Monthly Archives: February 2011

Zona Libre de Colón Panamá

Sobre la zona libre existen muchos rumores. Habíamos recibido información bastante incierta, como que la compra te llega al aeropuerto o a un puerto, que si compras algo debes de usarlo en ese mismo instante.
Lo cierto es:
-Sólo dejan entrar a extranjeros o panameños con negocios. A nosotros esto se nos hizo sin sentido.
-Es necesario LLEVAR PASAPORTE con menos de tres meses de estadía. Marion ha estado cuatro meses en Panamá y no le quisieron dar “el pase”. Entró con nosotros y nadie nos pidió nada.
-Sí hay estacionamiento. A nosotros nos dijeron que mejor la dejáramos en una plaza cercana, pero cuando llegamos nos dimos cuenta que te dejen entrar en auto.
-No hay costo de entrada.
-La mayoría de los establecimientos SÓLO VENDEN AL MAYOREO y hay realmente pocos que vendan al detalle. Encuentras ropa deportiva de “marca” y aparatos electrónicos como celulares y cámaras. No hay mucha variedad, al menos no como la esperábamos, y eso hace difícil la compra.
-No es necesario irse con las sandalias viejas como nos habían dicho, pero sí tener una bolsa dónde cargarlo.
A mí me recordó ir a alguna calle del centro, pero sin vendedores de chucherías en las banquetas. Hay algunos puestos de comida

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El Caribe Panameño

Nuestra primera visita a Colón se dio para averiguar sobre las navieras y los procedimientos que teníamos que seguir para continuar nuestro viaje hasta Ushuaia. Es una pena que no exista un camino en tierra para cruzar el famoso “tapón del Darién”.
A este viaje se nos unió una integrante más: Marion. Así éramos dos de la comunidad mexicana y dos representantes de la comunidad francesa los que nos dirigimos al Caribe de Panamá. Primero pasamos a conocer Portobelo, en el camino pasamos por un fuerte en reconstrucción y averiguamos que el costo promedio para pasar en Catamaran es de 450 usd. Siempre dicen que tardas entre cuatro y cinco dias, pero al fin en la mar, todo depende de las corrientes. Si hubiéramos viajado en moto seguramente habríamos pensado en esta opción.
Seguimos hasta Portobelo, lugar por el que pasaba una tercera parte del oro que se sacaba de América. Trasladarnos en el tiempo y pensar en toda la riqueza de este puerto nos hizo expectativas muy altas. Los puertos más importantes durante la Conquista fueron Veracruz (México), Portobelo (Panamá) y Cartagena (Colombia). Lo que no sabíamos era que Portobelo sufrió muchos ataques de piratas y en algún momento de la historia fue abandonado, sin importarle a nadie hasta mucho tiempo después. La antigua aduana es un museo.
Nosotros disfrutamos del día en el fuerte. Este poblado a diferencia de muchos otros, carece de gente. Es algo raro en realidad, pues luce abandonado. Encuentras pocos lugares abiertos y solo algunas personas en la calle. Su época de auge fue hace mucho. Algo que llamó nuestra atención fue la manera en la que llamaba a misa. El chico que tocaba las campanas nos hizo ponernos a bailar. No tuvimos la fortuna de escucharlos tocar los congos, en lo que radica mucha de su fama, pero con el solo escuchar las campanas bailábamos.
Caía la noche y decidimos conocer el “Parque Nacional Portobelo”, buscábamos un lugar donde pasar la noche y en nuestro camino apareció una gringa, la cual nos ofreció su casa. Nosotros, ingenuos, creíamos que era de “buena onda” y nada, al final nos vendió una pizza y nos quería cobrar la noche. Una situación bastante incomoda.
A la mañana siguiente muy temprano partimos hacia Colon para iniciar la búsqueda de información. Nos detuvimos en el puerto de Manzanillo, que es donde salen los barcos hacia Cartagena. Pasamos ahí gran parte de la mañana, después, en Colón seguimos con la búsqueda. Averiguamos sobre el RoRo, que es cuando llevan tu auto en la cima de los contenedores. En teoría es más económico, pero por el volumen de la camper, salía más caro que en contenedor.
Al atardecer nos dirigimos hacia el Fuerte San Lorenzo, se dice que Colón es peligroso y no lo queríamos descubrir de noche. Para llegar al Fuerte, pasas por una de las zonas que los estaudonidenses tenían de uso exclusivo (como un embarcadero de yates y toda una zona militar frente a la playa, hoy casi abandonada)  y lo más importante: pasar por las esclusas de Gatún, esas grandes compuertas que se abren y cierran para vaciar miles de litros para pasar un barco.
Acampar en el fuerte fue un suceso glorioso. Llegamos de noche y una fogata nos esperaba para cenar. La fogata la habían hecho una pareja que también viajaba en camper. Una pareja de alemanes que nos demostraron más el hecho de querer es poder y que la edad no es tan importante.
Al día siguiente fuimos a la segunda zona libre más grande del mundo (el primer lugar lo ocupa Hong Kong). Pero este tema merece un lugar aparte.

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La Capital: Ciudad de Panamá

Llegar a Panamá es todo un espectáculo: Bajando por la Interamericana lo primero con lo que se encuentra la vista es con el Puente de las Américas, una magnífica estructura que une al sur de Panamá con el resto de Centroamérica. En una perspectiva venturosa, pareciera que es el puente que une Centroamérica con América del Sur… Sin embargo esta perspectiva pierde fundamento cuando se intenta cruzar de Panamá a Colombia, y el Tapón del Darien, con todo derecho, se impone como la barrera natural que separa nuestro continente. Desde el Puente de las Américas se puede apreciar la entrada al Canal Interoceánico de Panamá: el puerto, los enormes buques y el eterno enredo de los barcos, las gigantes grúas y los contenedores apilados con el ajetreo de la ciudad como telón de fondo.
Panamá nos trató bien, muy bien. Es un lugar donde se puede comer por dos dólares, tomar cerveza de 45 centavos, encontrar cuarto privado (no en el hotel más lujoso, por supuesto) por 10 dólares por pareja, y donde se puede vender la artesanía a precio de joyería; definitivamente Panamá es una ciudad base donde viajeros como nosotros podemos hacer parada, disfrutar de un buen rato al mismo tiempo que se puede ganar plata para continuar el viaje… ¡Panamá es como un paraíso!
No bien dejamos el puente detrás, nos encaramos con la Ciudad Capital: sus enormes rascacielos apretujados que pareciera que pelean por recibir el Sol y, acaso, un poco de la vista al mar; su centro colonial, o Casco Viejo o Casco Antiguo (que aún ellos no se deciden cómo llamarlo) tan hermoso, tan barroco, tan lleno de parques e iglesias escondidas. Esta parte de la ciudad está viviendo un cambio: por todos lados se aprecian los edificios en remodelación, donde sólo se conserva la fachada y el interior es completamente reconstruido… Y junto a este esplendor, los tan conocidos ghettos: casas de madera en ruinas, donde cada recobeco es acondicionado como una pequeña habitación, que ocupan las personas más pobres de la ciudad.
Como cualquier ciudad, en especial latinoamericana, esta lugar sin igual en toda Centroamérica tiene sus particulares espacios, como una cancha de basquetbol abandonada al final de una calle que desemboca directamente en la bahía, donde, por cierto, los cambios en la marea son tan notorios que cuando está baja, se extienden 15 o 20 metros de playa, pero cuando está alta, engulle cada centímetro de arena.
Uno de los grandes atractivos de la ciudad, además de sus lugares históricos, es el Mercado de Mariscos de Panamá, donde se puede disfrutar de un cocktel de camarón por dos dólares (pudiéndose rellenar el baso por un dolar adicional), además de tener pulpo, corvian, langostino, etc. Definitivamente este mercado es uno de los lugares más económicos para comer.

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Valle de Antón y la India Dormida

Nuestro camino ya estaba “decidido”, pasaríamos al Desierto de Sarigua y a las playas de la península de Azueros, pero tras haber virado, preferimos dejarlo para después del Carnaval. Así que seguimos nuestro camino hacia la playa de los citadinos: Santa Clara. Teníamos buenas referencias de esta playa y aunque no es particularmente bonita y el mar es un poco más salvaje de lo que habíamos conocido, tuvimos la suerte de encontrarnos con un par de viajeros: Josue, mexicano y Daniel, chileno. Además de pasar un rato agradable con ambos, fuimos invitados a conocer Valle de Antón.
Valle de Antón es un poblado que se encuentra en medio de un cráter. Rodeado de flores y de gente muy amable festejamos el día del amor y la amistad. Comimos bastante pescado que habíamos traído de Santa Clara y al día siguiente teníamos una visita pendiente: La india dormida.
La india dormida cuenta la leyenda que se quedo esperando a su guerrero. Muy parecida a nuestra leyenda de Popocatepetl e Iztlacihuatl. Subimos por uno de los brazos, de pronto se vuelve una pendiente bastante inclinada. Tras una caminata de aproximadamente una hora, llegamos a la nariz de la india y pudimos apreciar la belleza del Valle de Antón desde lo alto. Un pueblito que vale la pena conocer, no solo por su clima templado, su gente amable y su belleza natural, sino que también posee cascadas y ojos de agua donde refrescarse y pasar ratos sumamente agradables.
Está no fue nuestra única visita ni a Santa Clara, ni a Valle de Antón. Ambos quedaron en nuestra ruta para una visita más pero hasta el carnaval.

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Los Canginoles de Gualaca

Sobre el río Estí en algún momento de la historia, la lava del Volcán Barú dejó un lugar ideal para perderse. Se trata de los Cangilones de Gualaca, en la provincia de Chiriquí. Llegamos hasta aquí por recomendación de Daniel y Mariana. Ya no estaba en nuestro camino, pero nos dijeron “no pueden perdérselo” y qué bueno que les hicimos caso.
El lugar en sí mismo es precioso y los ojos de agua: deliciosos. Incluso hay una caída de unos cinco metros de altura donde los más audaces se lanzan. La vegetación es hermosa, el clima es caluroso, pero nada abrumador. Nos hubiéramos quedado más días si no hubiera sido necesario seguir el camino. Es excelente para acampar.
Hicimos fogatas y nuestra idea era pescar, pero bueno, el marcador final fue Peces 8, Humanos cero. En una caminata que hicimos dejamos las toallas, unos zapatos y la línea de pescar afuera del coche, pensábamos que el lugar era seguro. Y lo fue, pero algunos graciosos nos robaron hasta la toalla sucia…
Una noche conocimos a un ruso que nos contó que era muy difícil tramitar el pasaporte en caso de perderlo, así que en cuanto llegaba a algún lugar, le tomaba una foto y lo enterraba.
Si están en Panamá: Visita Obligada.

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Penonomé, el ombligo de Panamá

Penonomé es una ciudad típica colonia. Cuando entramos en ella con el propósito de buscar un lugar donde pasar la noche, no sabíamos muy bien a que atenernos, ya que la primera impresión que tuvimos fue de un pueblo carretero. Pero después de cruzar sus primeras cuadras descubrimos su bello centro histórico y su bonito mercado.
Un dato curioso: Penonomé en el centro geográfico de Panamá, su ombligo por así decirlo, lo cuál lo revise de un carácter peculiar. Es un poblado que no hay que pasar de largo, y menos si uno esta viajando por el país, ya que está sobre la Vía Panamericana, por lo que tampoco implica ningún desvío para el viajero.

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La Barqueta y David

Al dejar Boquete, partimos hacia David, la segunda ciudad más grande de Panamá. No sabíamos que esperar e hicimos bien, así no hubo decepciones. La ciudad es muy nueva, se ve por su arquitectura. Es la ciudad frontera con Costa Rica por la carretera panamericana, así que es más bien una ciudad de paso. Tiene sus “lujos” como algunas franquicias de comida rápida y tiendas de ropa. Sólo pasamos medio día, el cual, la mayor parte del tiempo lo pasamos en el autolavado, mientras a la camioneta le hacían un lavado por todos sus recobecos. No nos queríamos quedar en la ciudad, con todo y que la gente se portaba muy amable con nosotros. Nos recomendaron a menos de treinta minutos playa La Barqueta. Todo el tiempo entendimos playa La Marquesa y nadie nos sacó de nuestro error. Incluso llegamos a la playa y de no ser por los letreros, nosotros hubieras pasado el tiempo en Marquesa.
Playa La Borqueta es una playa bastante grande y junto a la entrada pública se levanta una caseta que da entrada a un enorme residencial. Las casas no son tipo cabaña, no, son más bien grandes casonas que nos recordaron Cocoyoc o Cuernavaca en México, pero con salida al mar.
Al llegar notamos que varias personas estaban con sus autos/camionetas con las puertas abiertas y la radio a todo volumen. En cuanto anocheció se fueron yendo, pero fueron llegando otros con el mismo estilo. Justo en ese momento recordamos que el reggaeton es el género que Panamá vió nacer y lo dejó escapar a todo el mundo.
Al día siguiente nos despertamos y decidimos “manguear”, así se le llama al acto del ambulantaje. Nos fue bien para ser la primera vez. Alex le daba clases a Pedro de percusión y de pronto nos abordo un joven. Nos dijo que era italiano y que si queríamos podríamos tocar después de comer, que él con unos amigos traían instrumentos.
Lorenzo, el italiano, venía con Jorge, un tico y una pareja: Daniel y Mariana, ambos brasileños. Todos tenían un tiempo de estar radicando en David o en las cercanías y se dedicaban en sus ratos libres al surf. Pasamosun rato muy agradable con ellos, incluso, Daniel se ofreció a arreglar el djembe de Pedro y quedamos muy formales de vernos al día siguiente en David. Este día fue nuestra primera interrelación con los panameños, los cuales nos dieron una grata bienvenida y aceptaron con bastante agrado nuestras nuevas manualidades. Uno de ellos fue por un cartón de cervezas (veinte más o menos) y nos sentimos de nuevo en México. Cuando aún no te has terminado la chela, ya te están ofreciendo la otra.
Al día siguiente regresamos a David, nos encontramos con nuestros anfitriones: Daniel y Mariana. Pedro preparó lasagna y pasamos una velada encantadora.
Lo que más nos molesto de David era la suciedad que había. En Costa Rica nos acostumbramos a su marca toda verde y es realmente indignante ver como los panameños no conformes con cargar hasta con el perico dejan una cantidad de basura indignante…

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Primera semana en Panamá

Después de los trámites burocráticos de aduana de más de tres horas que pasamos en la frontera de Costa Rica con Panamá, dejamos a un nuevo integrante, Alex, el percusionista en Almirante. El quería ir a Bocas del Toro, nosotros una vez más nos perdemos de las islas, todo parece indicar que nuestra primer isla será hasta el cruce de Panamá con Colombia.

En aduana por el camper sólo tuvimos que pagar $15 dólares por el concepto de seguro. Durá sólo un mes y cada vez que renuevas el permiso, pagas quince dólares por el mismo concepto.

Aunque oficialmente la moneda de Panamá se llama Balboa, en honor al español Vasco Nuñez de Balboa, la moneda corriente es el dólar. Podrás encontrar monedas con el nombre de Balboa, pero los únicos billetes que se ven son los conocidos verdes.

La primera noche la pasamos entre las montañas. No conocíamos la ruta, así que a la hora que el sol decidió guardarse, nosotros nos estacionamos en medio de las montañas. Una primera noche mágica.

A la mañana siguiente continuamos nuestro camino, la idea era llegar a David (la segunda ciudad más grande de Panamá), pero descubrimos que podíamos pasar a Boquete y preferimos lanzarnos hacia allá.

Boquete es un poblado que queda entre las montañas. Al llegar al pueblo la geografía se pierde un poco, con casitas que parecen sacadas de cuento, grandes almacenes que de fuera solo son una puerta, una pequeña plaza y al lado un vagón de tren. Nosotros subimos, queríamos conocer el Volcán Barú. No lo conocimos, pero pasamos días al aire libre, rodeados de mucha naturaleza.

Esta zona es habitada por los indígenas de la etnia Ngöbe Buglé y parte de lo que nos gusto es que están por toda la ciudad, nada de reservas o zonas delimitadas para ellos.

Tanto nos gusto Boquete que aquí nos quedamos una semana completa, le escribimos a Alex y le dijimos: “vente pa’ acá”. Como él dice, Boquete es un pueblo con alma.

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