darien, con todo derecho, se impone como la barrera natural que separa nuestro continente. Desde el Puente de las Américas se puede apreciar la entrada al Canal Interoceánico de Panamá: el puerto, los enormes buques y el eterno enredo de los barcos, las gigantes grúas y los contenedores apilados con el ajetreo de la ciudad como telón de fondo.
Panamá nos trató bien, muy bien. Es un lugar donde se puede comer por dos dólares, tomar cerveza de 45 centavos, encontrar cuarto privado (no en el hotel más lujoso, por supuesto) por 10 dólares por pareja, y donde se puede vender la artesanía a precio de joyería; definitivamente Panamá es una ciudad base donde viajeros como nosotros podemos hacer parada, disfrutar de un buen rato al mismo tiempo que se puede ganar plata para continuar el viaje… ¡Panamá es como un paraíso!
No bien dejamos el puente detrás, nos encaramos con la Ciudad Capital: sus enormes rascacielos apretujados que pareciera que pelean por recibir el Sol y, acaso, un poco de la vista al mar; su centro colonial, o Casco Viejo o Casco Antiguo (que aún ellos no se deciden cómo llamarlo) tan hermoso, tan barroco, tan lleno de parques e iglesias escondidas. Esta parte de la ciudad está viviendo un cambio: por todos lados se aprecian los edificios en remodelación, donde sólo se conserva la fachada y el interior es completamente reconstruido… Y junto a este esplendor, los tan conocidos ghettos: casas de madera en ruinas, donde cada recobeco es acondicionado como una pequeña habitación, que ocupan las personas más pobres de la ciudad.
Como cualquier ciudad, en especial latinoamericana, esta lugar sin igual en toda Centroamérica tiene sus particulares espacios, como una cancha de basquetbol abandonada al final de una calle que desemboca directamente en la bahía, donde, por cierto, los cambios en la marea son tan notorios que cuando está baja, se extienden 15 o 20 metros de playa, pero cuando está alta, engulle cada centímetro de arena.
Uno de los grandes atractivos de la ciudad, además de sus lugares históricos, es el Mercado de Mariscos de Panamá, donde se puede disfrutar de un cocktel de camarón por dos dólares (pudiéndose rellenar el baso por un dolar adicional), además de tener pulpo, corvian, langostino, etc. Definitivamente este mercado es uno de los lugares más económicos para comer.

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