El Caribe Panameño

Nuestra primera visita a Colón se dio para averiguar sobre las navieras y los procedimientos que teníamos que seguir para continuar nuestro viaje hasta Ushuaia. Es una pena que no exista un camino en tierra para cruzar el famoso “tapón del Darién”.
A este viaje se nos unió una integrante más: Marion. Así éramos dos de la comunidad mexicana y dos representantes de la comunidad francesa los que nos dirigimos al Caribe de Panamá. Primero pasamos a conocer Portobelo, en el camino pasamos por un fuerte en reconstrucción y averiguamos que el costo promedio para pasar en Catamaran es de 450 usd. Siempre dicen que tardas entre cuatro y cinco dias, pero al fin en la mar, todo depende de las corrientes. Si hubiéramos viajado en moto seguramente habríamos pensado en esta opción.
Seguimos hasta Portobelo, lugar por el que pasaba una tercera parte del oro que se sacaba de América. Trasladarnos en el tiempo y pensar en toda la riqueza de este puerto nos hizo expectativas muy altas. Los puertos más importantes durante la Conquista fueron Veracruz (México), Portobelo (Panamá) y Cartagena (Colombia). Lo que no sabíamos era que Portobelo sufrió muchos ataques de piratas y en algún momento de la historia fue abandonado, sin importarle a nadie hasta mucho tiempo después. La antigua aduana es un museo.
Nosotros disfrutamos del día en el fuerte. Este poblado a diferencia de muchos otros, carece de gente. Es algo raro en realidad, pues luce abandonado. Encuentras pocos lugares abiertos y solo algunas personas en la calle. Su época de auge fue hace mucho. Algo que llamó nuestra atención fue la manera en la que llamaba a misa. El chico que tocaba las campanas nos hizo ponernos a bailar. No tuvimos la fortuna de escucharlos tocar los congos, en lo que radica mucha de su fama, pero con el solo escuchar las campanas bailábamos.
Caía la noche y decidimos conocer el “Parque Nacional Portobelo”, buscábamos un lugar donde pasar la noche y en nuestro camino apareció una gringa, la cual nos ofreció su casa. Nosotros, ingenuos, creíamos que era de “buena onda” y nada, al final nos vendió una pizza y nos quería cobrar la noche. Una situación bastante incomoda.
A la mañana siguiente muy temprano partimos hacia Colon para iniciar la búsqueda de información. Nos detuvimos en el puerto de Manzanillo, que es donde salen los barcos hacia Cartagena. Pasamos ahí gran parte de la mañana, después, en Colón seguimos con la búsqueda. Averiguamos sobre el RoRo, que es cuando llevan tu auto en la cima de los contenedores. En teoría es más económico, pero por el volumen de la camper, salía más caro que en contenedor.
Al atardecer nos dirigimos hacia el Fuerte San Lorenzo, se dice que Colón es peligroso y no lo queríamos descubrir de noche. Para llegar al Fuerte, pasas por una de las zonas que los estaudonidenses tenían de uso exclusivo (como un embarcadero de yates y toda una zona militar frente a la playa, hoy casi abandonada)  y lo más importante: pasar por las esclusas de Gatún, esas grandes compuertas que se abren y cierran para vaciar miles de litros para pasar un barco.
Acampar en el fuerte fue un suceso glorioso. Llegamos de noche y una fogata nos esperaba para cenar. La fogata la habían hecho una pareja que también viajaba en camper. Una pareja de alemanes que nos demostraron más el hecho de querer es poder y que la edad no es tan importante.
Al día siguiente fuimos a la segunda zona libre más grande del mundo (el primer lugar lo ocupa Hong Kong). Pero este tema merece un lugar aparte.

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