Monthly Archives: October 2010

Nicaragua

Entramos a Nicaragua por la frontera más pegada al Pacífico. Si creíamos que el cruce de aduanas es pesado, aquí no hicimos más que corroborarlo (y eso que aún no salíamos del país, lo cual resultó un infierno burocrático). Pagamos 12 dólares por la visa de turista y cruzamos la frontera, no después de muchas pericias, entre las que estuvieron haber cambaido nuestras lempiras por córdobas sólo para después enterarnos de que en las oficinas migratorias no aceptan la moneda local sino sólo dólares, lo que nos obligó a volver a cambiar nuestras recién adquiridas córdobas, perdiendo una tajanda en el proceso, además de que no teníamos efectivo suficiente para sufragar los gastos (¡glup!), por lo que acudimos a una tienda libre de impuestos para que nos cobrara con la tarjeta 10 dólares, los mismos que nos proporcionó en efectivo sin cobrarnos nada ni exigirnos compra alguna (muchas gracias a toda la gente desinteresada que nos ha ayudado en el camino). Como dato, las monedas de Honduras y Nicaragua están muy a la par, siendo 18-19 lempiras un dólar, y 21-22 córdobas su equivalente.

 

 

Primero visitamos Chinandega, visitamos su iglesia y recorrimos un tianguis que tuvimos la sorpresa de encontrar. Todo era sumamente barato, nosotros con poco dinero, pues después del suceso de la aduana, el siguiente cajero (porque banco hay ahí mismo) está hasta León. Con las monedas que nos quedaban compramos un queso, que no estaba tan bueno, pero al menos nos alcanzó para probarlo.  Salimos de ahí rumbo León, la ciudad colonial más importante del país, antigua capital. Lo que más nos sorprendió al llegar a León es su auténtico aire colonial: las casas de un sólo piso, con sus grandes puertas de madera tallada y ventanas con minúsculos balcones resguardadas por barrotes; todas pintadas de diversos colores alegres y cubiertos sus techos de tejas viejas. Cruzamos varias calles localizando el centro, y alegremente terminamos en una pequeña calle cerrada que desemboca directamente a la catedral; la vista era inmegorable.

 

 

Recorrimos la plaza central y entramos a la catedral. Sus dos grandes campanarios, con algunas pocas campanas viejas aún funcionando, recordando un mejor pasado, nos dieron la bienvenida mientras cruzamos ese enorme portón de madera. En verdad algo magestuoso. Adentro, cada columna está tallada con un personaje de la historia de Nicaragua o de la Iglesia Católica. Todo es blanco y mármol. En el altar principal, en su costado derecho, tiene la tumba del inomrtal poeta Rubén Dario; la imagen en mi memoria de la escultura del león llorando encima de la tumba me acompañará por siempre. No es que la ciudad no lo merezca, pero una contrucción de este tamaño parece algo fuera de lugar en una ciudad pequeña. Después nos enteramos de que al parecer existió una confusión durante la  Colonia: resulta que los arquitectos encargados de la construcción de las catedrales de las ciudades de Guatemala y León eran los mismos, y en una confusión, construyeron la catedral destinada a Guatemala en León, y la de León allá. Será como fuere, la catedral sólita vale la estadía en la ciudad.

 

Pero no es lo único. Justo enfrente de la catedral, al otro lado del parque central, se encuentra el museo de la Revolución. El inmueble es grande, viejo y descuidado. Al entrar nos cobraron una módica cantidad por recorrerlo, guía incluído. Aunque su museografía jamás ganará un concurso, y lo más que ofrece son recortes de periódicos de aquél momento en la historia de Nicaragua, lo que realmente vale la entrada a este museo es el guía. Nosotros ya acostumbrados a que de todo nos quieren cobrar o pedir pal chesco (soda), evitábamos al guía, pero él nos comentó que con el pago, el guía va incluido. A nosotros nos platicó un ex- combatiente revolucionario, que participó en la toma de León. Nos subió al techo del inmueble y nos narró la entrada de las columnas guerrilleras a la ciudad, señalado con su dedo las calles. Nos mostró también los lugares aproximados de ciertas casas de seguridad en los barrios que más los apoyaban, así como el edificio de la Guardia Nacional, baleado durante la toma de León. Escuchar de los protagonistas la historia, no es algo que se pueda hacer muy amenudo, y nosotros corrimos con la fortuna.

La Casa-Museo de Rubén Dario es otro de los puntos turísticos que visitar en esta ciudad. Creo que todo latinoamericano hemos, aunque sea, escuchado su nombre alguna vez. En Nicaragua, como debe ser, es un ícono histórico y cultural muy vivo. Un viajero romántico. Se sugiere acompañar esta lectura con el siguiente poema de dicho personaje.

Alaba los ojos negros de Julia.
¿Eva era rubia? No. Con negros ojos
vio la manzana del jardín: con labios
rojos probó su miel; con labios rojos
que saben hoy más ciencia que los sabios.
Venus tuvo el azur en sus pupilas,
pero su hijo no. Negros y fieros,
encienden a las tórtolas tranquilas
los dos ojos de Eros.
Los ojos de las reinas fabulosas,
de las reinas magníficas y fuertes,
tenían las pupilas tenebrosas
que daban los amores y las muertes.
Pentesilea, reina de amazonas;
Judith, espada y fuerza de Betulia;
Cleopatra, encantadora de coronas,
la luz tuvieron de tus ojos, Julia.
La negra, que es más luz que la luz blanca
del sol, y las azules de los cielos.
Luz que el más rojo resplandor arranca
al diamante terrible de los celos.
Luz negra, luz divina, luz que alegra
la luz meridional, luz de las niñas,
de las grandes ojeras, ¡oh luz negra
que hace cantar a Pan bajo las viñas!

León es una ciudad cien por ciento estudiantil. La universidad aunque pequeña, es muy hermosa. Aquí es donde estudia la mayoría de los nicaragüenses y buena parte de otros lados. Hay mucho extranjero por las calles con la misma actitud que nosotros, descubriendo las calles, queriendo entender un poco como se consolidó esta ciudad. Elena se enamoró del strudel de guayaba del café donde pasamos a trabajar. Dice que son los mejores 18 pesos que se ha gastado en su vida y que de regresar al Café Rosita no pediría sólo uno.

De León tomamos rumbo hacia Managua. No teníamos buenas recomendaciones para visitarlo, pero como en el caso de Honduras, no podíamos dejar pasar la oportunidad de conocer la capital del país. Con un mapa turistico, de esos malos que sólo te señalan las cosas “turísticas” de la ciudad, decidimos hacer la primer parada en el malecón de la ciudad, que colinda con el Lago de Managua. Al llegar ahí tuvimos una gran sorpresa: sus calles estaban inundadas (y no había estado lloviendo particularmente fuerte los días anteriores) y el malecón desierto. Tanta fue nuestra sorpresa que incluso creímos estar en el lugar equivocado. Se ve una gran infraestructura turística, pero abandonada. Pareciera como si hubieran tenído en mente un gran proyecto que al final fracasó rotundamente.

Visitamos la Antigua Catedral de Managua sólo por fuera, la cual es un edificio viejo y en ruinas, devastado por un terremoto (como los tantos que se sufren en Centroamérica, región de volcanes). Enfrente está el zócalo principal, pero sin ninguna plazoleta o adoquín que lo diferencie: simplemente es una gran placa de pavimento al cual desembocan cuatro calles, todas cerradas al tránsito. Al centro, un enorme asta bandera desnuda. Justo de frente a la catedral está el parque homenaje a Rubén Dario, con una escultura magnífica y un kiosko para enamorarse. A la derecha, la Asamblea Nacional y a la izquiera la Casa de los Pueblos Latinoamericanos. Sin embargo, para encontrarnos en lo que pareciera el corazón urbano de la ciudad, todo se nos antojo vacío: casi no hay gente en las calles del centro, los edificios mencionados estaban cerrados y eran días entre semana, algo raro al menos no como para ser la capital de un país; algunos coches, ningún tráfico. Nos enteramos que durante el terremoto de 1972 mucha gente salió de la capital (de los cuales muchos fueron hacia Costa Rica) huyendo de la catástrofe, lo que provocó un défecit en la población de la ciudad y por lo que jamás se recontruyó en su mayoría. En verdad, la ciudad nos pareció fantasmagórica. Saliendo de la ciudad, rumbo a Granada, después de una rotonda (glorieta), un agente de tránsito nos marca la parada. Después de la inspección habitual a los documentos, comenta que nos detuvo debido a una “invasión de carril” (al parecer me cambié del carril central al lateral derecho en una sección donde la raya blanca que divide los carriles es continua, lo cual indica la prohibición de cambiar de carril) lo que ameritaba una multa de 400 córdobas. Intenté disudirlo de aplicar la multa, ya que somos turistas, no conocemos el reglamento local y además no hicimos ningun movimiento que pusiera en riesgo a ninguna persona (no había coches alrededor). Al final, no nos dejó irnos sin antes cobrarnos una “ayudadita” de 160 córdobas. Malditos policías extorcionadores.

Llegamos a Granada e inmediatamente nos enamoramos de la ciudad. Si León es colonial con aire viejo, Granada además de eso, cuenta con una arquitectura inigualable. Si empezaramos en este momento a escribir una lista de los mejores lugares que hemos recorrido, Granada definitivamente estaría peleando la cabecera. ¡Y es que tiene un lago! ¡Qué lago!. La primera noche la pasamos en la costa del Lago de Nicaragua, el cual es enorme, y para la vista, es todo un mar inabarcable. La brisa nos acompañó toda la noche y pudimos bañarnos tranquilamente en sus aguas.La entrada en la camper nos costó 30 córdobas, algo así como un dólar y poquito más. Nuestras entradas estaban incluidas. Y aunque parece que estuvo pensado como un parque turístico nacional, al final como en mucho de Nicaragua, luce un poco desolado y aunque había un restaurante abierto, no había mucha gente. Un lugar hermosa de verdad.  Al siguiente día regresamos al centro para ahora sí caminarlo mucho mejor.Su catedral es inmensa, muy alta, toda pintada de colores llamativos. Sus edificios en general son grandes: de dos pisos, con grandes balcones, muy cuidados y hermosamente pintados. Visitamos varios museos y entramos a la catedral. Si bien la ciudad es hermosísima en su arquitecura, es notoria la cantidad de extranjeros que la visitan, ya sea como estudiantes, como turistas o viajeros. Definitivamente, Granada entra en la lista de las ciudades “turísticas”. Aún así maneja precios para el turismo bastante económicos. Nos gustó recorrerla de día y más de noche, durante la cual, tiene una vida bohemia.

Al día siguiente enfilamos hacia la frontera con Costa Rica, aún no sabíamos si la cruzaríamos ese mismo día o al siguiente, nos encontrabamos indecisos si conocer la playa de San Juan del Sur, que nos había sido ampliamente recomendada, o seguir hasta Costa Rica y visitar las playas de Guanacaste o la región que ellos llaman Pacífico Norte; al final nos decidimos por esta última. Preferimos pasar los engorrosos procesos migratorios: “de una vez”. La mayor parte de la carretera que va desde Granada hasta la frontera de Peñas Blancas bordea el Lago de Nicaragua. Además de inmenso, deleita la vista ya que erupciones volcánicas dieron origen a las Islas de Ometepe, siendo el cuadro del inmenso mar habitado por dos monstruos volcánicos que parecen surcar sus aguas, dándonos alimento para nuestras almas y la vejez. Está fue nuestra primera visita a Nicaragua, a la cual sabemos que un día, regresaremos a la Isla de Ometepe a pasar un tiempo, a conocer mejor un país lindo a unos precios bastante accesibles.

Y si decímos que entrar a Nicaragua fue una pesadilla burocrática, salir fue el mismísimo infierno. Nunca habíamos ocupado la ayuda de los innumerables “coyotes” que te “facilitan” los tramites aduaneros: hemos creído que siempre es mejor hacerlos nosotros mismos y sin ayuda, de cualquier modo alguien debe de indicarnos que hacer para llevar acabo cualqueir trámite. Sin embargo, al entrar a la aduana para firmar la salida, la cosa parecia tan complicada que no pudimos negar la ayuda de nuestro coyote: Omar. Primero debíamos ir a aduanas a declarar nuestros bienes, de ahí a una primera inspección al vehículo para corroborar lo dicho. Después, ir con un primer policía para que nos remitiera (previa firma suya) a Narcóticos, no fuera ser que estuvieramos pasando miles de dólares producto del narcotráfico a los costarricences o panameños. Sobra decir que tardamos horas haciendo fila, esperando todos como brutos al jefe que regresara del almuerzo, para que impartiese a sus subalternos la órden de retomar el trabajo después del receso. Al fin regresó, realizó su inspección de 30 segundos y nos dió el visto bueno (recabando su firma en el papel que nos dieron al inicio, que ya parecía la firma del acta constituyente, ja ja) Después de la revisión de narcoticos tuvimos que ir a la oficina de migración para que al fin nos sellaran el pasaporte y pudiéramos irnos. Honestamente, el infierno burocrático. La ayuda nos costo 5 dólares, le íbamos a dar menos, pero Omar nos recordó que le tenía que pasar a todos los que nos atendieron “primero en la fila” y no tuvimos que esperar largas horas como los pobres traileros que conocimos mientras esperábamos que regresara el jefe.

Obviamente no pudimos irnos sin la obligada compra en los “Duty Free” de una patona de dos litros del excelente Ron nicaragüense Flor de Caña 7 años, al super precio de 16 dólares. En definitiva, esa fue la mejor experiencia en la aduana nica después de 3 horas de trámites. Todas las fotos de Nicaragua en álbumes o dando click.

Costa Rica nos daba la bienvenida.

 

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

Copán: ruinas mágicas

Las Ruinas de Copán, como nuestro amigo Manuel Martino lo supo bien describir, el el sitio arqueológico maya más mágico; a pesar de ser uno de los centro más representativos de esta gran civilización, ahí en sus terruños aún sigue siendo una cosa misteriosa, fantástica. A diferencia del resto de los sitios que hemos conocido, en Copán existe un trabajo artístico incomparable en el relieve de las pirámides: en la pirámide de los jeroglíficos cada escalón está tallado además de poseer tallados en relieve no sólo de una cara de la piedra, como la mayoría de las estelas mayas, sino que es un trabajo en 360°: el frente, los costados y la espalda de las esculturas están talladas, produciendo una sensación de misterio en el espectador.

En Copán la mayoría de las ruinas arquitectónicas están reconstruidas, sin embargo, aún muchas otras están escondidas en la selve, justo debajo de neustros pies. Desde la mágnifica piramide central que domina toda la plaza de esta antigua ciudad, hasta la pirámide ceremonial central, con escaleras en sus cuatro lados al estilo de Chichén Itzá, pasando por los túneles que se esconden debajo de la pirámides y del suelo, que tanto son cámaras mortuorias como pasadizos de intercomunicación, Copán se antoja indescibrable, y por ello mismo, profundamente mágico. En definitiva constituye una parada obligada, siendo sencillo llegar a este lugar pegado a la frontera guatemalteca desde Esquipulas o Chiquimulilla, ya que hay bastante transporte público para los turistas y viajeros. La frontera con Honudras tiene un costo de 3 USD que se deben agregar al costo de la entrada del parque, que para no centroamericanos cuesta 15 USD.

Vea el album completo de Copán.



Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

Viaje al Fin del Mundo

Qué significa un viaje? Para empezar, es la vida, porque la vida es simplemente un viaje; es una vida larga, porque la vida no se mide por la suma de segundos, sino de experiencias. Un viaje representa siempre la posibilidad de una vida entera: una vida con personajes diferentes, escenarios diferentes y circunstancias infinitas. A diferencia de la cotidianeidad, la vida de viaje es una vida vivida, experimentada, gozada y sufrida a cada instante, en cada esquina y con todo personaje de manera “hiperconsciente”. La vida se escapa entre los dedos no por su brevedad, sino por su falta de realidad, de experiencias; el viajero es un ser humano pleno. ¿Qué ser humano no es un viajero? Obviamente, ninguno. La diferencia está en la cotidianeidad, la automatización y posterior mecanización de las vivencias diarias.

Un viaje al fin del mundo significa una vida vivida hasta donde la vida misma lo permite; significa llegar al límite: psicológico, físico, emocional,  terrenal, personal. No es más que llegar ahí donde la vida misma llega, ahí donde el mundo se dobla sobre sí mismo y vuelve a empezar, ahí donde parece imposible llegar… pero sólo parece.

Significa solamente hasta dónde es posible llegar; significa que el límite siempre está un poco más allá.

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

Honduras, la última región maya

Honduras es uno de los países más grandes de Centro América y posee bellezas naturales por doquier. Los hondureños en general son gente muy amable y MUY platicadora, te preguntan de dónde eres, qué haces, a dónde vas, pero todos, desde los señores hasta los niños y comparten con los salvadoreños la venta de las pupusas (una combinación de gorditas con sope sin pasar por el aceite; rellenas de frijol, chicharrón, queso y más; de forma redonda y ya que no pasó por el aceite, la ensalada va encima, no adentro).

Cruzar la frontera de El Salvador a Honduras fue sencillo, pero lo sería más sino te avisaran ya que estas en tu coche que faltó que pasaras por la oficina de migración, dónde por cierto te cobran cuatro dólares por persona (los acuerdos migratorios solo son para centroamericanos) y te dan una ficha como de kermesse que debes guardar hasta tu salida del país. Nadie te avisa nada. Después de migración pasamos a aduana a registrar la camper. Tardaron horas (literal) en revisar por todos lados la tarjeta de circulación y la licencia (creemos que no sabían cuales eran los números importantes). Nos cobraron 40 dólares por uso de carreteras, permiso, digitazión y un pago a los empresarios del país. Se nos hizo muy caro, pero pues ni modo de no ir a Copán después de que nos dijeron que DEBÍAMOS ir. Pasamos la primera noche en Ocotepeque y a la mañana siguiente, en cuanto salió el Sol, nos dirigimos a Copán. Nos dijeron “Aquí a la entrada a Copán son como 45 minutos”, nosotros asumimos que a la entrada de Copán Ruinas, pero ¡no! hay un pueblo llamado La Entrada. Vaya confusión. Llegamos a medio día a Copán Ruinas, un lugar maravilloso, lleno de estelas, túneles, ceibas y muchos jeroglíficos.

Copán Ruinas, el pueblo, es sumamente encantador y muy turístico. Con calles empedradas, cafés, bares, tiendas y agencias de viaje que te llevan hasta el otro lado del país si así lo requieres. Ahí pasamos dos días, pues aunque es medianamente caro, es muy lindo. Mientras estábamos ahí, preguntamos qué ruta tomar para ir hacia Tegucigalpa, a lo que nos preguntaron que a qué íbamos, que ahí ni había nada… Nos recomendaron tomar la ruta colonial.

Pasamos por Gracias, un pueblo muy lindo, colonial y colorido. Leímos el periódico y continuamos hacia La Esperanza, el cual creíamos que si Gracias nos había encantado, pues La Esperanza sonaba prometedor. Varios kilómetros antes de llegar la carretera se tornó de mala a horrible. Era casi una brecha. La Esperanza no tuvimos oportunidad de conocerla, pues como era un pueblo más grande que Gracias, el tránsito de los coches (tráfico sobre tráfico) nos aventó de nuevo a la carretera hacia Comayagua.

Comayagua era la capital colonial de Honduras. Tienen una catedral muy bella y las calles aledañas al centro son realmente lindas. Pasamos a una exposición a la casa de cultura y al parecer la mejor época para conocerla es en Semana Santa, en la cuál los pisos se llenan de enormes tapices hechos con flores con motivos religiosos. Al parecer es la gran fiesta. Me recordó, con sus respectivas distancias, a Florencia, dónde muchas personas dibujan grandes tapices de las obras más famosas, aunque estas no son de flores, sino de tiza.

Al día siguiente partimos hacia Tegucigalpa. El camino no es tan largo, pero debido a un accidente y a que están arreglando MUCHOS tramos carreteros, el camino resulta largo. Tegucigalpa, al igual que La Esperanza nos aventó de la ciudad. Se percibe el caos. Lo conocimos sólo en coche. Me gustó que desde ciertos puntos de la ciudad aún se alcanza a ver el verde de los montes que la rodean y que para atravesarla cruzas varios ríos, en los cuales te venden de todo. Yo de nuevo me sentí en Florencia, jajajaja.

Queríamos conocer las playas de Honduras, aunque sea las del Pacifico, así que fuimos a Puerto San Lorenzo. Pensábamos encontrar la playa, pero al parecer la parte que le tocó a Honduras de playa es más bien manglar, así que sólo tenían un muelle y espacios para nadar, pero como tal no existe una playa. Aquí sufrimos el primer percance de la camper. Al subirnos de nuevo, ¡la llanta estaba ponchada! Así que a la vulcanizadora… La verdad fue una maravilla que se nos ponchara a buena hora cerca de una vulcanizadora. La cambiamos y nos apresuramos a llegar a  Choluteca el pueblo fronterizo con Nicaragua, el cual también es muy lindo. Aquí probamos nuestros primeros chilaquiles fuera de nuestra tierra. No eran como los conocemos, pero no estaban mal. Los disfrutamos aunque nos hizo falta la crema y el queso.

De camino a la frontera, nos detuvieron unos policías (ya habíamos leído que los hondureños eran especiales y te buscaban cualquier pretexto para detenerte). La noche anterior la habíamos pasado cerca de la comisaría y nos dijeron que ahí nos habían visto. Nos pidió todos los documentos y aunque nos da coraje, también nos da risa que vean en la licencia Estados Unidos Mexicanos y omitan el Mexicanos y nos digan “ustedes que vienen de Estados Unidos” Nos pidió mostrarle los triángulos de emergencia y nos deseo buen camino.  Así, amanecimos en Honduras y sabíamos que dormiríamos en Nicaragua.

Visita nuestro album completo de Fotos de Honduras.

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

La Casa del Escultor, Suchitoto, El Salvador

Es impresionante como la vida te lleva a ciertos lugares con ciertos personajes. Cuando veníamos en camino al Salvador, les escribimos a una amiga salvadoreña en México y nos dijo, “No dejen de visitar Suchitoto, es la ciudad más cultural del Salvador”.

Así, nos encontramos con la Casa del Escultor, una casa-estudio-galería que habita Miguel Martino, artista argentino. Los domingos se convierte en parrillada argentina al estilo de la vieja usanza gaucha en donde se reúnen artistas, amigos, turistas y todo aquel que quiera pasar un rato agradable rodeado de obras y un jardín bellamente diseñado, atendido por el artista y familia.

Nosotros tuvimos la fortuna de conocer al artista, desde la intimidad que da ser de amigo de la familia, pero esto no es peculiaridad nuestra. En casa de Los Martino sentirse en casa es muy fácil. Todos los integrantes son agradables, platicadores y llenos de anécdotas para compartir con conocidos.

Estar en La casa del escultor da paz, armonía y ganas de hacer algo productivo, se siente en esa casa una necesidad de ser creativo, puede ser por las piezas, por la calidez humana o por todas las visitas que se reúnen en un domingo a mediodía a disfrutar de la parrillada argentina cocinada por el propio artista.

Nosotros creemos que la casa misma inspira… Si están de visita en El Salvador, no dejen de ir a Suchitoto y visitar la Casa del Escultor. Para más información, diríjanse a la web del artista: Miguel Martino

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS