Palenque

Cada vez que voy a Palenque, me muestra una parte diferente. Unas me ha mostrado grandes junglas entre campings y hamacas; otras su vida en el centro llena de turismo y gente de paso y en esta ocasión además de toda la belleza natural con la que cuenta. Nos enseñó la vida familiar. Sí, está vez probamos mucha de la comida típica, pero de la que se cocina en casa, no de restaurantes. Fue delicioso probar una ensalada con carambola y para beber, refresco de guanabana. (lástima que no hay foto).

 

 

La zona arqueológica es enorme y ni el 5% está descubierto. Aún así, si quiere ir a Palenque yo el recomiendo llegar MUY temprano y dedicarle todo el día, que entre subir, bajar y adentrarse en todos lados, terminará saliendo a la hora que cierran la zona. Eso sí, con el calor, pasé a darse un chapuzón a las cascadas que están una curva antes de llegar a Palenque. El año pasado no llovió tanto y apenas un chorro caía, este año, las cascadas estaban llenas de vida.

 

 

 

En esta ocasión, pasamos al museo por recomendación de Adrián, quien nos dijo que había una copia de la tumba de Pakal, a la cual ya es imposible pasar y también es imposible que la saquén, pues la piramide fue construida encima del sarcofago de  Pakal.

 

 

Palenque, por su gente, por la zona, por las cascadas, por lo que aprendes en cada visita, siempre vale la pena.

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