Monthly Archives: November 2010

Una comunidad indígena y una playa de encanto

Por cosas del destino y la necesidad de una lavadora conocimos a un paisano, de Tijuana el vato. Ese día nos contó de Boruca y nos encanto la idea de conocerla, así que si ese día era lunes, el viernes temprano estaríamos saliendo hacia allá. No contábamos con las lluvias más fuertes que, si ya de por sí, Costa rica tiene fama de “las peores carreteras de Centro América, bueno, con las lluvias, no había pasó. Días después tuvimos que dejar la casa de Alejandro, quien nos había estado hospedando y una vez más Cricket nos ofreció su casa. Ahí vivían él, Marcel de Alemania, Silvan, Roman y Stefan de Francia, y la casa era el puro cotorreo. Nos mudamos a vivir a San Pedro, el barrio estudiantil de San José, a unas cuantas cuadras de la Universidad de Costa Rica. La vida universitaria nos complace mucho y la UCR es linda, linda.

Junto con los integrantes de la casa “Triple P” finalmente  viajamos  a Boruca, una comunidad indígena al sur de Costa Rica que hasta el día de hoy conservan parte de sus antiguos territorios precolombinos. Con Cricket, Román y Ales,  un vasco, partimos para Boruca el viernes 12 de Noviembre. El camino estuvo bueno se cruza un bosque lluvioso y todo el tiempo se va por las montañas, después los interminables campos de siembra de piña. Todo alrededor era piñas.  Buenos Aires es el pueblo de referencia antes de llegar a Boruca, y ahí nos armamos de lo indispensable. Salimos para tomar lo que creíamos el último tramo del camino, sólo para darnos cuenta que el dichoso camino ni siquiera era terracería, “brecha” es piropo. Llegado a un punto del camino, éste era de puro lodo, y cuando digo puro lodo, me refiero a que estuve a punto de perder la chancla un par de veces cuando se me hundía el pie en el “camino”. Intentamos cruzar la camioneta… y fallamos. Era el atascamiento del siglo: ni para atrás ni para adelante; nos intentan jalar y nada. Salimos por donde entramos de milagro y parecía que no lo lograríamos. Pero no decayó el ánimo, agarramos “vuelito” y nos lanzamos… al fin lo logramos.  El camino siguió siendo un poco más de lo mismo, pero nada como ese mega atascamiento de más de dos horas, y llegamos por fin al pueblo.

La gente de Boruca o bruncas tiene todos los rasgos indígenas: piel morena, ojos profundos, estatura media-baja. Su pueblo es maravilloso, enclavado en las montañas; toda la gente es artesana, hacen unas máscaras talladas en madera y después las pintan de colores, dándole vida a máscaras que representan personajes o muchas de paisajes costarricenses, ya saben, el clásico tucán de colores, precioso trabajo. Toda la vida del pueblo, que son sus artesanía, gira alrededor de estas máscaras, las cuales surgen de su fiesta tradicional: del 30 de Diciembre al 2 de Enero el pueblo realiza “La Fiesta de los Diablitos”. Esta fiesta es su historia: en ella se representa el arribo de los españoles, representados en un toro; la conquista que realiza en estas tierras y la posterior rebelión de los bruncas. Los primeros dos días los varones del pueblo están enmascarados como diablos, y se da el arribo del toro, que va matando uno a uno a cada diablito hasta que mata al último de ellos, que siempre será el diablo mayor, el más anciano. Después de consumada la “conquista”, llegan las “mujeres”  de pueblo y reviven a todos los diablitos(en realidad sólo participan de este rito los hombres, que vestidos de mujeres las representan) ; en este momento comienza la persecución del toro, que dura los últimos dos días, y culmina con su captura e incineración. Toda la fiesta, está acompañada de la tradicional chicha, bebida fermentada de maíz, que nos hizo recordar un poco nuestro amado pulque.

En Boruca nos recibieron Silvia y Naty, dos trabajadoras sociales de la UCR que llevaban un proyecto en la comunidad. La verdad es que conocimos más el pueblo de noche que de día, pues en el día conocimos cascadas, fosas y árboles enormes. Todos los días hacíamos caminata y descubríamos como Costa Rica sí es pura vida.

Después del fin de semana en Boruca partimos con dos integrantes ticas más hacia Uvita. Hay un camino corto y uno largo, tomamos el largo, pues el de hora y media estaba inundado, así que después de cuatro horas de viaje y dos perdidas en una atascada de la camper, por fin ya estábamos en Uvita.

 

Después de una noche acompañados de una vista inigualable y en compañía inmejorable, partimos hacia San José con el propósito de laborar para ahorrar el pasaje en barco de la camper de Panamá a Colombia, pero decidimos al final irnos a la playa por dos razones: si habríamos de trabajar, que fuera en el lugar más agradable posible (obvio, la playa), además, el cumpleaños de Elena estaba muy cerca y ella no quería estar en la ciudad, lo que definió nuestro destino: Puerto Viejo de Talamanca, Provincia de Limón. Nos contaron que ahí hay mucho turismo, además de estar en el Caribe y ser un lugar hermoso; queda a una hora y media de Limón, donde ya habíamos estado, además de ser casi frontera con Panamá, nuestro siguiente destino, por lo que todo pintó para hacer de ese lugar un lugar idóneo para cumplir nuestros objetivos. El rumbo para las siguientes semanas estaba tomado.

 

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Semana de películas

Uno de los motivos que nos hizo permanecer más tiempo en San José, fue que esa misma semana en el Cine Magaly se presentaba la Festival de Cine Europeo. Lo encontramos mientras averiguábamos sobre los museos que podríamos visitar. No dejamos de agradecer el uso eficaz de internet. Cosas buenas trae la vida y con internet te enteras =)
Las sinopsis del festival de cine europeo las pueden encontrar al dar click en el enlace.
Nuestras observaciones:
Una cadena compartida  (Une chaîne pour deux), es una película sumamente divertida, fue una buena elección para el primer día, pues fue amena, entretenida con un argumento bastante inusual como lo es una fabrica de bicicletas. 

El último Pulcinella (L’ultimo Pulcinella). La música la estamos buscando, si alguien la tiene y nos la quiere regalar, bienvenido sea. A través de “las historias de Pulcinella” das un paseo por Nápoles y París.

14 kilómetros. Fue extraño verla doblada, pues la historia es de unos africanos inmigrantes que sueñan con llegar al norte para hacerse de una vida mejor. La  vimos doblada por españoles y eso sonaba raro, pero fuera de eso. La historia es muy buena. Fuerte. Cercana y a la vez tan alejada. Muchas veces hablamos del “sueño americano”, pero no reparamos en los millones de personas que dejan su hogar para “buscar un sueño” del otro lado del mundo. Aunque son 14 km los que separa Africa de Europa, la historia comienza en el sur de Africa y a los protagonistas les toma diez meses llegar al punto final. Lo que para nosotros los latinos, sería llegar a Tijuana o al punto fronterizo más cercano. Fuerte sin duda, pero una de nuestras favoritas. Muy recomendable.

En invierno hará un año (Im Winter ein Jahr). Es otra de nuestras favoritas. El argumento es bueno y la trama es muy bien llevada. Al perder a un ser querido, todos manejamos el duelo de diferentes maneras y cuando es persona se va por su voluntad se vuelve un proceso más fuerte. No todo es drama, así que no se espanten y veanla.

Todo es amor (Love is all). Esta cinta fue rara, pues no nos la esperábamos. Cuando pensamos en muestra de cine, al menos en nuestra particular manera de conocerlas, o sea, gracias a la Cineteca Nacional en México, uno se imagina de Países Bajos un argumento profundo y extraño. Esta película podría ser hollywoodense, pero con las tradiciones en Holanda. Fue divertida y rara a la vez, pero es linda y termina con todo y un príncipe.

Jean de la Fontaine. Cuenta la historia del escritor de fabulas y su vida amorosa. un poco lenta para nuestro gusto, pero si les gusta saber de biografías nos parece interesante.

Capitán Achab (Capitaine Achab). Otra francesa. La historia nos gusto. El mar, capitanes, ballenas. Linda, pero más lenta que la anterior. Fue de esas películas donde terminas casi acostado en el asiento.

El cine Magaly queda muy cerca del centro de San José. Se nota que es un cine viejo, pero tenía unos asientos como VIP, increíbles, asientos anchos con grandes brazos y una mesita cada dos asientos para poner todas las golosinas. Súper bonito. Tomábamos el bus todos los días para llegar ya fuera a la función de las 4 o a la de las 7. El primer día casi no hubo gente, pero los demás estuvo más visitado. Al entrar nos dabán un boleto para una rifa de algo, no nos han avisado nada, así que suponemos, no ganamos =( . Ni modo, nos conformamos con el día que hubo helados gratis.

Aquí se dice bus, no camión. Si dices camión piensan en el de redilas.

¡Qué tengan una gran semana y PURA VIDA!

 

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Día de Muertos en San José

Nuestra vista a San José se ha visto llena de muchos motivos que nos hacen sonreír, uno de ellos es haber conocido a un grupo de ticos que nos contactaron por la página. Siempre está el miedo de si será un serial killer o una persona más haciendo buen uso de herramientas como internet.
Para nuestra fortuna, Gustavo y sus amigos nos mostraron una vez más la calidez tica. Nos mostraron donde quedaba la embajada mexicana (muy bonita, cabe mencionar) y dentro del tour nos contaron que el día de muertos se montaba una ofrenda con todo y kermesse. Nosotros estábamos encantados con la sola idea de comer “platillos mexicanos”, uy yo tenía un antojo de pan de muerto que ya me hacía comiendo una gran rebanada.
En la página de la embajada, se hacía la invitación a la kermesse y a la ofrenda. Nos alistamos y quedamos de vernos con nuestros nuevos amigos en el Consulado de México, dónde sería el evento. La invitación decía a las 5, pero entre que la ropa no se secaba y que si algo compartimos con los ticos es la impuntualidad… pues bueno, llegamos a las 7 y bien merecido tuvimos nuestro castigo, pues ya no había nada, pero NADA de comida. Lo único que nos podían ofrecer era nachos y palomitas =(
Cabe señalar que en la invitación decía de 5 a 10, por lo que asumimos que llegar entre 7 y 8 estaba bien, pero no contábamos con que México, si algo tiene es fama de la comida tan rica.
Total ahí estábamos con la panza vacía.
Así que me dediqué a tomar fotos para que se me bajara el coraje de haberme quedado con ganas de pan de muerto.
Al siguiente individuo lo llamamos: el señor malacopa. Cobraban dos dólares por tomarte la foto con la catrina, yo no quería foto de eso, digo, yo vengo de donde es originaria la catrina, pero el señor muy malacopa, decidió pasar a la posteridad así:
Ahora sí, les mostramos las fotos de la ofrenda. Gustavo nos preguntaba si era parecido a lo que sucede en México. Le contestamos que si bien era un bonito esfuerzo de la embajada, esta ofrenda más parecía de escuela primaria que lo que nosotros conocemos como ofrenda y día de muertos. La verdad es que en México ese mes es el del cempaxuchitl, aunque sólo se utilice esos dos días, pues todo se llena de color naranja y no sólo un poquito. Fue lindo recordar que nuestra patria tiene tradiciones tan simbólicas como esta.

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Paseo dominical en el Museo Costarricense

Nuestra primera parada fue en el Museo Costarricense. Aprovechamos el día al máximo y aunque empezó a llover y no pudimos terminar de ver las obras del jardín, el museo bien vale la pena. Es pequeño, era el antiguo aeropuerto  de Costa Rica. Sabiamente desalojaron ese inmueble y construyeron a las “afueras” el nuevo aeropuerto. Más sabiamente, este espacio lo otorgaron al Museo de arte moderno de Costa Rica.

Les mostramos las imágenes de las obras que disfrutamos.
¡Feliz día!
En la parte de arriba, se encuentra un salón bastante grande, todo decorado con la historia de Costa Rica. Aborígenes, llegada de los españoles, etc.
Para ver todas las fotos que subimos al álbum de Museo Costarricense solo den click.

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Turisteando en Costa Rica

Después del largo proceso en la aduana de Nicaragua, andábamos siscados y cometimos el error de ocupar otro “coyote”, el cual muy hábilmente nos dijo que en Costa Rica el trámite era parecido a Nicaragua. Cosa más incierta. Sí era un trámite burocrático de fotocopias y sellos pero NADA se compara. Debimos de haber tardado unos 30 minutos con todo y la fumigación de la camioneta. Aún así, el “coyote” exigió su pago… Al menos en Costa Rica la visa de turista no tuvo costo, y solo pagamos 15 USD por un seguro para la camioneta por tres meses.

Llegamos a Liberia casi al anochecer, pasamos a revisar los correos y decidimos pasar ahí la noche. Nosotros decimos que el dinero se nota y es muy fácil verlo por los juguetes de los niños. Los niños de Liberia usan tablas, patinetas y patines que no he de decir que no habíamos visto, pero se nota que hay dinero. A la mañana siguiente ya queríamos playa y que mejor que por primera vez después de tanto tiempo el hermoso mar del pacífico. Ahí nos dimos cuenta que en Liberia es donde vive la gente, pero en las playas del pacífico es donde trabajan. La zona pacifico norte son playas hermosas,  con una infraestructura enorme. Llena de hoteles, tiempos compartidos y construcciones lujosas con vista al mar. Después nos enteramos que esta zona más que de turismo extranjero es de ticos, pero de los costarricenses con un alto nivel de vida.

Conocimos playa panamá, playa coco y playa hermosa. Nuestra favorita fue la primera, la cual nos recordó muchísimo a Huatulco (Mex.), pues es una bahía que tiene un oleaje parecido y el color de la arena se asemeja mucho. Nos gustó que la playa tenga su espacio y no esté rodeada de locales como en otros lugares, al menos no tan a la orilla del mar. Teníamos que estar el 15 de octubre en San José, así que esa noche decidimos pasarla un poco por nuestra decisión, otro poco porque ahí nos llevo el destino, en Punta Arenas. Fue una noche muy calurosa que pasamos junto al muelle.

A la mañana siguiente, al amanecer, partimos al aeropuerto de la Capital. Ese día llegaban dos de nuestras personas favoritas a visitarnos. Esperábamos con ansias ese queso Oaxaca y aunque fue olvidado y sólo nos dieron más ganas. Tenerlas de visita fue de las mejores cosas del mundo. Ese día empezábamos a turistear en Costa Rica.

Primera parada

Después de ir al aeropuerto, que nos asombro que no hubiera sala de espera. Nos dirigimos a El Arenal, una zona donde se encuentra un volcán, el cual no pudimos ver pues estaba muy nublado y lluvioso. Ahí pasamos dos días descubriendo un poco de Costa Rica. En esta zona todo está en dólares y en un principio creímos que era caro, ahora creemos que es donde tenían los precios más “normales”. Encontramos un “buffet” de comida típica, la cual no era “buffet”, sino casados, el cual consiste en un plato fuerte, por ejemplo picadillo de papaya o carne con algo, arroz, frijoles y ensalada. También incluía el fresco (agua de sabor). Todo por 4 dólares. En el Arenal pensamos que si nos acercábamos, tal vez podríamos ver el volcán. Lo cual fue nuestro error, pues no se veía nada. Sin embargo, pasamos a las aguas termales a darnos un refrescante pero a la vez caliente baño.

De ahí tomamos camino a el Volcán Poas, para llegar fue un largo recorrido en lo que dicen son las peores carreteras de Centro América. Aunque no está lejos, pasamos todo el día en el carro y al llegar la neblina era tanta que no se veía a más de 10 metros.

De camino al Caribe pasamos por dos de los poblados más importantes: Alajuela y Cartago. En esta última pasamos la noche enfrente de la inmensa Basílica y fuimos al Museo, en el cual, además de una exposición de textiles había otra sobre el terremoto que azotó a esta ciudad y por lo cual los Ticos, decidieron construir su capital en otro lado hace casi cien años. La catedral que fue derribada en dos ocasiones por los terremotos hoy es un bello jardín a la entrada de la ciudad.

Ahora sí, de nuevo a la playita, pero esta vez, del lado del Atlántico, a la zona caribeña de Costa Rica. Nuestra intención era llegar a Cahuita, pero por cuestiones de tiempo llegamos a un bello hotel a las afueras de Puerto Limón. Tal vez hubiéramos continuado, pero el siguiente hotel se encontraba a más de 40km y empezaba a oscurecer. Esa noche la pasamos todos en la camper, pues el hotel estaba lleno, pero fue una noche especial en la cual todos compartimos lo que es vivir en una camper.

Los siguientes dos días la pasamos en el hotel y aunque conocimos Limón, no fue de nuestro agrado, al final, es sólo un puerto comercial (se dice que este fue el primer lugar continental que tocó Cristóbal Colón). La playa era mágica y pudimos divertirnos en la alberca.

Un día antes de que nuestras invitadas tuvieran que tomar su vuelo, regresamos a conocer San José. El Teatro Nacional, el edificio de Correos y el pasillo de artesanos fueron nuestras primeras paradas. Después de la triste despedida, decidimos quedarnos en San José por un tiempo. También necesitamos hacer pie en algún lugar y sobretodo conocerlo mejor. Agendamos: Museo Costarricense, Museo Nacional y Ciclo de cine europeo.

Está vez me chiflé, como dicen en Monterrey, con las fotos, pero es que las invitadas lo ameritaban. Hasta ahora es nuestra primera semana como turistas, pero sin duda es uno de los lugares donde mejor nos ha tratado. Las fotos de Costa Rica las pueden ver dando clic en el link.

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