Belice, país por explorar

A solo unos minutos de la Ciudad de Chetumal se encuentra la famosa zona libre o Sta. Elena. Es famosa pues encuentras todo tipo de fayuca: ropa, electrodomésticos, zapatos, cámaras, vinos y un sin fin de productos que tanto incluyen piratería de ciertas marcas como marcas fabricadas en China, la ventaja es que como zona libre no hay que pagar los impuestos, solo el precio del producto. Es parecido a Tepito y puedes encontrar productos desde un dólar; sin duda es una buena opción si te encuentras al sur de México. Eso sí, si piensas comprar vinos lo mejor es hacerlo en tiendas tipo duty free, no vaya a ser que compres una bebida adulterada y como decimos en México, te salga más caro el caldo que las albóndigas. Mientras estábamos de shooping, uno de los vendedores nos dijo que el 20 en la noche celebraban la fiesta de Independencia, ¡vaya coincidencia!

Además de esta zona de compras, existen casinos. Si ya estás en Sta. Elena, pasa a los casinos. Nosotros siempre apartamos una pequeña cantidad para ir a divertirnos con las máquinas ya que si estás jugando te sirven bebidas gratis, y en cuanto se nos acaba nos vamos contentos, pues ya bebimos y jugamos con la suerte.

El primer cruce de frontera se encuentra a unos pasos, ahí tardamos un poco y con el calor que hacía, lo sentimos más. Además de mostrar nuestro pasaporte por la camper tuvimos que enseñar todos los papeles. No podíamos llevar ni cervezas, gaseosas, carnes ni cítricos; ahí se quedaron mis naranjas y limones… Por la camper no nos cobraron nada, pero como buenos influenciados en la tradición sajona, tuvimos que pagar un seguro obligatorio de 29 dólares por la semana.

La verdad a mí siempre me pone nerviosa cruzar fronteras; no me siento cómoda en la revisión con los agentes aduaneros que siempre tienen esa mirada inquisitiva. Eso sí, con todo y su mirada y que hablan poco español son muy amables. Al primer lugar que llegamos fue Corazal, un poblado cerca del muelle que lucía muy calmado con hermosas casas de madera, nuevamente de influencia sajona. Me encantó que alrededor del muelle tienen parques para que la gente disfrute de la maravillosa posibilidad de tener al mar (o en este caso la laguna) cerca de casa. Estos parques además de contar con espacios para picnic, juegos para niños, también cuentan con numerosas entradas para nadar, así como resbaladillas. Ahí solo pasamos un pequeño tiempo, pero nos encantó su tranquilidad y buena vibra.

Seguimos por la carretera hacía al sur, en un principio habíamos pensado pasar la noche en Orange Walk, pero con todo y que tenían para la celebración una feria; decidimos seguir hacia el sur hasta su ciudad más grande, Belice City. Durante el trayecto recibimos muchos comentarios de que Belize City es peligroso, así que nosotros preferimos por la hora pasar la noche en las afueras de Ladyville. Una familia muy agradable nos prestó su jardín para pasar la noche.

Al día siguiente en cuanto despertamos nos dirigimos a Belize City. Desde que llegas notas el aire citadino del lugar. Al igual que Corazal, el muelle tiene espacio para la gente, aquí ya se puede notar la presencia de la raza negra en todo lugar. Teníamos pensado ir a San Pedro, pero entre que los horarios no nos quedaban y que forzosamente teníamos que regresar a Belize City a “cuidar” la camper, preferimos dejarlo para otra ocasión. Así, empezamos a descubrir Belize City, una ciudad sumamente bella. Llena de colorido, gente muy amable y los mejores precios de correo que hemos encontrado (¡una postal es enviada por 15 centavos de dólar!).

Desde que llegamos ya se preparaban para la fiesta y al dar las ocho de la noche, los puestos de comida, raspados, fotos y el escenario ya estaban listos. Algo que notamos fue que tienen un espíritu patriótico incluso en sus cantantes locales. Todo es Belice y su amor hacia ello. Después de un aguacero que casi arruina la celebración, presenciamos el desfile y las palabras del primer ministro. Al terminar el acto, en medio de un operativo de mucha seguridad, se continúo con la fiesta. Yo no sé si por la fecha en que llegamos, pero nosotros nunca nos sentimos temerosos, ni en una ciudad tan peligrosa como nos había platicado. Al día siguiente después de ver comenzar el desfile del Carnaval, continuamos nuestro camino.

Llegamos a Belmopán, capital de Belice a mediodía, notamos que es un lugar muy nuevo con casas en grandes terrenos y al igual que lo habíamos visto en los anteriores lugares, aquí la religión es la que lleva la educación.

Continuamos a San Ignacio que es el poblado fronterizo con Guatemala. Aquí se siente una vibra mucho más relajada que en la ciudad. Los que conocen dicen que es el pueblo hippie del país. Si de por sí en todo el país escuchas reggae, aquí escucharás mucho más. Aquí seguía la fiesta y disfrutamos del carnaval. En un jardín enorme estaba la zona de comida, una gran carpa y una zona de juegos para niños. Regresamos unas horas después y la fiesta ya estaba en grande. Un artista local animaba a todos a bailar. Salimos sin cámara, pero les puedo asegurar que los beliceños saben divertirse. Nos gusto mucho San Ignacio, así que nos quedamos un día más a descubrirlo.

De aquí continuamos a la frontera con Guatemala, donde tuvimos que pagar $37.5 dólares beliceños por persona para salir del país (¿y qué pasa si no traes dinero?). $7.50 de este pago son para la conserva de sus zonas protegidas. Eso se me hizo buena idea, pues en Chiapas cada que cruzas una te cobran, mejor así tener un cuota que abarque todas.

Como dato, el dólar beliceño está a la mitad del dólar estadounidense. Para México es algo así como $6.30 pesos.

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