Corto trayecto por Guatemala

Cruzando la frontera con Guatemala, en Melchor Ocampo, y dejando atrás la aduana beliceña nos toco lidiar con la aduana guatemalteca. Primero tuvimos que fumigar la camioneta que nos costó 18 quetzales (27 pesos), y pagar 20 quetzales cada uno por nuestra entrada al país (30 pesos) y otros 40 quetzales por la camioneta (60 pesos). No nos pareció tan caro después de haber pagado en Belice, pero cuando cruzamos el puente que conecta la aduana con el país, el municipio nos cobró otros 50 quetzales por cruzar; en ese momento ya nos sentimos un poco asaltados. Un chico que nos ofrecía cambiar nuestros dólares beliceños por quetzales nos sugirió quitar nuestra bandera, ya que a raíz de la matanza en Tamaulipas los mexicanos no somo queridos en Guatemala ni en Centroamérica, pero decidimos continuar con nuestra bandera hondeando.

De ahí nos enfilamos hacia Tikal, “la capital del mundo maya”. La entrada al parque es cara: para guatemaltecos sólo es de 25 quetzales, pero para los extranjeros es de 150 (215 pesos). En Guatemala, como México, todo se arregla “con unos quetzalitos” y conseguimos que nos introdujeran de contrabando por 100 quetzales (tampoco fue tan barato $150 pesos). Tikal, al ser un centro tan importante y espectacular, merece un post aparte; aquí sólo agregaré que habiendo salido del parque intentamos pasar la noche en el estacionamiento, ya que con el costo de la entrada nos quedamos con casi nada de dinero, ya saben uno que asume que centroamérica es bien barato (mal concepto). Pero como a las nueve de la noche llegaron los guardias y nos pidieron que nos fueramos. Teníamos miedo de emprender camino a esa hora, ya que en Guatemala nos han dicho que es peligroso andar en carretera por la noche, así que sólo salimos del parque y nos estacionamos en el primer lugar que pudimos, a unos 20 metros de la entrada, y ahí pasamos la noche.

Al amanecer, emprendimos camino hacia Flores, una ciudad-isla en medio del lago Petén Itza. Flores es un lugar sumamente lindo, es una pequeña isla que recorres caminando en 20 minutos, es encantadora: se respira el ambiente colonial en cada una de sus esquinas. Si bien es una ciudad turística(aquí puedes encontrar en los cafés y bares conexión para tu lap con enchufe europeo), ya que es un lugar obligado cuando se va a visitar Tikal, eso no demerita su belleza ni su magia. En el malecón, que circunda toda la isla, hay numerosos muellecitos donde puedes meterte a nadar. Aunque ahí vivimos las secuelas de la tormeta Matthew y estuvo nublado y con lluvias, eso no nos impidió para que disfrutaramos un baño refrescante. Flores nos gustó tanto que pasamos dos noches ahí, y decidimos que en algún momento regresaremos a vivir una temporada más larga en esa bella isla. Pero no en este viaje, y volvimos a tomar camino.

Nuestro siguiente destino fue Poptún. Llegamos de noche, y al averiguar donde podíamos pasar la noche estacionados, nos sugierieron que no entráramos a la ciudad, ya que no es muy segura, por lo que pasamos la noche estacionados en una gasolinera. A la mañana, entramos al poblado. Poptún es un pueblo-tianguis(parecido a la central de abastos): todo está lleno de comercios y puestos en la calle, se nota que la ciudad es el proveedor comercial de la región. Pero honestamente no es bonito ni tiene nada particular que visitar. Eso sí, disfrutamos de una comida y un delicioso licuado de fresa por 33 quetzales. Rápidamente volvimos a la carretera y termianmos de cruzar el Petén. Desde Poptún hasta Morales los paisajes son hermosos: es un valle donde los cerros parecen que brotan de la tierra. No hay una cadena montañosa, sino que los cerros, altos y esbeltos, como las pirámides de Tikal, están por todos lados, como vigilantes del territorio y parecen estar pintados de azul. Es una vista espectacular. Y junto con ellos, también vimos árboles enormes y viejos, como ninguno que hayamos podido contemplar en el viaje.
Llegados a un punto, y debido a las lluvias de la tormenta, la carretera se encontraba inundada y el paso se hizo imposible. Nuestra camioneta tuvo que ser jalada por otra para poder cruzar este tramo; el favor no fue gratis, y pagamos 30 quetzales (45 pesos) por el cruce. Desde ahí el trayecto fue sin más contratiempos hasta Puerto Barrios. Visitamos esta ciudad costera ya que es la puerta al Atlántico de Guatemala. Ingenuamente pensamos que sería un puerto grande, una ciudad con riqueza y que valdría la pena visitar. Creíamos que íbamos a conocer su Veracruz y bueno lo conocimos, pero Puerto Barrios es feo feo, tanto, que decidimos no pasar ahí la noche e intentar buscar una locación en su ciduad vecina Santo Tomás de Castilla. Para cuando llegamos, ya se hacía de noche y encontrar un lugar donde amancer se convirtió en apuro. Investigando sus calles, llegamos a la zona aduanera del puerto: había oficinas de gobierno y de empresas de importación- exportación. Decidimos estacionarnos en un lugar y preguntar si no había problema en que pasáramos ahí la noche. Unas personas nos dijeron que no habría problema, pero que debíamos avisar a los de seguridad. Al final, y ya que el inspector no se encontraba, nos ofrecieron pasar la noche en el estacionamiento de uno de los establecimientos particulares de la zona, bajo la condición de que quitáramos la bandera. Fue triste tenerla que quitar, y más cuando sabemos que la razón es producto de una incompetencia de nuestro gobierno, pero no nos quedó más que aceptarlo.

A la mañana siguiente quisimos explorar un poco la zona, pero desgraciadamente no había nada que conocer. Esa zona de Guatemala es fea, y sólo fuimos pues queríamos ver si conseguíamos ir a Livingston por un precio accesible. También queríamos cruzar a Honduras y conocer San Pedro Sula y su costa atlántica, pero el puente se vino abajo y el único punto de cruce era por Esquipulas. Nos enfilamos hacia allá, haciendo parada para pasar la noche en Chiquimula. Este es un pueblito bonito, aunque de paso. Su plaza central es bella y tiene colegios separados para señoritas y varones. En este momento, y debido al gasto de gasolina que implicaba vovler a subir a la costa hondureña, decidimos dejar esa parte para otro momento, tal vez de regreso. Nuestro siguiente punto fue, entonces, El Salvador, donde un conocido ya nos esperaba. Antes de dejar Guatemala visitamos Esquipulas, donde se encuentra la Basílica del Cristo Negro. Esta es una construcción bastante magnánima, como nada de lo que habíamos visto desde Mérida. Esta Basílica es un centro de peregrinaje importante de la zona, ya que vienen visitantes de todo el país, de Honduras y de El Salvador. Esquipulas vale la pena definitivamente.

Llegamos a la frontera norte de Guatemala con El Salvador, donde pensamos que habría que volver a pagar por salir de Guate y entrar al Salvador. Nuestra sorpresa fue que debido a acuerdos migratorios que tienen los países centroamericanos el sello de Guatemala es válido en Honduras, El Salvador y Nicaragua, por lo que afortunadamente no tuvimos que volver a pagar. Cruzamos el puente fronterizo y dejamos atrás la bella Guatemala y nos internamos en El Salvador.

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